Los aranceles de Trump ignoran los beneficios de la libertad
Trump vende los aranceles como «libertad», pero no son más que otro impuesto que castiga a los consumidores, alimenta el caos y amplía el poder del Estado.
Trump vende los aranceles como «libertad», pero no son más que otro impuesto que castiga a los consumidores, alimenta el caos y amplía el poder del Estado.
La administración Trump está tratando de desarrollar programas para producir a nivel nacional minerales «críticos» que podrían no estar disponibles durante las interrupciones comerciales. Por supuesto, esto se está convirtiendo en otro fiasco de planificación centralizada.
Esta sentencia de la Corte Suprema es una refutación refrescante que limita el poder del ejecutivo para aplicar los problemáticos aranceles del presidente Trump mediante un decreto ejecutivo a través de la IEEPA.
Políticos afirman que los déficits comerciales se deben a la falta de barreras comerciales. Sin embargo, como dijo Ludwig von Mises, no se puede separar el comercio de una moneda sólida, especialmente cuando la edición actual del dólar de los EEUU pierde valor con lo que puede comprar.
No se sorprendan si los aplausos del público al discurso de Rubio resultan ser efímeros. No ofreció nada nuevo y mucho de lo que dijo supondría una menor seguridad para sus miembros.
En última instancia, eliminar los aranceles es aceptar una verdad fundamental: la riqueza de una nación no proviene de restringir el comercio mundial.
Jim Beam lleva mucho tiempo elaborando whisky, pasando por momentos buenos y malos. Pero los aranceles de Trump han cerrado la venerable destilería.
Una de las justificaciones que da la Casa Blanca para sus onerosos aranceles es que detendrán la «deslocalización» de puestos de trabajo americano y conducirán a un mayor crecimiento del empleo aquí. Ese escenario no se ha materializado ni se materializará jamás.
Durante más de 60 años, el gobierno de los EEUU ha impuesto un embargo comercial contra Cuba, con el objetivo aparente de forzar el colapso del gobierno comunista. Sin embargo, lo único que se ha derrumbado es la lógica de la política de los EEUU.
Una vez más, las «negociaciones» de la administración Trump sobre comercio internacional han fracasado, esta vez dejando en la estacada a los productores de soja de EEUU. No es el primer fiasco en materia de política comercial, ni será el último.