La semana pasada, el «secretario de Guerra» Pete Hegseth ofendió a los americanos al afirmar que un aumento del 50 % en el presupuesto militar de los EEUU —de la incomprensible cifra de un billón de dólares a la imposible de un billón y medio— era una «inversión fiscalmente responsable».
«Gracias al presupuesto de defensa de 1,5 billones de dólares del presidente Trump, este Departamento de Guerra ha pasado de ser una burocracia a ser un negocio», afirmó el jueves pasado.
En cierto modo, sin embargo, tenía razón. El enorme aumento tiene mucho más que ver con los «negocios» que con lo que se necesita para proteger a loa Estados Unidos de una posible invasión.
Pero no es el tipo de «negocio» que aplaudirían la mayoría de los defensores del libre mercado. Al contrario, se trata de un negocio que consiste en transferir enormes cantidades de riqueza de las clases medias y trabajadoras, que atraviesan dificultades, a la élite de Washington, con sus buenos contactos, basándose en mentiras y tácticas intimidatorias.
Los principales medios de comunicación de los EEUU son fundamentales a la hora de fabricar el cuento de hadas de que, si no hipotecamos el futuro de nuestros hijos y nietos para financiar este obsceno presupuesto militar, seremos atacados o invadidos por alguna potencia extranjera malvada.
No es difícil investigar un poco y darse cuenta de por qué los medios de comunicación convencionales —e incluso algunos «independientes»— recurren a estas tácticas alarmistas: son propiedad de grandes corporaciones con estrechos vínculos con contratistas militares, o están financiados por ellas.
Esta relación malsana se conoce como «corporativismo»: la mezcla de empresas pseudoprivadas con el gobierno. Es el precursor del fascismo propiamente dicho, en el que el gobierno adquiere participaciones en dichas empresas.
Nos estamos acercando a ello más rápido de lo que la mayoría de los americanos cree.
Todo este engaño no tiene como objetivo proteger a los ciudadanos de los Estados Unidos. Se trata de proteger el imperio de los EEUU en el extranjero, lo que, en realidad, perjudica a los ciudadanos de los Estados Unidos.
Sí, nos roban para financiar su imperio y nos mienten diciendo que eso nos mantiene a salvo. Nada más lejos de la realidad. Nuestras constantes intervenciones militares en prácticamente todos los continentes del mundo solo sirven para generar resentimiento entre el resto de la población mundial. Quien piense que la gente en el extranjero agradece las bombas de los EEUU es que ha visto demasiado Fox News o ha leído demasiado el Washington Post.
¿Y qué obtenemos a cambio del ejército más caro del mundo —mayor que los ejércitos de los siguientes doce países juntos, más o menos? No mucho. El presupuesto militar de Irán es inferior al uno por ciento del nuestro, y sin embargo Irán ha destruido o inutilizado todas las bases militares de los EEUU en Oriente Medio.
Resulta que Irán ha destruido docenas de drones espías de EEUU de varios millones de dólares —y varias estaciones de radar de espionaje de casi mil millones de dólares— con sus propios drones, que cuestan apenas unos pocos miles de dólares cada uno.
Se suponía que el ataque sorpresa de los EEUU iba a hacer que Irán se acobardara y suplicara clemencia, pero logró justo lo contrario: demostró que, a pesar de los billones de dólares extorsionados a los americanos para financiar el ejército más caro del mundo, las Fuerzas Armadas de los EEUU ya no pueden ganar las guerras en las que los presidentes de los EEUU las obligan ilegalmente a participar.
El ejército de los EEUU sigue librando la Segunda Guerra Mundial —con portaaviones enormemente caros que no se atreven a acercarse al combate— mientras que la guerra ha evolucionado hasta convertirse en algo totalmente diferente.
Lo único bueno de la guerra con Irán es que pone de manifiesto hasta qué punto los grupos de interés nos han mentido sobre la necesidad de seguir aumentando nuestro gasto militar de forma suicida.
Nunca se trató de proteger a los Estados Unidos. Se trata de proteger las cuentas bancarias cada vez más abultadas de los grupos de interés a costa del resto de nosotros. Esto tiene que acabar. Ahora.