Power & Market

Desorientación marxista

El conflicto de clases, tal y como lo predican los marxistas, debe enseñarse. Los trabajadores no se ven espontáneamente a sí mismos como agentes históricos de la lucha de clases. ¿Se levantarían automáticamente los trabajadores simplemente porque existen los monopolios? No.

En un mercado libre auténtico, no puede existir el monopolio coercitivo. El monopolio, en su definición estricta, es un privilegio exclusivo otorgado por el Estado. Sin la protección del Estado, el dominio del mercado sigue siendo disputable.

Incluso en un entorno estatista —donde los impuestos, la inflación y la regulación distorsionan la economía— los trabajadores no interpretan su condición como «opresión de clase». Más bien al contrario, su única exigencia es que la maquinaria que les explota sea manejada por personal ilustrado y bienintencionado.

La interpretación requiere una teoría. El marxismo no surgió orgánicamente de las fábricas; tuvo que ser construido, sistematizado y difundido. Debe enseñarse en escuelas, universidades y periódicos. En esta división del trabajo, los intelectuales aportan la interpretación; las masas aportan los números. Pero el análisis de clases no comenzó con Marx.

Mucho antes de Marx, los liberales clásicos ya habían identificado el conflicto de clases. Irónicamente, Marx debía precisamente su marco conceptual de la lucha de clases a estos pensadores. Mientras que Marx veía la explotación en el intercambio voluntario, ellos la situaban en el privilegio político. La distinción era sencilla: quienes viven de la producción frente a quienes viven del saqueo.

Lo que hace convincente el análisis de clases liberal es que se basa en la observación directa: impuestos, regulación, favoritismo judicial —actos concretos de violencia política—. La «plusvalía» de Marx, por el contrario, no es algo que vea un trabajador; se deduce de una teoría del valor-trabajo, que, a su vez, se apoya en un aparato teórico elaborado pero poco sólido.

Este análisis también tiene un alcance limitado. No afirma que toda la historia sea lucha de clases, ni reduce la religión, el arte, la filosofía y la ciencia a meros epifenómenos de la posición económica. Una vez que se comprende que la mayoría vive de la producción y otros del saqueo político, queda poco más por explicar en términos de clase.

Esta negativa a generalizar no es una simple elección estilística. En el plano de la experiencia individual, la vida no se vive como una lucha de clases; sin condicionamientos ideológicos, las personas piensan en términos concretos: «mi jefe», «mi casa», «mi familia». No piensan en términos de «la dialéctica histórica del proletariado».

Después de Marx, la línea divisoria cambió. El enemigo ya no era el Estado. Era la burguesía como clase. El trabajo asalariado se convirtió en explotación. La propiedad del capital —incluso cuando se adquiría pacíficamente— se convirtió en opresión. Las relaciones voluntarias pasaron a ser sospechosas.

En el análisis de clases del liberalismo clásico, el Estado es el opresor; en la teoría de clases marxista, es el instrumento de la emancipación —siempre que, por supuesto, esté controlado por la clase «correcta». Marx elevó la lucha de clases a una filosofía totalizadora de la historia: «La historia de todas las sociedades que han existido hasta ahora es la historia de las luchas de clases».

Una vez que la explotación se define como una característica del intercambio voluntario y no como un privilegio coercitivo, la solución ya no consiste en limitar el poder político, sino en convertirlo en un arma, desviando el resentimiento del Estado hacia las relaciones pacíficas de mercado. No se trata simplemente de un ajuste teórico.

Cuando la línea divisoria es la producción frente a la coacción, la libertad es el fin lógico. Cuando la línea divisoria es el trabajo frente al capital, el poder coercitivo se convierte en el instrumento lógico. Y ese es un cambio de rumbo profundamente peligroso.

image/svg+xml
Note: The views expressed on Mises.org are not necessarily those of the Mises Institute.
What is the Mises Institute?

The Mises Institute is a non-profit organization that exists to promote teaching and research in the Austrian School of economics, individual freedom, honest history, and international peace, in the tradition of Ludwig von Mises and Murray N. Rothbard. 

Non-political, non-partisan, and non-PC, we advocate a radical shift in the intellectual climate, away from statism and toward a private property order. We believe that our foundational ideas are of permanent value, and oppose all efforts at compromise, sellout, and amalgamation of these ideas with fashionable political, cultural, and social doctrines inimical to their spirit.

Become a Member
Mises Institute