Según se informa, el presidente Trump quedó «conmocionado» al ver a miles de iraníes en las calles lamentando la muerte del difunto líder del país, el ayatolá Ali Jamenei, durante el fin de semana. Jamenei fue asesinado por los Estados Unidos al inicio del ataque sorpresa que este país lanzó contra Irán en febrero.
El primer ministro israelí Netanyahu y los neoconservadores de los EEUU le vendieron a Trump el ataque de EEUU contra Irán como una «tarea fácil» que llevaría a la caída del gobierno iraní y a su reemplazo por un régimen afín a EEUU.
«Pensé que lo odiaban», dijo Trump refiriéndose al líder religioso iraní asesinado.
El pueblo iraní no solo no se rebeló para reemplazar a sus líderes por otros afines a Washington, sino que la sociedad parece haberse vuelto aún más unida y patriótica. Esto no debería sorprender a nadie, ya que cuando ocurrieron tragedias similares en los Estados Unidos —asesinatos, el 9-11 etc.—, nosotros también, como sociedad, nos unimos más.
En el fútbol, cuando le das a la pelota y la metes en tu propia portería, se le llama «autogol». Eso es precisamente lo que logró el presidente Trump con su ataque contra Irán el 28 de febrero. De hecho, no fue solo un «autogol», sino toda una serie de ellos. Es probable que este error pase a la historia americana como una de las peores decisiones de política exterior de nuestra historia.
Los iraníes no se levantaron para declarar su apoyo a los EEUU. Las bases militares americanas en toda la región han sufrido daños tan graves a causa de la represalia iraní que la mayoría no puede volver a ponerse en funcionamiento. Gran cantidad de equipo militar de EEUU ha sido destruido o dañado, lo que ha supuesto un costo de decenas de mil millones de dólares. Los países de la región están reconsiderando su decisión de convertirse, en esencia, en protectorados de los Estados Unidos, ahora que se ha demostrado que este país no puede protegerlos. De repente, el poderío militar americanos parece menos poderoso.
Pero tal vez el «autogol» más destructivo de la ofensiva de los EEUU sea la decisión iraní de tomar el control del Estrecho de Ormuz. Incluso durante los ataques de EEUU/Israel del pasado mes de junio, Irán mantuvo abierto el estrecho. Se trata de una ruta comercial vital y a todos les conviene que se mantenga abierta para el comercio.
El ataque de febrero y la contundente respuesta regional de Irán llevaron al país a adoptar lo que algunos han denominado un arma nuclear de facto: el control del estrecho. Al explicar por qué firmó el memorando de entendimiento con Irán el mes pasado, el presidente Trump mencionó el daño que el cierre del estrecho estaba causando a la economía de EEUU y la posibilidad de que la situación pudiera incluso empeorar sin el acuerdo. La economía americana necesitaba desesperadamente que el estrecho permaneciera abierto.
Sin embargo, en la actualidad, los avances hacia la paz con Irán siguen viéndose frustrados por la obstinada insistencia de los EEUU en que el estrecho de Ormuz no debe estar bajo el control de Irán y en que Irán y Omán no pueden establecer un sistema de peaje para el paso por el estrecho. Ya se han producido varios enfrentamientos en la zona, lo que amenaza con llevar a los EEUU de vuelta a la guerra.
Lo mejor para los Estados Unidos es renunciar a sus pretensiones sobre el estrecho de Ormuz —que se encuentra a miles de millas de distancia— y asumir las consecuencias del error de Trump. Una guerra más no puede recuperar lo que se ha perdido en las dos guerras anteriores. Dejemos que Irán controle el estrecho y que se restablezca el comercio internacional. ¡Dejemos el estrecho en paz!