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Veredicto: respuestas correctas sin soluciones

En la economía austriaca, el juicio se refiere a la toma de decisiones en condiciones de incertidumbre. Dado que vivimos en un mundo incierto, todos recurrimos al juicio a la hora de elegir qué acciones llevar a cabo. Al ejercer nuestro juicio, nos formamos opiniones sobre los objetivos que deseamos alcanzar y los medios para lograrlos. El mero hecho de desear alcanzar un objetivo no garantiza que uno lo vaya a conseguir necesariamente. Para que alguien tenga éxito en una empresa, debe emplear su voluntad y esperar que las condiciones externas del mundo sean tales que su plan funcione y conduzca al resultado deseado.

En un mundo de incertidumbre, no hay soluciones claras sobre cuáles deben ser nuestras acciones. Para cualquier objetivo que no dependa totalmente de uno mismo, existe cierta incertidumbre sobre si el ejercicio de la voluntad conducirá al resultado esperado. Una solución se refiere a cuando se puede derivar una respuesta determinada para un problema. La suma 9 + 7 tiene una respuesta determinada, que es 16, ya que se trata de una verdad apodíctica. Sin embargo, el problema de qué debemos hacer para alcanzar nuestros objetivos económicos no tiene respuestas determinadas debido a las condiciones inciertas del futuro. El juicio nos permite actuar en ausencia de certeza.

En un artículo anterior, hablé sobre las previsiones del valor actual neto (VAN) y sobre cómo su uso por parte de los emprendedores les permite disponer de un marco adecuado para decidir qué proyectos o empresas emprender. A pesar de su utilidad, las previsiones del VAN son tan fiables como las hipótesis en las que se basan. Un futuro emprendedor puede generar tantas previsiones como desee, pero no puede dar ninguna de ellas por cierta. Ninguna de ellas funciona como solución, ya que el emprendedor no puede estar seguro de que sus estimaciones sobre las condiciones de la realidad coincidan con lo que realmente ocurrirá. Solo puede usar su criterio para anticipar qué previsiones tienen más probabilidades de cumplirse en comparación con otras a la hora de llevar a cabo sus acciones.

Cabe destacar que el futuro empresario sigue teniendo el control sobre cómo planifica y gestiona sus proyectos. Aunque no puede estar totalmente seguro de si alcanzará o no sus objetivos, el uso de su buen criterio puede aumentar sus posibilidades. Si el futuro empresario se dedicara a la construcción de viviendas en un mercado en el que los consumidores prefieren las viviendas unifamiliares a los grandes apartamentos, tendría más posibilidades de obtener beneficios si construyera las primeras en lugar de los segundos. El resultado nunca está garantizado, pero tampoco es estrictamente aleatorio.

Es importante destacar que esta característica del juicio lo distingue del juego. Muchas personas piensan que crear una empresa o comprar acciones es una forma de juego. En la mayoría de las formas de juego, se conoce una distribución de probabilidad de la que se derivan unas probabilidades. Si uno apostara por el resultado de un dado imparcial de seis caras, la probabilidad de que saliera cualquiera de los números sería estrictamente de 1 entre 6. No se podría emplear un mejor criterio al elegir el número 3 en lugar del número 5 en una apuesta de este tipo. Lo mismo no ocurre con la creación de una empresa o la compra de acciones. Uno puede aceptar o rechazar ideas de negocio basándose en su criterio sobre la viabilidad de la iniciativa. Del mismo modo, uno puede elegir acciones basándose en algún tipo de análisis fundamental. Si bien no hay soluciones posibles en estas empresas, tampoco constituyen un juego de azar, en el que el resultado es completamente aleatorio.

Los juicios no son arbitrarios. Reflejan las ideas que las personas tienen sobre la realidad. Una mejor comprensión de la realidad permite a las personas con capacidad emplear los medios adecuados para lograr con éxito los cambios que desean ver. No se trata únicamente de suerte, ni de que posean el poder de amoldar la realidad a su voluntad. En cambio, utilizan su criterio para actuar de acuerdo con una hipótesis que, de ser cierta, daría lugar a los resultados deseados. Aunque no hay soluciones correctas, sí hay juicios acertados y erróneos que deben distinguirse a posteriori.

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