La guerra de Irán pone al descubierto la farsa de la «democracia representativa» americana

La administración Trump ha obligado unilateralmente —sin ningún debate ni votación en el Congreso, por supuesto— a los americanos a entrar en otra guerra. Esta vez, la guerra es una campaña militar a gran escala contra Irán. ¿Hubo algún apoyo popular a esta guerra? ¿Votó el Congreso a favor de gastar más dinero de los contribuyentes americanos en otra guerra? Al parecer, no. Según una encuesta realizada por Reuters el 1 de marzo, solo el 27 % de los americanos encuestados dijo apoyar la nueva guerra de los EEUU contra Irán.

Una propuesta fiscal contra el progreso y la democracia

Se ha puesto de moda creer que la desigualdad y la riqueza «extrema» comprometen la democracia y que, en consecuencia, hay que aumentar aún más los impuestos sobre las rentas y el patrimonio elevados. Varios economistas de orientación izquierdista (como Krugman, Stiglitz y Zucman) y líderes políticos y sociales han respaldado esta idea, que encuentra fácil resonancia entre los ciudadanos agobiados por el estancamiento de los salarios reales en sociedades esclerotizadas por el intervencionismo estatal y la regulación excesiva.

Guardando la verdad histórica

La historia es un arma potencialmente poderosa en el debate político. Puede ser utilizada por los poderosos para justificar todo tipo de intervenciones diseñadas para «corregir» injusticias históricas. Los historiadores judiciales suelen tratar la historia como un depósito de razones para desmantelar instituciones, redistribuir la riqueza y transferir el poder a quienes se consideran históricamente vulnerables o históricamente marginados.