Power & Market

Cuando la moderación se convierte en método: el cientificismo y el prestigio de los expertos

La cultura contemporánea otorga un prestigio cada vez mayor a la figura del experto que evita compromisos explícitos y se presenta como moderado, técnico y «no ideológico». Esta postura se celebra como un signo de madurez intelectual. En un entorno saturado de conflictos abiertos, la negativa a elegir parece prudente. La moderación se convierte en una virtud pública.

El problema surge cuando la moderación deja de ser circunstancial y comienza a funcionar como un método. El experto que se refugia en el lenguaje de la técnica, los datos y los ajustes precisos afirma no imponer valores, sino simplemente aplicar conocimientos. Sus recomendaciones parecen neutrales, racionales e inevitables. El debate normativo queda desplazado. Los conflictos de principios son sustituidos por el lenguaje de la optimización.

Este desplazamiento produce una forma distinta de autoridad. No es la autoridad del legislador ni la del gobernante, sino la del intérprete técnico de la realidad. El experto no gobierna, aconseja. No impone, recomienda. No decide, ajusta. Sin embargo, su orientación moldea cada vez más el comportamiento, la política y las expectativas sociales.

Este patrón no es nuevo, pero adopta formas renovadas. Reaparece cada vez que los sistemas complejos se tratan como susceptibles de corrección continua por parte de los expertos. La intervención no se anuncia como total. Se instala gradualmente, paso a paso, y cada etapa es defendible cuando se considera de forma aislada. En conjunto, estos pasos equivalen a la administración de lo que no se puede gestionar como un proyecto racional.

La fascinación contemporánea por la longevidad ilustra claramente esta tendencia. La atención preventiva, la atención metabólica y los cambios en el estilo de vida no son problemáticos en sí mismos. Pertenecen a la buena medicina. El cambio se produce cuando la atención prudente da paso a la optimización permanente. El cuerpo pasa a ser tratado como un sistema administrable, cuya trayectoria puede corregirse continuamente mediante datos, seguimiento e intervención.

En este contexto, el envejecimiento deja de ser una condición humana que requiere adaptación y se convierte en un reto técnico. El médico se aleja del papel de cuidador y se acerca al de ingeniero. La salud se convierte en un proyecto continuo de mejora. Lo que se puede medir tiene prioridad. Lo que escapa a las métricas pierde relevancia.

El mismo estilo aparece en otros ámbitos. Los líderes de opinión técnicamente sofisticados, dotados de un lenguaje científico refinado, evitan compromisos normativos claros. Se presentan como moderados, reacios a los extremos, guiados únicamente por la evidencia. La negativa a elegir principios se presenta como superioridad intelectual. La técnica sustituye al juicio.

Es en este punto donde la crítica austriaca se vuelve indispensable. Ludwig von Mises demostró que el «centrismo» no constituye una posición estable, tal y como desarrolló en «La política centrista conduce al socialismo». Las intervenciones introducidas como correcciones parciales alteran el propio sistema que pretenden ajustar, generando nuevas distorsiones que luego justifican nuevas intervenciones. Lo que comienza como moderación termina como una expansión continua del control.

Friedrich Hayek profundizó en este diagnóstico al identificar el cientificismo como un error epistemológico, especialmente en La contrarrevolución de la ciencia. El problema no es la ciencia en sí misma, sino la transferencia inadecuada de sus métodos a órdenes complejos gobernados por conocimientos dispersos, tácitos y contextuales. Cuando los datos medibles se tratan como conocimiento total, la humildad da paso a la arrogancia cognitiva. Lo que no se puede cuantificar se descarta por irrelevante.

En este marco, la moderación desempeña un papel decisivo. Al evitar el conflicto normativo, permite que las decisiones se presenten como necesidades técnicas. La autoridad queda aislada de la controversia, oculta tras el lenguaje de la inevitabilidad científica. El experto pasa a actuar como mediador entre el conocimiento y el poder.

Esta mediación rara vez permanece neutral. Los ajustes técnicos, la estandarización y las recomendaciones «basadas en la evidencia» requieren respaldo institucional. La proximidad al poder político se vuelve funcional. Surge una relación de conveniencia: experiencia a cambio de alcance, legitimidad a cambio de deferencia. Lo que parece una cooperación racional adquiere los contornos claros del amiguismo.

La moderación —una vez convertida en método— revela su verdadera función. No limita el poder, lo suaviza. No impide la expansión del control, lo hace aceptable, elegante y gradual. Bajo la apariencia de prudencia, se preserva la autoridad mientras se diluye la responsabilidad.

Las formas más eficaces de control rara vez se presentan como radicales. Llegan de forma educada, envueltas en datos, moderación y lenguaje técnico. No exigen obediencia, sino confianza. No avanzan a través de la confrontación, sino a través de la acomodación.

Cuando la moderación se convierte en método, deja de proteger el orden espontáneo y se limita a servirle como adorno retórico. El término medio no se revela como equilibrio, sino como una suave pendiente hacia la gestión racionalizada de la vida social.

image/svg+xml
Image Source: Adobe Stock
Note: The views expressed on Mises.org are not necessarily those of the Mises Institute.
What is the Mises Institute?

The Mises Institute is a non-profit organization that exists to promote teaching and research in the Austrian School of economics, individual freedom, honest history, and international peace, in the tradition of Ludwig von Mises and Murray N. Rothbard. 

Non-political, non-partisan, and non-PC, we advocate a radical shift in the intellectual climate, away from statism and toward a private property order. We believe that our foundational ideas are of permanent value, and oppose all efforts at compromise, sellout, and amalgamation of these ideas with fashionable political, cultural, and social doctrines inimical to their spirit.

Become a Member
Mises Institute