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La perversidad moral de la política exterior de EEUU

La perversidad moral de la política exterior de EEUU se manifiesta plenamente en estos momentos con respecto a dos países latinoamericanos —Cuba y Venezuela. El hecho de que ninguno de los dos partidos políticos, la prensa dominante y muchos americanos corrientes, incluidos los cristianos, muestren indignación moral alguna por esta perversidad solo sirve para demostrar la profundidad de la depravación moral en la que se ha sumido nuestra nación.

Hoy en día, el gobierno de los EEUU, liderado por el presidente Trump y el establishment de seguridad nacional (es decir, el Pentágono, la CIA y la NSA), está sometiendo a la población cubana a una muerte por inanición y enfermedad como forma de garantizar un cambio de régimen en Cuba o un cambio en la política gubernamental de ese país.

Eso es enfermizo y patético. Después de todo, ¿no es esa la razón por la que la gente condena el terrorismo? Los terroristas atacan a personas inocentes del sector privado con el objetivo de conseguir un cambio en la política de su gobierno. La mayoría de la gente común, incluidos los cristianos, puede ver fácilmente la depravación moral de la mentalidad que guía al terrorismo. Desgraciadamente, muchos de ellos carecen de la capacidad de reconocer que es la misma mentalidad la que guía a quienes están atacando al pueblo cubano con la muerte, las privaciones económicas y las enfermedades (como resultado de no poder obtener tratamiento médico o medicamentos adecuados) como forma de asegurar un cambio de régimen o de política del gobierno cubano.

Por supuesto, la mentalidad que guía el último asedio económico contra Cuba no es más que una prolongación del brutal embargo económico de EEUU que se ha impuesto al pueblo cubano durante más de 60 años. La idea siempre ha sido utilizar el embargo en combinación con el sistema socialista de Cuba para exprimir la vida del pueblo cubano, con el objetivo de que se levante en una revolución violenta contra su propio gobierno y lo sustituya por una brutal dictadura títere proe-EEUU, como la que precedió al régimen de Castro.

¿Cuántas personas morirían en una revolución así, especialmente teniendo en cuenta que al pueblo cubano no se le permite poseer armas (una política que a muchos estatistas de EEUU les encantaría imponer al pueblo americano)? No importa cuántas. Lo que importa es el cambio de régimen o un cambio en la política gubernamental. Si decenas de miles de cubanos, incluidos niños, tienen que morir para lograr el cambio de régimen o un cambio de política, así debe ser. Después de todo —no hay que olvidar que todas estas personas habrán muerto por la «libertad»— es decir, la «libertad» de tener un nuevo régimen que cumpla las órdenes del imperio de los EEUU.

Hay un punto importante que hay que tener en cuenta: no hay un límite máximo en el número de cubanos que podrían tener que morir para lograr un cambio de régimen o un cambio de política. Cualquier número, incluso decenas de miles, se considera aceptable. Recordemos las infames palabras de Madeleine Albright, embajadora de los EEUU ante las Naciones Unidas, cuando se le preguntó si la muerte de medio millón de niños iraquíes a causa de las sanciones de la ONU y EEUU «merecía la pena». Su respuesta reflejó la mentalidad perversa oficial de los funcionarios de EEUU. Ella dijo que sí —que la muerte de medio millón de niños, de hecho, «merecía la pena». Por «merecía la pena» se refería al cambio de régimen.

Lo mismo ocurriría con la muerte de decenas de miles de niños y adultos cubanos. Esas muertes también se considerarían «merecidas». Los cristianos americanos deberían reflexionar sobre este hecho este domingo cuando acudan a la iglesia.

Una de las justificaciones oficiales de esta política brutal, mortal y moralmente perversa es que Cuba está gobernada por un régimen socialista-comunista. Durante la Guerra Fría del gobierno de los EEUU, la idea era que los rojos venían a por nosotros. Desgraciadamente, los americanos asustados se creyeron esta tontería y, por lo tanto, no tuvieron ningún problema en apoyar la incesante e interminable agresión de EEUU contra Cuba, incluyendo el embargo, los intentos de asesinato (es decir, homicidio) contra el líder cubano Fidel Castro y el terrorismo mortal patrocinado por el Estado contra ciudadanos y empresas cubanas.

Sin embargo, una vez que terminó la Guerra Fría, la agresión de EEUU contra Cuba, lamentablemente, no cesó. El embargo continuó y se ha endurecido desde entonces, y hoy en día el imperio de los EEUU se asegura de que el estrangulamiento económico sea completo con un bloqueo del petróleo que tanto necesita el país.

¿La razón? Que Cuba sigue estando gobernada por un régimen socialista-comunista, que supuestamente supone una grave amenaza para la «seguridad nacional» de EEUU. Por supuesto, no importa que el gobierno de los EEUU tenga sus propios programas socialistas favoritos, como la Seguridad Social, Medicare, Medicaid, la asistencia social, la Reserva Federal (es decir, la planificación monetaria centralizada), los controles de inmigración (es decir, la planificación centralizada de la inmigración), las escuelas públicas (es decir, gubernamentales), Amtrak y muchos más. Al parecer, solo el socialismo cubano es malo, no el socialismo americano.

Mientras tanto, reflejando aún más la profunda perversidad moral y la absoluta hipocresía de la política exterior de EEUU, el gobierno de los EEUU se ha aliado y coopera ahora con el régimen socialista-comunista y narcoterrorista de Venezuela. Hay que tener en cuenta que el régimen venezolano no era un régimen «capitalista de libre mercado» encabezado por un presidente socialista-comunista. En cambio, todo el régimen es socialista-comunista. Peor aún, los funcionarios de los EEUU nos han dicho repetidamente durante años que el régimen venezolano es un régimen «narcoterrorista» —es decir, que viola a sabiendas las leyes de EEUU sobre drogas y terrorismo.

No hay que olvidar, después de todo, que la presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, tiene un largo historial de actividades de orientación marxista, incluido su prolongado servicio en los regímenes socialistas-comunistas de Hugo Chávez y Nicolás Maduro. Lo mismo ocurre con el ministro del Interior del gobierno venezolano, un hombre llamado Diosdado Cabello, que fue el máximo responsable de la brutal represión de las protestas contra el incumplimiento por parte de Maduro de los resultados de las elecciones presidenciales en su contra. Cabe mencionar que los funcionarios de EEUU tienen una acusación penal pendiente sobre su cabeza, al igual que la tienen sobre Maduro. De hecho, la propia Rodríguez es objeto de una investigación por drogas de la DEA y podría ser fácilmente acusada.

Este es el régimen —un régimen socialista-comunista y narcoterrorista— con el que el gobierno de los EEUU se está aliando ahora, al tiempo que condena a muerte al pueblo cubano por no haber derrocado a su régimen socialista-comunista y sustituirlo por un régimen pro-EEUU que siga las órdenes y cumpla los deseos del Imperio de EEUU, tal y como está haciendo ahora el régimen socialista-comunista y narcoterrorista de Venezuela.

Mientras tanto, toda esta perversidad moral se considera normal, no solo por la prensa dominante de los EEUU, sino también por muchos americanos, incluidos muchos que van a la iglesia todos los domingos. La perversidad moral y la hipocresía absoluta son vergonzosas y patéticas.

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