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A pesar de nuestra propia inflación, el dominio del dólar hace caer al yen y al euro

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Desde principios de 2021, el dólar de EEUU se ha apreciado notablemente frente a muchas divisas mundiales. Hay muchas razones para ello. En tiempos de elevada incertidumbre económica y política, los inversores se decantan cada vez más por el billete verde, que siguen considerando un «refugio seguro». Además, los rendimientos de los Estados Unidos han ido subiendo. Ambas cosas aumentan la demanda del dólar y elevan su valor externo. El yen japonés y el euro, en particular, han perdido significativamente frente a la moneda de EEUU —el yen ha caído un 34% desde diciembre de 2020, y el euro ha caído un 20% desde mayo de 2021, y casi ha vuelto a la paridad con el dólar. La pregunta es ¿por qué?

En primer lugar, los inversores parecen preocupados por el hecho de que el banco central japonés mantenga los tipos de interés artificialmente bajos y compre cada vez más bonos del Estado. La deuda pública de Japón ascendía al 257% de su producto interior bruto a finales de 2021, el nivel más alto entre las economías desarrolladas.

Además, la fuerte subida de los precios de la energía y las materias primas está empañando las perspectivas de competitividad de la economía japonesa y degradando la capacidad general de Japón para atender el servicio de su deuda. Esto, a su vez, alimenta el temor de los inversores a que el Banco de Japón tenga que acelerar la imprenta electrónica y devaluar el poder adquisitivo del yen a nivel interno y externo.

Los problemas en la zona del euro no son diferentes. El Banco Central Europeo (BCE) está aumentando ligeramente la perspectiva de una subida de tipos. Sin embargo, los mercados financieros aún no están convencidos de que el BCE vaya a luchar contra la alta inflación en la zona del euro con la determinación necesaria, especialmente desde que la presidenta del BCE, Christine Lagarde, dijo públicamente el 29 de junio de 2022: «No creo que volvamos a un entorno de baja inflación». Con estas palabras, Lagarde está ignorando el mandato del BCE establecido en el Tratado de Maastricht, que estipula que el BCE debe garantizar la «estabilidad de los precios» y dar prioridad a este objetivo sobre todos los demás. De hecho, al igual que en Japón, en la zona del euro existe ahora un «dominio fiscal».

Esto significa que el estado de las finanzas públicas determina de facto la política monetaria. El banco central mantiene los tipos de interés bastante bajos y amplía la oferta monetaria para dar crédito barato al gobierno, mientras que el poder adquisitivo del dinero se degrada. Así es como funciona la «represión financiera»: la inflación supera el tipo de interés nominal, por lo que el tipo de interés real (es decir, el tipo de interés nominal menos la inflación) se vuelve negativo.

De este modo, el gobierno puede reducir su deuda real a costa de los acreedores. Los gobiernos no necesitan hacer recortes de gastos políticamente inoportunos ni imponer subidas de impuestos para mejorar su posición financiera. La política de inflación permite a los políticos saquear a la población en beneficio del Estado.

Pero hay un problema especialmente peliagudo en la eurozona: la década de tipos de interés extremadamente bajos del BCE ha contribuido a retrasar las reformas y ha fomentado la mala gestión política. Como resultado, los países del sur, especialmente Italia, España, Portugal y Grecia, dependen más que nunca de los bajos tipos de interés del BCE. Si los tipos de interés siguen subiendo, se desencadenará la próxima crisis de la deuda soberana en la zona del euro.

Dicho esto, lo más probable es que el BCE continúe con su política inflacionista. No sólo los ciudadanos y empresarios del sur tendrán que pagarlo con una inflación creciente, sino que los del norte tampoco podrán escapar a la devaluación del poder adquisitivo del euro. La zona del euro no es sólo una comunidad de deuda, sino también de inflación.

La devaluación de su moneda hacia el exterior seguirá costando caro a los ciudadanos de Japón y de la zona del euro. No impulsa necesariamente sus exportaciones, pero encarece los productos importados. Esto, a su vez, reduce los ingresos reales de los particulares y aumenta los costes de producción de las empresas, empeorando su posición competitiva.

Japón tiene una balanza comercial negativa desde mediados de 2021: paga más por las importaciones que lo que gana por las exportaciones. La balanza comercial de Alemania, y por tanto también la de la zona del euro, se ha convertido recientemente en deficitaria. Japón y la eurozona, que ya no son campeones mundiales de la exportación, tienen que obtener capital del extranjero, lo que sólo sirve para deprimir el valor externo de sus monedas.

También hay graves problemas con el dólar, no cabe duda: la alta inflación y la escalada de la deuda nacional y exterior. Sin embargo, esto todavía no ha afectado negativamente al valor exterior del dólar. Esto se debe a que el billete verde sigue siendo la moneda de reserva sobre la que se construye todo el sistema crediticio y monetario internacional. Lo más probable es que la desintegración de esta estructura no afecte en primer lugar al dólar, sino que golpee con especial dureza a todas las demás divisas, que se verán en serios problemas una vez que el dólar pierda la confianza de los inversores, lo cual, algún día, puede ocurrir.

Sin embargo, la fluctuación de los tipos de cambio entre el dólar y todas las demás monedas no debe distraer la atención de una cosa importante: el poder adquisitivo de todas las monedas, incluido el dólar, ha ido disminuyendo año tras año. Esto se refleja en el continuo aumento del precio del oro.

Por ejemplo, el precio del oro, calculado en euros, ha subido una media del 8,4% anual desde 1999. En términos de yenes, el oro ha aumentado una media del 8,7 por ciento anual, en términos de dólares de EEUU, un 7,4 por ciento. Se expresa así una dolorosa verdad: la política inflacionista crónica de los bancos centrales está destruyendo el poder adquisitivo del dinero. Por lo tanto, los inversores que deseen preservar su capital deberían evitar en la medida de lo posible la moneda oficial, ya sea el yen, el euro o el dólar.

Author:

Thorsten Polleit

Dr. Thorsten Polleit is Chief Economist of Degussa and Honorary Professor at the University of Bayreuth. He also acts as an investment advisor.

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