El sábado se le presentó al presidente Trump una gran oportunidad para dar marcha atrás en su guerra contra Irán. Tras amenazar a Irán con que «esta noche morirá toda una civilización», Trump logró una tregua de dos semanas en la guerra gracias a la intervención del gobierno pakistaní.
Se abrió una ventana para poner fin a esta guerra ilegal. El vicepresidente Vance viajó a Pakistán para negociar con una delegación iraní de alto nivel y, según la prensa, se lograron avances en muchos temas.
Por desgracia, tras un mes y medio de guerra, en el que se han gastado decenas de miles de millones de dólares, todas las bases de los EEUU de la región han quedado dañadas o destruidas y se han perdido decenas de aviones militares, el presidente Trump no tomó la salida. Al contrario, pisó el acelerador.
Tras 21 horas de negociaciones, las conversaciones fracasaron, al parecer porque la parte de los EEUU volvió a insistir en que Irán entregara su uranio enriquecido, destruyera sus instalaciones nucleares y no volviera a enriquecer uranio jamás. Puede que este sea el enfoque «maximalista» que defiende el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, pero no hay motivo para que los EEUU plantee tales exigencias.
Así pues, la reunión de Pakistán fue una pérdida de tiempo, y es probable que todo el alto el fuego fuera una estratagema para ganar tiempo y que la parte americana e israelí pudieran reorganizarse y recargar munición.
Inmediatamente después de que las negociaciones terminaran en fracaso, un Trump cada vez más inestable intensificó sus amenazas contra Irán. En las últimas semanas ha alternado entre insistir en que el estrecho de Ormuz no tiene importancia para los Estados Unidos y exigir que se abra de inmediato.
Ayer anunció, a través de su cuenta en las redes sociales —que el ejército de los Estados Unidos comenzaría a contrarrestar el bloqueo iraní del estrecho de Ormuz. Cualquier barco que zarpara de un puerto iraní correría el riesgo de ser abordado, inspeccionado y, posiblemente, confiscado.
Las restricciones impuestas por Irán al tráfico en el estrecho de Ormuz han disparado los precios del petróleo, así como los de los fertilizantes y otros productos relacionados. La inflación está aumentando en los EEUU. Los mercados mundiales se están tambaleando. El hecho de que Trump restrinja aún más el tráfico de entrada y salida del Golfo Pérsico con su propio bloqueo no hará más que acelerar este proceso. Es como apagar un incendio con gasolina.
Y si los hutíes en Yemen cierran el mar Rojo en respuesta al bloqueo de Trump contra el bloqueo de Irán, podríamos incluso asistir a una depresión económica mundial.
Da la sensación de que el presidente Trump está dando palos de ciego y se está volviendo cada vez más imprevisible. Esperaba que los europeos, los japoneses y los surcoreanos se sumaran a sus esfuerzos para forzar la apertura del estrecho, pero, en cambio, decidieron llegar a sus propios acuerdos con Teherán y pagar la tasa de tránsito. El resto del mundo no quiere una guerra con Irán. Solo la Administración Trump y Netanyahu quieren la guerra.
El petrodólar está sufriendo un revés, ya que los pagos por el paso por el estrecho de Ormuz se realizan en yuanes chinos. El dólar se ve amenazado como moneda de reserva mundial, al igual que el propio imperio global de los EEUU se ve amenazado en tiempo real.
Es el momento de buscar y tomar esa salida. Sin embargo, el presidente de los EEUU parece estar yendo en la dirección opuesta. Se está transportando rápidamente por vía aérea equipo militar a Oriente Medio y otro grupo de portaaviones americano también se está acercando a la región. China ha advertido a los EEUU que no interfiera en su comercio con Irán.
Se está gestando una escalada importante y el Congreso sigue sin encontrar su voz.