Obamacare no fue un fracaso

«Señor presidente, usted ha convertido en realidad, por primera vez en la historia americana, el derecho de todos los americanos a tener acceso a una asistencia sanitaria digna».

Esas son las palabras que el entonces vicepresidente Joe Biden le dijo al presidente Obama en el Salón Este de la Casa Blanca el 23 de marzo de 2010, mientras se preparaba para promulgar la Ley de Protección al Paciente y Cuidado de Salud Asequible, —o Obamacare—.

La importancia de cuestionar la premisa igualitaria

Una de las amenazas más básicas para la libertad, que a menudo se pasa por alto, es que la defensa de la libertad individual como ideal rara vez se escucha en el debate político. El ideal de libertad suele quedar eclipsado por las preocupaciones políticas cotidianas que siguen a la última indignación. En los debates públicos sobre las políticas diseñadas para promover los objetivos de justicia social, los contendientes suelen discutir sobre la eficacia de las políticas sin cuestionar la premisa ideológica subyacente o sus implicaciones para la libertad.

El dinero sigue siendo un medio de intercambio y no una serie de puntos de datos

Según gran parte del pensamiento económico dominante, la definición de dinero es de naturaleza flexible. A veces puede ser M1 y, otras veces, puede ser M2 o algún otro M. M1 incluye la moneda y los depósitos a la vista. M2 incluye todo M1, más los depósitos de ahorro, los depósitos a plazo y los fondos del mercado monetario. Según este pensamiento, lo que determina la definición de la oferta monetaria es si M1, M2 o algún otro M tiene una alta correlación con datos económicos clave, como el producto interior bruto (PIB).

La ecuación de la asequibilidad

Últimamente, la «asequibilidad» ha sido la palabra de moda que ha impulsado el discurso político. Los productos básicos como la alimentación, la vivienda y la asistencia sanitaria cuestan más de lo que la mayoría de los jóvenes trabajadores pueden permitirse, lo que les obliga a luchar sin esperanza de poder formar sus propias familias o comprar viviendas unifamiliares en barrios decentes.