¿Qué debería hacer la gente derrotada políticamente?

¿Qué debería hacer la gente derrotada políticamente?

06/19/2018Jeff Deist

¿Qué debería hacer la gente derrotada políticamente? ¿Debería resistirse al status quo político en todo caso o aceptar el espíritu de la cortesía civil y esperar a la siguiente elección? ¿Qué pasa si sus fortunas políticas están disminuyendo y es cada vez menos probable que prevalezcan políticamente? ¿Qué derechos y poder poseen las minorías políticas aparentemente permanentes (por ejemplo, los libertarios)? ¿En qué momento se permitiría una rebelión abierta en una supuesta democracia y cómo juzgamos la resistencia por principios frente a los frutos amargos de los perdedores políticos?

Además, ¿qué pueden hacer por derecho las mayorías políticas (a pesar de una oposición minoritaria estridente) y qué políticas no pueden alterarse independientemente del consenso mayoritario? ¿Qué despojos corresponden por derecho a los victoriosos políticamente y qué normas antiguas no deberían ser derrocadas?

Estas son preguntas difíciles en la época de Trump, especialmente desde que los gobiernos occidentales abandonaron hace tiempo las limitaciones constitucionales y el tópico del “estado de derecho” a favor de la gobernanza administrativa por medio de gestores burocráticos. La democracia, al menos la variedad de masas practicada en los modernos estados occidentales del bienestar, no proporciona respuestas satisfactorias. ¿Esos gestores no elegidos están obligados por la voluntad popular o no gran cosa? ¿Qué limita al estado?

Ludwig von Mises, un sólido teórico social además de su abrumadora obra en economía, ve estos problemas con claridad. A pesar de que (o tal vez porque) fue testigo de los estragos del combate real en la Gran Guerra, elige usar lenguaje bélico al describir los aprietos de las minorías políticas:

Fue el liberalismo el que creó la forma legal por la que el deseo del pueblo de pertenecer o no a un cierto estado podría conseguir una expresión, que sería el plebiscito. El estado al que quieren pertenecer los habitantes de cierto territorio tiene que determinarse por medio de unas elecciones. Pero incluso si se cumplieran todo las condiciones económicas y políticas necesarias (por ejemplo, aquellas que afectan a la política nacional con respecto a la educación) para impedir que el plebiscito se reduzca a una farsa, incluso si fuera posible sencillamente hacer una encuesta de los habitantes de todas las comunidades para determinar a qué estado quieren unirse y repetir esa elección cada vez que cambien las circunstancias, seguirían probablemente persistiendo algunos problemas sin resolver como posibles fuentes de fricción entre las distintas nacionalidades. La situación de tener que pertenecer a un estado al cual uno no quiere pertenecer no es menos onerosa si es el resultado de unas elecciones que si debe soportarse como consecuencia una conquista militar (…) Ser un miembro de una minoría nacional siempre significa que se es un ciudadano de segunda clase. (Cursivas añadidas)

El casi increíble rencor que rodea a la administración Trump demuestra precisamente lo poco que realmente aprecian la democracia incluso los occidentales ricos cuando no les gustan sus resultados. Las fuerzas contrarias a Trump se consideran de hecho conquistadas, sintiéndose de repente como ciudadanos de segunda clase en un país que pensaban que conocían (uno en el que un arco “progresista” inevitable elegiría, por supuesto, a Ms. Clinton). No aceptan a Trump como no aceptarían al jefe de una potencia extranjera hostil y ocupante. Pero rechazar el resultado de las elecciones es una posición extraña para los seguidores de Clinton, una candidata que frecuentemente hablaba con entusiasmo acerca de “nuestra sagrada democracia”.

Lo mismo puede decirse para el referéndum del Bréxit en Reino Unido y el creciente sentimiento antiinmigración en toda Europa continental, ambos escarnecidos como populismo siniestro y malintencionado frente a las nobles expresiones del “pueblo” ejercitando sus derechos democráticos. Pero el populismo es solo democracia pura y dura y los administradores tecnócratas están retratados correctamente como enormes hipócritas que usan la vía del apoyo democrático solo cuando va en la dirección de lo que planean hacer de todas maneras.

La democracia, lejos de generar compromiso y armonía, lanza a los estadounidenses unos contra otros al tiempo que crea una clase burocrática permanente. Todo esto es comprensible y predecible desde una perspectiva libertaria. Solo los libertarios hacen un alegato coherente contra los mecanismos democráticos y consideran la libertad frente al poder del estado como mucho más importante que el consenso mayoritario. La libertad no depende del voto, como dice el ilusorio dicho. La libertad (entendida correctamente como nada más y nada menos que la libertad frente al estado) es el máximo fin político.

Pero no vivimos en un mundo libre y la mayoría la gente no es ideológicamente libertaria. La mayoría la gente, aunque de forma mucho menos meditada, son (pequeños) demócratas como el propio Mises. En los años de entreguerras, tras el colapso de las monarquías europeas y el auge del nazismo en Alemania, Mises veía la democracia como el mecanismo social para evitar más guerras y derramamiento de sangre:

La democracia es esa forma de constitución política que hace posible la adaptación del gobierno a los deseos de los gobernados sin luchas violentas. Si en un estado democrático el gobierno ya no está actuando como quiere la mayoría de la población, no hace falta una guerra civil para poner en el cargo a los que están dispuestos a trabajar para atender a la mayoría. Por medio de elecciones y acuerdos parlamentarios, el cambio de gobierno se ejecuta suavemente y sin fricciones, violencia o derramamiento de sangre.

Casi 100 años después, podríamos preguntarnos si seguiría escribiendo hoy esas palabras, habiendo visto el desarrollo de los siglos XX y XXI. A posteriori, parecen inapropiadamente optimistas. Por supuesto, nunca lo sabremos e incluso el anarquista más doctrinario puede admitir que la democracia desempeñó un papel en el éxito de Estados Unidos y Occidente.

Pero ha habido bajas tanto literales como figuradas a lo largo del camino y más se harán evidentes en las próximas décadas. El consenso de la élite occidental, a favor del globalismo, un vago “neoliberalismo” y la socialdemocracia linda con impulsos nacionalistas y de ruptura. El si se permitirá la “democracia” cuando vaya contra el sentimiento de la élite es en buena medida una cuestión abierta y a la gente no se le engaña tan fácilmente diciendo que los proyectos globalistas son en todo caso democráticos.

Es muy importante entender que Mises veía la autodeterminación como el máximo fin político y por tanto argumentaba con vigor contra el universalismo y a favor de la subdivisión política cuando fuera necesario y viable. Reordenar las instituciones políticas creando unidades más pequeñas o abandonándolas del todo a través de la secesión era la respuesta de Mises a la pregunta de cómo podía protegerse a las minorías políticas. Los movimientos de ruptura eran la válvula de seguridad en la concepción de la democracia de Mises:

El derecho de autodeterminación con respecto a la cuestión de la membresía en un estado significa por tanto: siempre que se sepa, por medio de un plebiscito realizado con libertad, que los habitantes de un territorio particular, ya sea un único pueblo, todo un distrito o una serie de distritos adyacentes, ya no desean permanecer unidos al estado al que pertenecen ese momento, sino que desean, o formar un estado independiente, o unirse a algún otro estado, sus deseos tendrían que respetarse y cumplirse. Es la única manera viable y eficaz de impedir revoluciones y guerras civiles e internacionales.

En algún momento los estadounidenses de todas las inclinaciones ideológicas tienen que formularse una pregunta: si se cree realmente que el 30, el 40 o el 50% de la población es imposible de redimir, completamente inmoral, estúpida, fascista, racista o comunista, ¿qué debería hacerse? ¿Habría que matarlos? ¿Deportarlos? ¿Encerrarlos en campos de concentración? ¿Reeducarlos contra su voluntad hasta que voten correctamente? ¿Relegarlos a una casta inferior política, social y económicamente? ¿Tolerarlos, pero castigarlos en elecciones futuras?

¿O deberíamos escuchar a Mises y elevar la separación política, el federalismo y el localismo a los máximos principios políticos?

El gobierno de arriba abajo desde Washington no está funcionando y de hecho está deprimiendo a la gente y haciendo que tenga pensamientos impensables acerca de una guerra civil. El sentimiento a favor y en contra de Trump está destruyendo la cohesión social, el “derecho” real en cualquier sociedad. ¿Y por qué? ¿Por diferencias políticas entre los partidos que nunca levantan un dedo contra la guerra, el poder estatal, los subsidios o la Fed?

Hacen falta 70 millones de votos para controlar la Casa Blanca y el estado administrativo (profundo) puede estar fuera del alcance de incluso una abrumadora mayoría política. No importa dónde se esté ideológicamente, el riesgo de convertirse en una minoría política marginada crece cuando crece el poder del estado. Es hora de dejar de tratar de apoderarse de Washington y empezar a hablar de soluciones realistas de ruptura o federalistas, incluso bajo el paraguas de la continuación del estado federal. Las elecciones de 2018 y 2020 no resolverán nuestros problemas, solo los empeorarán. Al menos 50 o 60 millones de estadounidenses, un grupo mucho más grande que la mayoría de los países, se verá sin representación política y gobernado por un gobierno percibido como hostil, sin que importe de que candidatos o partidos ganen.

Si la ruptura parece impensable, también lo es la guerra civil. ¿Está grabado en piedra que 330 millones de personas deban vivir bajo una jurisdicción federal remota en todo caso y para siempre?

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¿Despedir a la Reserva Federal?

01/21/2019Ron Paul

La frustración del presidente Trump con los aumentos de la tasa de interés (minúsculos) de la Reserva Federal que culpa por la desaceleración del mercado bursátil le ha llevado a preguntar si tiene la autoridad para destituir al presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell. El presidente Powell ha declarado que no cumpliría con una solicitud presidencial de su renuncia, lo que significa que el presidente Trump tendría que despedir a Powell si Trump tomaba en serio su destitución.

La ley que crea la Reserva Federal le otorga al presidente el poder de destituir a los miembros de la Junta de la Reserva Federal, incluido el presidente, «por una causa». La ley no dice nada sobre lo que sí constituye una causa justificable de expulsión. Entonces, el presidente Trump puede ser capaz de despedir a Powell por no adaptar la política monetaria al gusto del presidente.

Al despedir a Powell, el presidente Trump disiparía de una vez por todas el mito de que la Reserva Federal está libre de interferencias políticas. Todos los presidentes modernos han tratado de influir en las políticas de la Reserva Federal. ¿La amenaza de Trump de despedir a Powell es peor que el presidente Lyndon Johnson que empuja a un presidente de la Fed contra un muro después de que la Reserva Federal aumentara las tasas de interés? ¿O peor que el presidente Carter «promoviendo» a un presidente de la Reserva Federal que no coopera al secretario del Tesoro?

Sin embargo, hasta que el presidente Trump comenzó a atacar a la Reserva Federal en Twitter, los únicos individuos que expresaron su preocupación por la interferencia política con la Reserva Federal en los últimos años fueron los que afirman que el proyecto de ley de Auditoría de la Fed politiza la política monetaria. La verdad es que el proyecto de ley de auditoría, que fue recientemente reintroducido en la Cámara de Representantes por el Representante Thomas Massie (R-KY) y que pronto será reintroducido en el Senado por el Senador Rand Paul (R-KY), no lo hace de ninguna manera. Manera de expandir la autoridad del Congreso sobre la Reserva Federal. El proyecto de ley simplemente autoriza a la Oficina de Responsabilidad General a realizar una auditoría completa de la política monetaria de la Reserva Federal, incluidas las relaciones de la Reserva Federal con Wall Street y con los bancos centrales y gobiernos extranjeros.

Muchas auditorías a quienes apoyan la Reserva Federal no tienen ningún deseo de otorgarle al Congreso o al presidente la autoridad sobre ningún aspecto de la política monetaria, incluida la capacidad de establecer tasas de interés. Las tasas de interés son el precio del dinero. Como todos los precios, las tasas de interés deben ser establecidas por el mercado, no por los planificadores centrales. Es sorprendente que incluso muchos economistas que generalmente apoyan los mercados libres y se oponen al apoyo de la planificación central, permiten que un banco central creado por el gobierno influya en algo tan fundamental como el precio del dinero.

Quienes afirman que auditar a la Reserva Federal pondrá en peligro la economía están diciendo implícitamente que el sistema actual es defectuoso. Después de todo, ¿qué tan estable puede ser un sistema si está amenazado por la transparencia?

La auditoría de la Reserva Federal es apoyada por casi el 75 por ciento de los estadounidenses. En el Congreso, el proyecto de ley ha sido apoyado no solo por los conservadores y los libertarios, sino también por los progresistas en el Congreso como Dennis Kucinich, Bernie Sanders y Peter DeFazio. El presidente Trump defendió la auditoría de la Reserva Federal durante su campaña de 2016.Pero, a pesar de sus recientes críticas a la Reserva Federal, no ha promovido la legislación desde su elección.

A medida que la economía estadounidense caiga en otra recesión económica causada por la Reserva Federal, el apoyo para auditar a la Reserva Federal crecerá entre los estadounidenses de todas las ideologías políticas. El Congreso y el presidente pueden y deben unirse para derribar el muro del secreto en torno al banco central. Auditar a la Reserva Federal es el primer paso para cambiar la política monetaria que ha creado una economía basada en la deuda y las burbujas; facilitó el surgimiento del estado de guerra y el estado de bienestar; y agobiaron a los estadounidenses con un  oculto, en constante aumento y regresivo, impuesto de inflación.

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Peter Klein y Nicolai Foss sobre los gerentes en estructuras de negocios planas

01/18/2019Mises Institute

La revista en línea Aeon actualmente presenta un artículo sobresaliente de nuestros eruditos Peter Klein y Nicolai Foss sobre la tendencia hacia estructuras de negocios "sin jefe". Lejos de ser intermediarios redundantes, argumentan, se necesitan más gerentes que nunca en las empresas que aspiran a una organización plana, descentralizada y democrática.

Klein y Foss desafían la idea de que los gerentes se volverán obsoletos, reemplazados por trabajadores del conocimiento autodirigidos y súper conectados:

Este movimiento está ganando fuerza por un par de razones. En primer lugar, el modelo de la empresa sin jefe sin duda capta algunas tendencias, sin embargo, de manera inexacta. En segundo lugar, es una parte muy importante del Zeitgeist del siglo XXI en su énfasis en el desarrollo personal, la resiliencia y el cumplimiento a través del empoderamiento de los empleados y los procesos de decisión descentralizados y democráticos. También hay un fuerte trasfondo moralista y político en la narrativa; en Private Government (2017), la filósofa Elizabeth Anderson sostiene que las empresas son efectivamente Estados totalitarios, que gozan de derechos y privilegios que serían inconstitucionales para los Estados ordinarios imponer a sus ciudadanos. El historiador Caitlin Rosenthal ha argumentado que el sistema de fábrica, la jerarquía y la autoridad de gestión se derivan en parte del sistema esclavo. ¿Qué puede ser más moralmente defendible que deshacerse de los restos de la esclavitud?

Desafortunadamente, la narrativa de la empresa sin jefe está completamente equivocada. Entiende mal la naturaleza de la gestión, que no desaparece, y se basa en pruebas cuestionables. Dados estos defectos fundamentales, esta narrativa es potencialmente dañina para los gerentes, los estudiantes y los formuladores de políticas.

¿Los beneficios de la tecnología en el ensamblaje y la organización de empresas modernas se sobrevenden?

Si bien los milagros tecnológicos, como Internet, las comunicaciones inalámbricas baratas y confiables, las leyes de Moore, la miniaturización y los mercados de información han provocado grandes cambios en la fabricación, el comercio minorista, el transporte y las comunicaciones, las leyes de la economía siguen siendo las leyes de la economía. Y la naturaleza humana no ha cambiado. El problema básico de la administración y los negocios: cómo reunir, organizar y motivar a grupos de personas y recursos para producir bienes y servicios que los consumidores desean, sigue siendo el mismo. Desde la revolución industrial, los empresarios han estado organizando actividades extremadamente complejas en empresas que no están completamente centralizadas ni completamente planas. Imagine la complejidad del funcionamiento de un ferrocarril nacional, una fábrica de acero o una planta de ensamblaje de automóviles en el siglo XIX y principios del XX. Todas estas fueron "actividades basadas en el conocimiento" y se realizaron en equipos organizados en varias estructuras. ¿Son las cosas tan diferentes hoy?

Su conclusión:

En resumen, el panorama comercial actual presenta desarrollos interesantes en tecnología de la información, redes y colaboración que han llevado a nuevas formas de organización, producción y distribución. Sin embargo, lejos de hacer obsoleta la gestión, estos cambios hacen que una buena gestión sea más importante que nunca. El cambio de la gestión como dirección a la gestión a medida que se hacen y se hacen cumplir las reglas está entrando lentamente en la literatura de administración y el currículo de la escuela de negocios. Ese es un cambio de paradigma que vale la pena abrazar.

Este es un artículo que debe leerse a cualquier persona interesada en el tema candente de la gestión empresarial en el siglo XXI.

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La escuela austriaca en el Parlamento Europeo

01/16/2019Max Rangeley

El año pasado, en la sucursal europea del Instituto Ludwig von Mises (Europa) organizamos el primer evento escolar austriaco en el Parlamento Europeo. Amjad Bashir, miembro del Parlamento Europeo, un gran partidario de la libre empresa dentro del Parlamento, patrocinó el evento, que se creó para coincidir con la publicación de uno de los mejores libros sobre la escuela austriaca en los últimos años, Banking and Monetary Policy from the Perspective of Austrian Economics.

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Al igual que yo, los otros dos oradores fueron Miembros del Parlamento Europeo, el MPE Joachim Starbatty, y Brendan Brown, economista jefe del Mitsubishi Bank, posiblemente el mayor banco del mundo por activos distintos de los bancos estatales de China. Si bien ha habido otros eventos a favor de la empresa y del mercado libre en el Parlamento Europeo, hasta ahora todos han descuidado el "problema del dinero", al menos como lo verían los de la escuela austriaca. El profesor MPE Starbatty hizo un resumen elocuente de la teoría austriaca del ciclo económico, mientras que Brendan Brown llevó los principios austriacos a los problemas actuales en el sector bancario. Decidí hablar sobre la burbuja actual y cómo esto se puede explicar con conceptos austriacos. Este evento también refuerza el lugar del Instituto Ludwig von Mises (Europa) como uno de los principales think tanks en Europa; en unos pocos meses, hemos publicado un libro de texto de definición e introducido la escuela austriaca dentro del propio Parlamento Europeo.

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En mi experiencia, cada vez más pensadores del mercado libre están tendiendo hacia la Escuela Austriaca, y es la farsa de años de tasas de interés del cero por ciento lo que ha logrado esto. Cuando estalle la Súper Burbuja actual, debemos estar preparados para proporcionar respuestas a cómo se creó esta burbuja, ya que muchos culparán al "libre mercado" y exigirán que el gobierno "actúe".

A continuación, puede ver mi discurso en el que describí cómo las políticas de los bancos centrales de tasas de interés del cero por ciento y flexibilización cuantitativa han creado la burbuja más grande en toda la historia humana. Occidente ha celebrado un pacto faustiano con el sistema bancario central para toda una generación, y cada recesión ha sido respondida creando una burbuja de deuda aún mayor con tasas de interés cada vez más bajas y, por supuesto, una dependencia de la deuda aún peor.

Max Rangeley Speech in the European Parliament on the Coming Economic Collapse

https://youtu.be/rMOMdydsTgg

Springer, una de las mejores editoriales académicas, publica el libro "Banking and Monetary Policy from the Perspective of Austrian Economics". El Instituto Ludwig von Mises (Europa) realizó el excelente trabajo de reunir colaboradores para el libro, que incluye a Jesús Huerta de Soto, Walter Block, Guido Hülsmann y Gunther Schnabl, así como a otros grandes pensadores contemporáneos de la Escuela Austriaca. Annette Godart-van der Kroon, Presidenta de Instituto Mises-Europa, editó el libro. Si es estudiante o profesor, vea si puede persuadir a su institución para que obtenga una copia.

Esperemos que la tendencia pueda continuar con los responsables políticos que se interesan por la Escuela Austriaca. Tenemos que ser pacientes al explicar algunos de estos problemas, pero cada vez más mentes están abiertas a explicaciones sobre cómo los bancos centrales distorsionan la economía.

Por cierto, dos días después también di un discurso en la "Conferencia del futuro del dinero" en la Escuela de Finanzas y Administración de Frankfurt. La gente del Banco de Inglaterra, el Banco Central Europeo y el Riksbank sueco, entre otros, discutieron cómo se desarrollará el dinero en la próxima generación, incluidas las denominadas Monedas digitales del Banco Central (CBDC por sus siglas en inglés, de las cuales sin duda escuchará más en los próximos años). Tuve el placer de escuchar a William White, ex economista en jefe del Banco de Pagos Internacionales y Economista en Jefe de la OCDE, dar un discurso excelente sobre la burbuja creada por la política monetaria radical. Bill ha tenido distintas tendencias austriacas durante su tiempo en la cima del establecimiento monetario global, citando a Hayek y otros en su trabajo.

Las placas tectónicas intelectuales dentro de la economía están cambiando, y la Escuela Austriaca está bien situada para proporcionar explicaciones sobre el estallido de la Súper Burbuja.

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El “instinto” de Trump

01/12/2019Doug French

Hablando en el Washington Post, el presidente Trump dijo: “Mi instinto me dice más a veces, que el cerebro de cualquier otra persona me puede decir”. Este comentario generó burlas en abundancia, ya que la gente se imagina el receptáculo de una ingesta diaria de galones de cola dietética y múltiples Big Macs de alguna manera proporciona algo inteligente. Sin embargo, este clásico sofismo de  Trump tiene cierto mérito después de leer The Hour Between Dog and Wolf: How Risk Taking Transforms Us, Body and Mind de John Coates.

La parte II del libro se titula “Pensamiento instintivo”, y la tesis del libro es que nuestras mentes y cuerpos están conectados en nuestras acciones. Coates enfoca su historia en los operadores de bonos del tesoro que actúan con éxito por instinto adquirido de la experiencia. Escribe: “Pensar, se podría decir, es algo que hacemos solo cuando no somos buenos en una actividad”.

“Hay pocos fenómenos en finanzas más notables, incluso misteriosos”, escribe Coates, “que este vínculo estrecho entre el mercado y el cuerpo”.

El hecho es que nuestros cuerpos reaccionan a las noticias y se arriesgan más rápido que nuestros cerebros. El pensamiento consciente se deja en el polvo cuando reaccionamos y especialmente cuando asumimos riesgos. Por supuesto, los economistas neoclásicos despojarían la noción de que nuestros cuerpos reaccionan ante amenazas y riesgos, después de todo, todos somos seres racionales, haciendo lo que es racional en todo momento. Sí claro.

Si bien lo anterior es esencialmente el argumento de Coates, más tarde escribe:

Levantar el capó de nuestro cerebro no revela el inframundo de Kant, ni la voluntad volcánica del superhombre de Nietzsche, ni tampoco la cueva subterránea infernal del subconsciente de Freud. Revela algo que está mucho más cerca del funcionamiento interno de un BMW.

El cerebro de todos no es de la calidad de BMW, sin mencionar los distintos niveles de calidad del cuerpo. Los comerciantes, sostiene Coates, deben tener un coeficiente intelectual que sea “lo suficientemente alto”, pero lo más importante es “un apetito de riesgo y una ambición de conducción”. También es importante la resistencia física. Señala que muchos traders son ex atletas.

Ciertamente, el presidente, tiene la ambición y el apetito de riesgo. Sus instintos, como Coates describe los instintos en general, “actúan con poder” y “no solo son reales; son esenciales para la elección racional”.

El autor afirma que el instinto “tiene su propio "cerebro". El nervio vago, el nervio principal en el sistema nervioso de reposo y digestión, une el tallo cerebral, la caja de voz, el corazón, el páncreas y el intestino. En total, el 80 por ciento de sus fibras llevan información al cerebro, principalmente desde el corazón y el intestino”.

A medida que el libro avanza, el enfoque se centra en la dopamina, la testosterona y el cortisol. La dopamina modula los niveles de motivación, con qué entusiasmo los seres humanos (o animales) quieren las cosas. La dopamina lleva a los humanos a probar cosas nuevas y resolver el problema de conocimiento de F. A. Hayek. “El conocimiento de las circunstancias que debemos aprovechar nunca existe en forma concentrada o integrada”, explicó Hayek, “sino únicamente como los fragmentos dispersos de conocimiento incompleto y frecuentemente contradictorio que poseen todos los individuos separados”.

Probar cosas nuevas implica tomar riesgos y ahí es donde entra la testosterona. Los comerciantes y los empresarios son impulsados ​​por la testosterona. A Coates le preocupa que la testosterona disminuya la obesidad, “puede estar atenuando los instintos y el impulso empresarial del que depende nuestra prosperidad y felicidad”.

Las operaciones ganadoras aumentan la testosterona, mientras que los choques del mercado agotan la hormona, a veces durante años. La retroalimentación de la testosterona, desafortunadamente, puede llevar a los comerciantes y empresarios a creerse invencibles. Y así, los mítines se convierten en burbujas. Coates menciona adquisiciones mal concebidas y rascacielos récord, proporcionando apoyo biológico al trabajo de Mark Thornton en The Skyscraper Curse.

El cortisol es lo opuesto a la testosterona. A medida que los mercados se desploman, el cortisol se libera “causando que [el] cuerpo y el cerebro se hundan a largo plazo”. El cortisol esencialmente inmuniza al cuerpo contra los traumas, al suprimir la producción de testosterona, al tiempo que es un poderoso antiinflamatorio.

Los niveles de cortisol aumentan con la volatilidad. Coates especula que esta hormona forma “la base fisiológica del mercado de derivados”.

El cortisol y la CRH (una sustancia química producida durante el estrés) llevan a los comerciantes (y todos los demás pueden asumir) a ser vulnerables “a los rumores y a la sospecha de conspiración”. Coates escribe: “Cada catástrofe que se rumorea recibe ahora tanta credibilidad y tiene tanto efecto en los mercados, como datos económicos duros”.

“El cortisol es la molécula del pesimismo irracional”, explica Coates. Las personas mayores son especialmente susceptibles porque dejan de producir testosterona y producen altos niveles de cortisol.

Mientras que los comerciantes e inversionistas profesionales tienen una gran cantidad de testosterona que fluye a través de ellos, los aficionados tienen “niveles crónicos de cortisol elevados”. La ansiedad constante los obliga a rescatar lo que podrían ser operaciones ganadoras.

La edición del 30 de noviembre del Elliott Wave Financial Forecast citó ejemplos de la prensa financiera que intentaba mantener el ánimo de los inversores individuales. Esto fue antes de la bajada de diciembre en los precios de las acciones. Por ejemplo, “Ignora la penumbra”, dijo USA Today.

El instinto de Trump tiene razón. El mercado de valores está en problemas y sabe que necesita culpar a alguien, al presidente de la Fed, Jerome Powell, temprano y con frecuencia.

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Aún luchando la última guerra contra el socialismo

01/11/2019Jeff Deist

¿Por qué persiste el apoyo al socialismo?

La respuesta breve puede ser la naturaleza humana simple, nuestra tendencia natural a la insatisfacción con el presente y la inquietud sobre el futuro. Incluso en medio de comodidades materiales casi inimaginables posibles solo por los mercados y los empresarios, ambos ridiculizados por los socialistas, no podemos lograr vencer de manera concluyente los argumentos cansados ​​pero letales de la propiedad colectiva del capital. Somos tan ricos que los socialistas imaginan que la riqueza material a nuestro alrededor continuará organizándose mágicamente, sin importar los incentivos.

Es un problema molesto, y no académico. Millones de jóvenes en todo Estados Unidos y Occidente consideran que el socialismo es un enfoque viable e incluso noble para organizar la sociedad, literalmente inconsciente de los montones de cuerpos que varios gobiernos socialistas produjeron en el siglo XX. Los crecientes socialistas demócratas de América, liderados por los favoritos de los medios Rashida Tlaib y Alexandria Ocasio-Cortez, ahora disfrutan de un estatus de niño genial. El abiertamente socialista Bernie Sanders casi ganó la candidatura del Partido Demócrata a la presidencia de 2016 antes de ser derrotado por la maquinaria de Clinton. El alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, anuncia amablemente que “hay mucho dinero en esta ciudad que está en las manos equivocadas”. Defiende con libertad y entusiasmo la confiscación y la redistribución de la riqueza sin dañar su popularidad política.

Rand Paul y Thomas Massie son atípicos a la derecha. Ocasio-Cortez y de Blasio no son valores atípicos en la izquierda.

¿Cómo es esto posible, incluso cuando los mercados y el semicapitalismo sacan a millones de la pobreza? ¿Por qué el socialismo sigue apareciendo y por qué muchas personas bienintencionadas (y malintencionadas) siguen cayendo por algo tan evidentemente malo e inviable? ¿Por qué algunas batallas tienen que ser peleadas una y otra vez?

La Unión Soviética se derrumbó y la Guerra de Berlín cayó hace décadas. El Bloque del Este descubrió el consumismo occidental, y le gustó. Bill Clinton declaró terminada la era del Gran Gobierno, y Francis Fukuyama declaró absurdamente que la ideología occidental había ganado para siempre. Incluso China y Cuba eventualmente sucumbieron a la presión por mayores libertades económicas, no debido a ningún cambio ideológico, sino porque se hizo imposible ocultar la realidad de la riqueza capitalista en el extranjero.

Sin embargo, la libertad económica y los derechos de propiedad están siendo atacados hoy en día en las naciones occidentales que se hicieron ricas gracias a ellas.

Los socialistas de hoy insisten en que su sociedad modelo se vería como Suecia o Dinamarca; No la URSS ni la Alemania nazi o Venezuela. Simplemente quieren equidad e igualdad, atención médica gratuita y educación, el fin de la riqueza “atesorada”, etc. Y no siempre abogan por o incluso conocen la definición de libro de texto del socialismo, como aprendieron los profesores Benjamin Powell y Robert Lawson asistiendo a conferencias socialistas (vea su nuevo libro  Socialism Sucks: Two Economists Drink Their Way Through the Unfree World). En muchos casos, los jóvenes piensan que el socialismo simplemente significa un mundo feliz donde se cuida a las personas.

No importa, los países escandinavos en cuestión insisten en que no son socialistas, no importa las atrocidades de Stalin o Mao o Pol Pot, y no importa el caso abrumador de Ludwig von Mises y otros contra la planificación económica central. Sin propietarios privados, sin capital en riesgo, sin precios, y especialmente sin señales de pérdidas y ganancias, las economías se corrompen rápidamente y sirven solo a la clase política. Nicolás Maduro banquetea mientras los venezolanos pobres comen perros, pero, por supuesto, esto no es un socialismo “real”.

La historia y la teoría no son importantes para los socialistas porque imaginan que la sociedad puede ser diseñada. Los viejos argumentos y los ejemplos históricos simplemente no se aplican: incluso la naturaleza humana es maleable, y cada vez que nuestras tendencias obstinadas no se ajustan a los grandes planes del socialismo, la culpa es de una “construcción social”.

Estos espasmos más recientes de apoyo a la ideología mortal del socialismo nos recuerdan que los progresistas no están bromeando. Puede que no entiendan completamente lo que significa el socialismo, pero intentan lograrlo. La atención médica inmediata, la educación “gratuita”, los esquemas de redistribución de la riqueza, los impuestos a la renta altamente progresivos, los impuestos a la riqueza, las prohibiciones de armas y la reducción radical de los combustibles fósiles están en la agenda inmediata. Harán esto rápido si es posible, incrementalmente si tienen que hacerlo (vea, nuevamente, el siglo XX). Lo harán con o sin apoyo popular, utilizando legislaturas, tribunales y jueces, agencias supranacionales, adoctrinamiento universitario, medios amistosos, o cualquier herramienta política, económica o social que se requiera (incluidas las leyes de desdoblamiento y discursos de odio). Esto no es paranoia; todo esto se discute abiertamente Y diga lo que quiera sobre el progresismo, tiene un eje central si es falso: el igualitarismo.

Los conservadores, por el contrario, no son serios. No tienen espíritu animador. No hablan mucho de libertad o propiedad o mercados o oportunidad. No quieren decir lo que dicen sobre la Constitución, no harán nada para limitar el gobierno, no tocarán los derechos o los gastos de defensa, no abolirán el Departamento de Educación o una sola agencia federal, no tocarán las leyes del aborto, y seguro que no abandonarán sus propios impulsos socialistas.. El trumpismo, aunque no era conservador ni completamente no intelectual, impulsó una apuesta final a través del apenas latible corazón del intelectualismo del Derecho, desde el Weekly Standard hasta el National Review. El conservatismo de hoy es incoherente, tanto ideológica como tácticamente incapaz de contrarrestar la creciente ola del socialismo.

Los generales siempre pelean la última guerra, y la política no es diferente. Todos tendemos a ver el clima político actual en términos de divisiones antiguas y familiares, alianzas de larga data y retórica obsoleta. Todos nos aferramos a la cómoda ideología e influencias que nos ayudan a dar sentido a un mundo caótico. Como dijo recientemente un comentarista, los Baby Boomers liberales todavía piensan que es 1968 y los Baby Boomers conservadores todavía piensan que es 1985. La Generación X y los Millennials exhibirán las mismas anteojeras. Puede ser desalentador seguir luchando en lo que debería ser una batalla largamente establecida contra el socialismo, pero hoy no tenemos otra opción.

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Mark Thornton se une a Glenn Beck para hablar de The Skyscraper Curse

01/10/2019Mark Thornton

El Dr. Mark Thornton se unió a Glenn Beck para una entrevista sobre cómo los economistas austriacos han predicho cada crisis importante del siglo pasado.

La entrevista comienza en el minuto 44:50.

The Skyscraper Curse está disponible ahora como tapa dura, libro de bolsillo, libro electrónico y audiolibro en la tienda Mises ...

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Cuando falla el compromiso democrático: se proscribe la matanza kosher en Bélgica.

01/04/2019Ryan McMaken

El 1 de enero de este año, entró en vigencia una nueva ley en la región flamenca de Bélgica, que prohíbe efectivamente la matanza kosher de animales “después de que los parlamentos regionales introdujeron prohibiciones para los animales que no han sido aturdidos”.1

Según The Jewish Chronicle:

La shejita está prohibida en Flandes a partir del 1 de enero, mientras que restricciones similares se aplicarán en la región valona de habla francesa a partir de septiembre de 2019.

Los rabinos locales dijeron que estaba en directa contradicción con la ley judía, que requiere que un animal no esté lesionado y tenga una salud óptima antes del sacrificio.

Uno agregó que las medidas belgas estaban poniendo la vida judía “en riesgo”.

La motivación detrás de las nuevas leyes proviene en parte de las preocupaciones sobre el bienestar animal. Así, los legisladores belgas tuvieron que elegir entre la libertad religiosa para los judíos y el bienestar animal. Eligieron a los animales.

Claramente, aquí hay un conflicto de valores fundamental entre aquellos motivados por el bienestar animal y aquellos motivados por la libertad religiosa.

Vemos conflictos similares entre los defensores de la libertad religiosa y los que se oponen a la circuncisión masculina, y entre las dos partes en el debate sobre el aborto. Lo vemos en los debates sobre las prohibiciones de las coberturas de los musulmanes. En los sistemas políticos democráticos, incluidos aquellos con fuertes protecciones constitucionales para las minorías, la opinión de la mayoría finalmente triunfa. Las constituciones se pueden cambiar, y lo que la mayoría considera “correcto” eventualmente se convertirá en la posición de todas las instituciones.

Además, en casos como la matanza kosher, las actividades a las que se dirige no son meras preferencias. Tocan los valores fundamentales y presentan un claro conflicto con otros sistemas de valores. En casos como estos, donde no hay espacio aparente para el compromiso. Y si no hay un “punto medio”, ¿qué valores deben prevalecer?

La democracia no siempre funciona

En la mayor parte de Occidente, por supuesto, desde una edad temprana a todos nos enseñaron que la “democracia” permitirá que todo funcione por sí solo. Las partes en conflicto entrarán en un “diálogo”, llegarán a un “compromiso” y, luego, todos estarán felices y en paz al final.

Pero, no es así como funciona en la vida real. Si bien hay algunas áreas de compromiso que se pueden encontrar alrededor de los límites de temas como los valores morales y la identidad étnica, el hecho es que al final, las carnes kosher son legales o no lo son. La circuncisión es legal o no lo es. El aborto es legal o no lo es. Las cubiertas musulmanas para la cabeza son legales o no lo son.

Después de todo, si un grupo de personas cree que un feto de 3 meses es un parásito que ha invadido a la madre, esas personas encontrarán poco espacio para comprometerse con un grupo de personas que piensan que el mismo feto es una persona. Merece protección legal.

De hecho, vemos las deficiencias de la democracia en el trabajo cada vez que surge este último problema. Un lado llama a los otros asesinos que son cómplices en el asesinato de bebés. El otro lado llama a sus oponentes patanes y bárbaros, probablemente motivados por poco más que misoginia enloquecida. Por supuesto, dinámicas similares están presentes en casos relacionados con los derechos de los animales, la circuncisión y los pañuelos. Un lado piensa que su lado es la única opción aceptable para las personas virtuosas. La “virtud”, por supuesto, puede definirse de muchas maneras. De hecho, algunos están tan cegados por sus prejuicios culturales que incluso llegan a la conclusión de que ninguna persona “civilizada” podría creer que, por ejemplo, la circuncisión es otra cosa que una práctica bárbara. Los que continúan creyendo en tales cosas deben, por lo tanto, ser obligados “al siglo XXI” por el poder coercitivo del estado. Sus creencias religiosas, como exigía Hillary Clinton en 2015, “tienen que ser cambiadas“.

Estos problemas también existen bajo regímenes autoritarios, no democráticos. Pero los anti-demócratas generalmente admiten que el estado está utilizando la fuerza para apoyar a un lado sobre el otro. Los demócratas, por otro lado, a menudo prefieren disfrutar de ficciones reconfortantes. Lo que muchos partidarios de la democracia se niegan a admitir es que no hay un debate pacífico que resuelva este conflicto. El conflicto es de naturaleza filosófica y moral. Y, mientras ambos lados se vean obligados a vivir bajo un solo sistema legal, cualquier “compromiso” tomará la forma de un lado imponiendo su posición en el otro por la fuerza. Al final, la parte perdedora será gravada para respaldar al régimen que ignora sus puntos de vista y obliga a cumplir con las leyes establecidas por la parte ganadora.

Aquellos en el lado ganador, por supuesto, no ven ningún problema aquí. Lo que la minoría piensa como “opresión” es realmente, según los ganadores, simplemente “modernización”, “progreso”, “decencia”, “sentido común” o simplemente “la voluntad de la mayoría”. El hecho de que la ejecución de esa voluntad de la mayoría se base en la violencia estatal es poco preocupante.

La solución: secesión y descentralización

Ludwig von Mises, quien era un demócrata, ofreció una solución al problema de las mayorías democráticas: la autodeterminación a través de la secesión y la descentralización.

Para Mises, las poblaciones no deben ser forzadas perpetuamente en estados donde nunca podrán ejercer la autodeterminación debido a la presencia de una mayoría más poderosa. Entonces, a nivel práctico, las poblaciones en regiones, ciudades y aldeas dentro de los estados existentes deben ser libres para formar sus propios estados, unirse a otros estados con mayorías más amistosas o, al menos, ejercer un mayor autogobierno a través de la descentralización.

Además, para adaptarse a las realidades de las poblaciones, la demografía y las culturas en constante cambio, las fronteras y los límites deben cambiar con el tiempo para minimizar el número de personas como miembros de poblaciones minoritarias con poca o ninguna opinión en los gobiernos nacionales controlados por mayorías hostiles.

En la visión de Mises, no hay una solución perfecta. Siempre habrá algunos grupos minoritarios que están en desacuerdo con la mayoría gobernante. Sin embargo, al hacer que los estados sean más pequeños, más numerosos y más diversos, las comunidades y los individuos tienen más posibilidades de encontrar un estado en el que sus valores coincidan con la mayoría. Sin embargo, los grandes estados unitarios ofrecen exactamente lo contrario: menos opciones, menos diversidad y menos cambios para ejercer la autodeterminación.

La opción de las confederaciones descentralizadas

Tampoco todas las jurisdicciones políticas tienen que ser estados totalmente independientes. El propio Mises abogó por el uso de la confederación como solución a los problemas de las minorías culturales y lingüísticas. Las confederaciones podrían formarse con fines de defensa nacional y diplomacia, señaló Mises. Pero en cualquier país con una población diversa, para mantener la paz interna, el autogobierno de los asuntos internos debe mantenerse localizado para minimizar la capacidad de un grupo mayoritario de dominar a un grupo minoritario.

Mises no inventó esta idea, por supuesto. Este tipo de confederación fue justificada por motivos similares por los fundadores de la Confederación Suiza y los Estados Unidos. Además, aunque no se había planeado con anticipación, el gobierno de Austria-Hungría se descentralizó por necesidad para minimizar el conflicto interno. En casos como estos, los asuntos de idioma, religión, educación e incluso política económica deben ser manejados por la mayoría local, independientemente de las mayorías a nivel nacional. O bien, la democracia se convierte en poco más que una herramienta para que la coalición ganadora reprima a la coalición perdedora.

Durante décadas, esto funcionó en varias ocasiones en los Estados Unidos. En cuanto al aborto, por ejemplo, los estadounidenses acordaron antes de Roe v Wade, permitir que las leyes de aborto se determinen a nivel local y se mantengan fuera del alcance del gobierno nacional. Las escuelas públicas, y lo que se enseñaba en ellas, estaban gobernadas casi exclusivamente por los consejos escolares locales y los gobiernos estatales. Incluso las políticas de inmigración y los problemas lingüísticos fueron decididos por las mayorías locales, y no por las nacionales. Mientras estos asuntos siguieran siendo asuntos locales, eran irrelevantes para la política nacional. En estas condiciones, una victoria para una parte u otra a nivel nacional tiene poco impacto en la práctica diaria de la religión, los valores morales o la escolaridad.

Sin embargo, a medida que la democracia localizada se convierte en democracia de masas, las mayorías ejercen un poder cada vez mayor sobre los grupos minoritarios. Cada elección se convierte en un referéndum nacional sobre cómo la mayoría usará su poder para aplastar a aquellos que representan una amenaza para el sistema de valores prevaleciente. Peor aún, cuando hay una “ley de la tierra” a nivel nacional, no hay escape de sus efectos, salvo para reubicar a cientos de millas de distancia a una tierra extranjera donde el emigrante debe aprender un nuevo idioma y una nueva forma de vida lejos de los amigos y familia.

No hace falta decir que, a medida que aumenta este tipo de centralización democrática, los riesgos son cada vez más altos. El potencial de violencia se hace más grande y la privación de derechos de los grupos minoritarios se hace cada vez más palpable.

Mises entendió bien cuál es el juego final de este proceso. Es malestar político y social, seguido de la represión política para “restaurar” el orden. Incluso la guerra puede seguir. Para Mises, la necesidad de garantizar la autodeterminación localizada no era un mero ejercicio intelectual para los científicos políticos. Era un asunto esencial para la preservación de la paz y la libertad. Haríamos bien en tomar el asunto tan en serio como él lo hizo.

  • 1. La ley también prohíbe la matanza “halal”, que es básicamente la versión musulmana de la matanza kosher, y es extremadamente similar. No es sorprendente que el pasaje de la ley estuviera motivado en parte por el sentimiento anti-musulmán en Bélgica, aunque el bienestar antimasculino fue la justificación más utilizada para la legislación.
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Jeff Deist en The Washington Times: Las reglas no domesticarán a la Fed

12/26/2018The Editors

Jeff Deist publicó recientemente una editorial en The Washington Times   desafiando varias propuestas, populares entre los think tanks de DC, para crear "reglas" u objetivos de política monetaria basados ​​en datos estadísticos relacionados con la inflación o el PIB.  

Algunos puntos destacados:

Uno espera que el  Sr. Powell   se adhiera a sus armas y su anterior compromiso de ajustarse ante las malas noticias económicas. Sin duda se enfrentará a la presión, y no solo del presidente Trump y del Congreso. Casi todo el coro de los think tanks suenan igual cuando se trata de política monetaria: la Institución Brookings, el American Enterprise Institute, la Fundación Heritage, el Mercatus Center y el Instituto Cato ofrecen una versión de la política basada en reglas.

Las reglas están destinadas a romperse. Las propuestas basadas en reglas son relativamente complejas y no son particularmente adecuadas para ganar al congreso. Una cosa es legislar un amplio mandato dual para el  alimentados y esperar lo mejor. Otra de ellas es llegar a un acuerdo bipartidista sobre la Regla de Taylor y ordenar su ejecución por ley. Es probable que las propuestas basadas en reglas se conviertan en políticas internas de la Fed a lo sumo, no en leyes.

Pero como hemos visto, las reglas de política tienden a salir por la ventana en tiempos de crisis económica.   El presidente de la Fed no sirve en un vacío; la política y los acontecimientos actuales a menudo arrasan con la independencia de la Fed. Solo Paul Volcker y William McChesney Martin parecían haberse resistido a las órdenes de presidentes infelices.

Las reglas monetarias no llegan realmente al corazón de las cosas. El análisis técnico y las fórmulas matemáticas sólo ocultan la complejidad y falibilidad humana del mundo real. El Sr. Powell y compañía tienen la tarea de determinar la «mejor» política monetaria para 320 millones de estadounidenses con intereses muy diversos.

La respuesta a nuestros problemas económicos que se avecinan reside en reconocer que ningún cambio de política monetaria puede reemplazar las correcciones fundamentales que deben tener lugar: quiebra, liquidación y reestructuración de empresas para eliminar la deuda incobrable; tasas de interés más altas para alentar la formación de capital y desalentar más la mala inversión ; el fin de los rescates directos por parte del Congreso y los rescates de rotondas por parte de la Fed; y un programa serio de gasto y reducción de deuda en Washington que no ahorra derechos ni defensas.

Como deja claro el artículo, el análisis estadístico o matemático de los datos económicos no puede salvar a los funcionarios de la Fed de su tarea insuperable: determinar la oferta y el precio del dinero en una economía vasta. Como Ludwig von Mises explicó hace más de un siglo en La teoría del dinero y del crédito, el dinero es un fenómeno del mercado; como tal, no se puede diseñar a través de ninguna cantidad de políticas técnicas monetarias o fiscales:

Todas las propuestas que tienen como objetivo eliminar las consecuencias de la política económica y financiera perversa, simplemente mediante la reforma del sistema monetario y bancario, son fundamentalmente erróneas. El dinero no es más que un medio de intercambio y cumple completamente su función cuando el intercambio de bienes y servicios se lleva a cabo más fácilmente con su ayuda de lo que sería posible por medio del trueque. Los intentos de llevar a cabo reformas económicas desde el lado monetario nunca pueden constituir nada más que un estímulo artificial de la actividad económica por una expansión de la circulación, y esto, como debe ser enfatizado constantemente, debe necesariamente conducir a crisis y depresión. Las crisis económicas recurrentes no son más que la consecuencia de los intentos, a pesar de todas las enseñanzas de la experiencia y todas las advertencias de los economistas, de estimular la actividad económica por medio de crédito adicional.  

No podemos "reformar" el Banco de la Reserva Federal más de lo que podemos reformar la FDA o el IRS o la TSA. La política y el problema del cálculo económico no se pueden superar con retoques.

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El programa Obamacare estaba destinado a ahorrar dinero, en lugar de eso mató a miles

12/21/2018Tho Bishop

Al elaborar Obamacare, la principal prioridad para los redactores de políticas no era identificar las mejores formas en que los pacientes podían recibir la atención médica que necesitaban, sino identificar formas de reducir los costos de la atención. En lugar de trabajar para deshacer el laberinto de la regulación y los programas gubernamentales que contribuyen directamente a los altos costos de la atención médica estadounidense, los expertos en políticas de la administración de Obama trabajaron para identificar formas en que el Estado podría ahorrar dinero reformando los programas existentes y cambiando las operaciones de los hospitales.

Una de esas iniciativas fue el programa de reducción de readmisiones hospitalarias, diseñado por la agencia gubernamental a cargo de Medicare y Medicaid. El propósito del plan era simple, los estudios mostraron que el 20% de los pacientes de Medicare que fueron dados de alta de los hospitales terminaron regresando dentro de los 30 días, a menudo por causas prevenibles. El objetivo de este nuevo programa era incentivar a los hospitales a tomar medidas proactivas para tratar a estos pacientes, penalizándolos por las altas tasas de reingreso.

El programa fue aclamado inicialmente como una de las partes más exitosas de la Ley del Cuidado de Salud a Bajo Precio. Las tasas de reingreso disminuyeron, lo que dio como resultado ahorros para el programa Medicare. Algunos incluso pidieron expandir el programa.

Si bien el programa logró ahorrarle dinero al Estado, nuevos estudios ahora muestran que los ahorros pueden haber contribuido a miles de muertes prevenibles.

En el New York Times, los cardiólogos Rishi K. Wadhera, Robert W. Yeh y Karen E. Joynt Maddox explicaron los resultados de un nuevo estudio que analiza el programa.

En sus palabras:

Una mirada más profunda al Programa de Reducción de Lecturas Hospitalarias revela algunas tendencias preocupantes. Primero, desde que se implementó la política, es más probable que los pacientes que regresan a un hospital sean atendidos en salas de emergencia y unidades de observación. Esto ha generado preocupación porque algunos hospitales pueden estar evitando reingresos, incluso para los pacientes que se beneficiarían más de la atención de pacientes hospitalizados.

En segundo lugar, los hospitales de la red de seguridad con recursos limitados han sido penalizados desproporcionadamente por el programa porque tienden a atender a más pacientes de bajos ingresos que tienen un riesgo mucho mayor de reingreso. La penalización financiera de estos hospitales de escasos recursos puede impedir su capacidad para brindar una buena atención.

Finalmente, y lo más preocupante, existe una creciente evidencia de que mientras las tasas de reingreso están disminuyendo, las tasas de mortalidad pueden estar aumentando... Si asumimos que el programa fue directamente responsable de estos aumentos en la mortalidad y que las tendencias anteriores no hubieran continuado, el programa puede haber resultado en 10.000 muertes más entre los pacientes con insuficiencia cardíaca y neumonía.

Los autores del artículo concluyen con la pregunta “¿Por qué las políticas que influyen profundamente en la atención al paciente no se estudian rigurosamente antes de la implementación generalizada?”

La mejor es “¿por qué deberían los responsables de las políticas gubernamentales influir en las prácticas generales de los hospitales en primer lugar?”

Desafortunadamente, este es simplemente el último ejemplo de los peligros de la atención médica administrada por el gobierno en los Estados Unidos. Desde los planes de seguro del gobierno con programas de pago, hasta la codificación médica y los programas gubernamentales de arriba hacia abajo en nombre del “control de costos”, los políticos de Washington han continuado ubicando a los burócratas del gobierno y las compañías de seguros entre un paciente y su profesional médico.

En palabras del Dr. Michel Accad:

De todos los sectores económicos, la atención de salud debe estar claramente entre los más dependientes del conocimiento local. Después de todo, la forma de tratar mejor a un paciente está decididamente limitada en el aquí y ahora. Sin embargo, atraídos por la idea de que la medicina es una empresa científica, perseveramos en nuestro intento de administrar la atención médica con los mismos métodos que no optimizarían la construcción y distribución de incluso un simple lápiz.

Si bien este nuevo estudio debería detener a todos los responsables de la formulación de políticas federales que luchan por lograr un mayor control gubernamental sobre la atención médica, sabemos que no lo hará. Ya están creciendo los tambores para que la Cámara controlada por los demócratas obligue a votar el mal llamado proyecto de ley de Medicare para Todos, defendido por Bernie Sanders y sus compañeros socialistas democráticos.

Continuarán diciendo que su programa “ahorrará dinero”. Aquellos que estén familiarizados con la historia sabrán que simplemente costará vidas.

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La Oferta de Dinero Real en las noticias

Zero Hedge ha reimpreso mi reciente publicación de Mises Wire en la que se analizan los movimientos históricos del agregado de Oferta de Dinero Real (True Money Supply) de Rothbard-Salerno y lo que auguran para el futuro del auge actual de la economía de los Estados Unidos.

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