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Los últimos modelos de autos: el Gran Hermano te está observando

El Gran Hermano es un personaje de la novela 1984, de George Orwell, la entidad que gobierna Oceanía a través del partido único y tiránico: el Ingsoc. Nadie sabe de su existencia, pero es omnipresente a través de las telepantallas, con una fuerte propaganda y controlando todo.

Un artículo escrito por Steve Watson en Modernity.news, relata cómo el estado de vigilancia ha encontrado su nueva frontera: la consola de tu auto. Lo que alguna vez fue un símbolo de la libertad y la independencia americana, los automóviles, se están transformando rápidamente en una jaula de alta tecnología que vigila cada uno de sus movimientos y puede anular sus decisiones a voluntad.

En una publicación compartida en X, los usuarios detallaron las múltiples quejas sobre el sistema de inteligencia artificial «EyeSight» mejorado de Subaru, que está presente en los modelos más recientes. Según los conductores, el sistema echa un vistazo rápido más allá de lo que ellos pretenden al planificar su ruta. Al mismo tiempo, se implementaron mandatos federales de la era Biden para que este nivel de vigilancia sea obligatorio en todos los vehículos nuevos a más tardar en 2027.

Basta con que desvíen la vista por un instante para cambiar una canción o admirar el paisaje para que se activen alertas constantes. Por ello, su nuevo sistema de Asistencia de Parada de Emergencia con función de Selección Segura de Carril puede detectar a un conductor que «no responde» y emitir alertas cada vez más intensas mediante sonidos y vibraciones en el volante, para luego tomar el control total: frenar automáticamente, reducir la velocidad del vehículo, dirigirlo hacia el costado de la carretera y activar las luces de emergencia.

No se trata de una función opcional, sino que sería impuesta por el Estado. Se está implementando como tecnología estándar de «seguridad», pero los conductores la describen como una niñera electrónica autoritaria que trata a adultos competentes como si fueran niños. Es un anticipo escalofriante de hacia dónde se dirige toda la industria automotriz bajo la presión del gobierno.

Este tipo de vigilancia intrusiva es precisamente la herramienta con la que soñaría un estado policial para ejercer un control total sobre los movimientos de las personas. Si las autoridades logran una mayor integración con estos sistemas, podrían decidir, en la práctica, cuándo, dónde y quién puede conducir.

El lanzamiento de Subaru es solo el último punto de discordia en una tendencia más amplia hacia la vigilancia de los vehículos que va mucho más allá de la seguridad básica. Una disposición federal —incluida en la Ley de Inversión en Infraestructura y Empleo de 2021— exige que todos los vehículos de pasajeros nuevos que se vendan en los EEUU incorporen tecnología avanzada para prevenir la conducción bajo los efectos del alcohol o las drogas, a partir de los modelos del año 2027.

Como se detalla en el reportaje del New York Post, esto implica el uso de cámaras y sensores infrarrojos que monitorean constantemente los ojos, el rostro, la posición de la cabeza y el comportamiento para detectar distracciones, somnolencia o deterioro, con la capacidad de impedir que el auto arranque o de limitar su funcionamiento. Parece muy apropiado, pero implica un alto grado de arbitrariedad si cae en manos de los burócratas.

Los fabricantes ya están patentando e implementando sistemas aún más agresivos, que incluyen escaneos biométricos que analizan desde la forma de caminar hasta la frecuencia cardíaca, pasando por el escaneo facial con inteligencia artificial, la lectura de labios y el monitoreo emocional. El problema es que los datos no se quedarán en el auto: podrían llegar a manos de las aseguradoras para la calificación de riesgos, a las autoridades policiales o, peor aún, al conocimiento del Gran Hermano, como en el caso de las verificaciones cruzadas de los conductores con las bases de datos policiales, incluso antes de que se permita que el vehículo se ponga en marcha.

Las autoridades ya están mostrando interés en utilizar estas herramientas como un medio para imponer restricciones de viaje más amplias. En Massachusetts, los demócratas presentaron un proyecto de ley destinado a reducir las millas recorridas por los vehículos en todo el estado para cumplir con los objetivos climáticos, impulsando políticas que, según los críticos, equivalen a limitar la distancia que las personas pueden recorrer en sus propios autos, lo que restringe claramente su libertad.

Las agendas globalistas —impulsadas por lo general por estatistas de izquierda— sobre el clima, la intervención excesiva del gran gobierno y la cooperación forzada entre las empresas y el Estado convergen para eliminar los últimos vestigios de autonomía personal en las calles. Lo que comienza como «medidas de seguridad» y «objetivos ambientales» termina con el auto decidiendo sobre la libertad personal, hasta el punto de decidir quién puede salir del garaje.

No solo los estatistas de izquierda intentan vigilar para controlar, sino también los de derecha. Por ejemplo, el presidente de Argentina se ha reunido con Peter Thiel, quien ha estado envuelto en una controversia por la publicación de un manifiesto de su empresa de vigilancia Palantir que resume las ideas centrales del libro La República Tecnológica.

Más allá de espiar a todos los ciudadanos, insta a restablecer el servicio militar obligatorio —una verdadera esclavitud moderna— y al desarrollo de armas con inteligencia artificial para los Estados, con tecnologías para aplicaciones militares y de seguridad nacional críticas para la nueva era de disuasión basada en la IA que está a punto de comenzar.

«La única respuesta real es el rechazo: negarse a comprar estos vehículos blindados... y preservar el mercado de autos usados como el último refugio de la verdadera libertad al volante», concluye Steve Watson.

En resumen, sea cual sea el resultado, puedes estar seguro de que, al final, la libertad y la iniciativa privada siempre prevalecerán. A pesar de la fama que tienen, la verdad es que incluso agencias de inteligencia como la CIA, el Mossad o el MSS chino son tan ineficientes que causan hilaridad.

Por otro lado, es imposible que los gobiernos frenen las iniciativas privadas, a pesar de que lo han intentado, incluso con la ayuda de sectores «privados» —los amigos del poder—, como los oligopolios bancarios y financieros protegidos por los Estados.

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