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La reforma fiscal del Partido Republicano no ofrece ningún alivio ante el impuesto de la inflación

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Tags Impuestos y Gasto

01/10/2018

La Tax Cuts and Jobs Act (TCJA) sancionada como ley el 22 de diciembre de 2017 no promete ningún alivio de un gran impuesto sobre la renta: el impuesto de la inflación. Muy al contrario, hay fuertes evidencias para esperar que aumente esta carga al ir evolucionando métodos nuevos y no anunciados de recaudación.

En años recientes, el compromiso de la Fed con el patrón de inflación del 2%, reforzado por la experimentación radical en la manipulación de los tipos de interés ha creado una hambruna de rentas de intereses en la que el Tío Sam ha sido el principal ganador. Basta con que os fijéis en la menguante factura de intereses sobre la deuda pública. Mientras que la relación entre déficit federal y PIB asciende a un nuevo máximo en tiempo de paz para una economía de EEUU en una última fase de auge de su ciclo económico, esta forma parcialmente oculta y ampliamente infravalorada de impuesto de la inflación, junto con sus formas más antiguas, es una gran amenaza como recurso potencial para echar abajo las temblorosas finanzas públicas.

La omisión del impuesto de la inflación de toda la discusión acerca de los recortes fiscales republicanos puede deberse en parte al fallo de la profesión económica en actualizar su análisis sobre este tema. Sí, fue un tema popular de estudio durante episodios de alta inflación en el pasado, incluyendo las grandes hiperinflaciones del folklore histórico. Ha sufrido cierto olvido desde entonces, a pesar de que la inflación monetaria sigue prevaleciendo. Los tipos oficiales de inflación reportados durante muchos años de “solo o por debajo” del 2% han demostrado ser un bálsamo para la investigación académica.

Los cargos monetarios que administran el actual régimen de inflación del 2% niegan que sean agentes de recaudación fiscal. Afirman que la hambruna de rentas de interés deriva de la desgracia natural (oportunidades menguantes de inversión, exceso de ahorro) y que la inflación del 2% no es en realidad tan mala, dadas las dificultades de medir las mejoras de calidad. Un poderoso ritmo a la baja de los precios atribuible a la globalización y la digitalización les ha permitido buscar inflación monetaria y recaudar el impuesto de la inflación en la nueva forma de manipulación del tipo de interés, quejándose al mismo tiempo de que “la inflación es demasiado baja” y ganándose amigos enriquecidos por la inflación de precio de los activos.

Un buen trabajo por los economistas para desenmascarar a los recaudadores fiscales del banco central sería una contribución real al capitalismo y la libertad. Deberían empezar con una historia de recaudaciones pasadas y continuar con la identificación de nuevas formas. Cuando llegaran en al recorte fiscal republicano, los economistas serios deberían rechazar cualquier noción en la propaganda de ventas de que los arquitectos han tenido éxito en conseguir maná del cielo.

La inflación de activos lleva a recaudaciones fiscales superiores

A media que los beneficiarios inmediatos de los recortes aumentan su demanda de recursos, genera fuerzas (tanto públicas como privadas) que restringen la demanda en competencia. Un aumento en los tipos de interés del mercado podría ser parte del proceso. Las recaudaciones fiscales de la inflación son otra parte. Y algunos dueños de participaciones podrían contener su entusiasmo dándose cuenta de que podría haber en el futuro aumentos en los tipos efectivos de dividendo y los impuestos a las ganancias de capital, incluso sin que los demócratas ganen claramente las elecciones. A muchos años vista, el impuesto sobre la renta empresarial cambiaría de sentido, de la corriente hacia arriba (en la que se produce la recaudación del impuesto a las empresas) a la corriente hacia abajo. Eso no es un alivio radical de la carga.

El tipo efectivo del impuesto de ganancias de capital, expresado como porcentaje del beneficio real a la venta, aumenta con la inflación, incluso aunque el tipo fiscal nominal permanezca sin cambios. Esta es una de las formas modernas de recaudación del impuesto de la inflación. Como ejemplo, un impuesto del 15% sobre una ganancia del 40% es un 30% en términos reales si la inflación acumulativa a lo largo del periodo de retención (digamos siete años) equivale al 20%. Esta apropiación del impuesto de las ganancias de capital es una forma moderna importante del impuesto de inflación. Es más fácil de medir que la ganancia del gobierno por la manipulación del tipo de interés, ya que el tipo del mercado que hubiera prevalecido en un hipotético régimen de moneda fuerte resulta desconocido.

Devaluación: la forma más antigua del impuesto de la inflación

La forma más antigua de impuesto de la inflación, que también se encuentra en la actualidad y probablemente se haga más prominente en el futuro, es la “devaluación de la divisa”. Su origen se encuentra en los tiempos antiguos. La cantidad del gravamen impositivo de la devaluación es distinta del ingreso que recibe el gobierno. La diferencia variable entre los dos es atribuible a la respuesta del sector privado, donde quienes estén más alerta ante una inminente tendencia a la inflación ganan una parte del gravamen sobre los retrasados.

El ingreso que el soberano obtenía de devaluar sus monedas (sustituyéndolas por monedas nuevas con un contenido reducido de oro, pero con una especificación no cambiada respecto de las antiguas) dependía en parte de lo secreto que permaneciera el proceso para la gente. Incluso si se filtraba la verdad, la demanda de más monedas era fuente de ingresos. Las empresas y personas que se apresuraban a ajustar los precios al alza para sus bienes y servicios antes de que aumentaran colectivamente los precios en otro lugar restringían, pero no podían detener el flujo de ingresos reales hacia el soberano. La Ley de Gresham (la mala moneda expulsa a la buena) no incapacitaba a los recaudadores del impuesto de la inflación. Seguía habiendo demanda de las nuevas monedas como medio de circulación.

Bajos regímenes de moneda fiduciaria en los que la base monetaria es un activo muy distinto para el cual la demanda está muy relacionada con el crecimiento de las rentas nominales, el gravamen del impuesto de la inflación tiene muchos paralelismos con la devaluación de la divisa del pasado. Si todo el mundo sabe que la base monetaria está aumentando y los precios aumentan de acuerdo con ello, la cantidad de recaudación fiscal en términos reales es menor que en el caso de un secreto bien guardado.

Una vez permitimos una considerable inestabilidad y volatilidad en la relación entre base monetaria, oferta monetaria amplia y precios, las dinámicas en la recaudación del impuesto de la inflación se hacen más difíciles de determinar. La existencia de un mercado de deuda pública de vencimiento corto, bancos demasiado grandes para caer, garantía de depósitos, prestamistas de último recurso y el pago de intereses sobre reservas bancarias se añaden a los factores complicadores, esencialmente porque hace menos distinguible la base monetaria.

El gravamen del impuesto de la inflación en la forma tradicional bajo un régimen de moneda fiduciaria empieza con una aceleración o crecimiento de la base monetaria. Donde la demanda de la base tributaria es muy elástica en interés esto puede generar un desplome de los tipos del mercado monetario, causando una depreciación de la divisa y alimentando un exceso de demanda de bienes y servicios. El aumento de la inflación impone pérdidas reales sobre los poseedores de dinero fiduciario (que no produce interés) y sobre los bonos públicos en la media en que los tipos de interés fijados sobre ellos en su momento dejaran de reflejar adecuadamente la consiguiente caída en el poder adquisitivo del dinero.

La caída en el valor real de los balances monetarios producida por la inflación significa un aumento en la demanda de estos, ya que personas y empresas tratan de reconstruir sus pertenencias. Un aumento correspondiente en la demanda de base monetaria proporciona ámbito al gobierno para obtener ingresos (descritos como “señoreaje”). Igualmente, el gobierno puede expandir su emisión de deuda para rellenar huecos en carteras de bonos debida a la erosión por la inflación sin generar una degradación de su rating crediticio.

Adelantemos hasta la recaudación del impuesto de la inflación bajo el régimen de inflación del 2% con presencia de inflación camuflada y donde las reservas pagan intereses al tipo de mercado. Las nuevas formas de impuesto de la inflación incluyen aquí los tipos negativos de interés. Pero no deberíamos olvidar la forma antigua de impuesto de la inflación, magnificada por la posible sorpresa, a pesar de que las dinámicas sean difíciles de determinar. Mientras persista la inercia de la inflación (y dicha inercia está incluida en el régimen del 2%), el recaudador de impuestos no puede obtener mucho de la devaluación de la divisa. Pero cuando la inercia se detiene, el ingreso puede aumentar, al menos transitoriamente. Así podría ser como se acaben financiando los recortes fiscales republicanos.

Author:

Brendan Brown

Brendan Brown is a founding partner of Macro Hedge Advisors (www.macrohedgeadvisors.com) and senior fellow at Hudson Institute. As an international monetary and financial economist, consultant, and author, his roles have included Head of Economic Research at Mitsubishi UFJ Financial Group. He is also an Associated Scholar of the Mises Institute. His latest book is The Case Against 2 Per Cent Inflation (Palgrave, 2018) and he is publisher of “Monetary
Scenarios,” Euro Crash: How Asset Price Inflation Destroys the Wealth of Nations and The Global Curse of the Federal Reserve: Manifesto for a Second Monetarist Revolution.

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