Los aranceles de Trump ignoran los beneficios de la libertad
Trump vende los aranceles como «libertad», pero no son más que otro impuesto que castiga a los consumidores, alimenta el caos y amplía el poder del Estado.
Trump vende los aranceles como «libertad», pero no son más que otro impuesto que castiga a los consumidores, alimenta el caos y amplía el poder del Estado.
Aunque la libertad genera una sociedad mejor y más rica, las personas —y especialmente las élites— sienten aversión por ella. Sus temores, aunque racionales, también son perjudiciales para la sociedad.
Recientemente, el ejército de los Estados Unidos capturó al presidente venezolano Nicolás Maduro.
Aunque Brasil se autodenomina una democracia constitucional con economía de mercado, la propiedad privada y los propios mercados están sujetos a las condiciones establecidas por el propio gobierno.
La economía política moderna se basa en la creencia maquiavélica de que el poder hace la fuerza. Sin embargo, el poder político no puede lograr lo que los mercados libres y los derechos de propiedad privada han logrado al sacar de la pobreza a miles de millones de personas.
En última instancia, eliminar los aranceles es aceptar una verdad fundamental: la riqueza de una nación no proviene de restringir el comercio mundial.
Los progresistas venden la intervención del Estado en los asuntos económicos como una forma de «proteger» a los consumidores y a los trabajadores. En todos los casos, los mercados libres protegen mejor a todos los participantes.
«Un mercado verdaderamente libre es totalmente incompatible con la existencia de un Estado, una institución que presume «defender» a las personas y la propiedad, pero que subsiste gracias a la coacción unilateral contra la propiedad privada conocida como impuestos».
Charles Dickens enseñó a muchos a odiar el capitalismo, pero nunca entendió la diferencia entre el odio envidioso hacia la riqueza y la preocupación caritativa por los pobres. La verdadera historia de su vida personal lo deja claro.
Perder el dinero, las tarjetas de crédito y los pasaportes en un taxi de la ciudad de Nueva York podría haber sido un desastre. Gracias a la confianza y la cooperación entre personas que no se conocían, esta historia tuvo un final feliz.