Las enfermedades son malas. El cierre forzado del Estado es a menudo peor.
Hay una razón para el pánico. Pero el pánico debe ser sobre cómo los gobiernos —que saben tan poco sobre el virus que han decidido que justifica la destrucción de la economía mundial— crearán muchas nuevas amenazas para la salud y el bienestar a través de sus políticas.