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¿Sigue progresando la causa de la libertad?

[Freedom’s Progress?: A History of Political Thought · Gerard Casey · Exeter, Imprint Academic, 2017 · x+964 páginas]

En un momento en el que las sociedades occidentales parecen estar tristemente retornando al tribalismo, la obra magistral del profesor Gerard Cassey, Freedom’s Progress?, es un análisis profético sobre de dónde venimos y adónde podríamos estar yendo. Los libertarios a menudo tiene mala fama como agoreros y negacionistas, pero Casey dibuja un panorama distinto, el de el bienvenido avance de la libertad. ¿Pero por qué los signos de interrogación? Para Casey, el progreso, definido como el cambio social y político de lo colectivo a lo individual, nunca fue una garantía. Aunque podemos ver correctamente a los últimos dos mil quinientos años como un relato de la lucha individual por la autonomía, este destino no tiene que presumirse nunca en la vía de la libertad. “El progreso de la libertad”, señala Casey, “ha consistido esencialmente en una transición lenta e imperfecta del colectivismo al individualismo, de la primacía de la tribu o el grupo o el colectivo a la primacía de la persona individual”. Y así se dedica a relacionar el historiado y arduo, aunque necesario, viaje hacia el individualismo, permitiendo a los lectores determinar por sí mismo si la explicación tomada en su conjunto puede definirse apropiadamente como progreso.

Con casi mil páginas, Freedom’s Progress? no es para timoratos. El autor de esta reseña lo asimila a La rebelión de Atlas en términos de su gran longitud y también de la importancia de su contenido. El profesor Casey, autor de Libertarian Anarchy: Against the State (2012) e investigador asociado del austrolibertario Instituto Mises, admite muy conscientemente su inclinación por la anarquía rothbardiana. Como es habitual, los críticos podrían preguntarse por qué un anarquista declarado se atreve a escribir algo tan largo e inclusivo como una historia del pensamiento político. ¿Por qué alguien que repudia la misma legitimidad del estado se toma el esfuerzo de analizar a los principales pensadores que han influido en el comportamiento del estado a lo largo de la historia? Casey señala: “En filosofía política, la pregunta es casi siempre ¿cuál es el mejor tipo de estado?; pocas veces la pregunta más básica es ¿es el estado necesario o deseable?” Entonces descubrimos que Casey continúa la tradición rothbardiana de replantear el problema del estado. Los lectores llegarán a la conclusión de que una historia informada del pensamiento político lleva a darse cuenta de que el hombre es importante como individuo, no como un diminuto engranaje en la máquina estatal.

Aunque los estudiantes de filosofía política podrían esperar que Casey empezara con las ciudades-estado griegas, el autor empieza mucho antes, en “El nacimiento de la historia” (el título del capítulo uno). Los primeros de los treinta y cuatro capítulos se dedican a una explicación de la evolución del hombre, en concreto a su progresión desde nómada y agricultor a su formación del lenguaje a lo largo del camino. Ofrece interesantes comentarios acerca de la progresión biológica del hombre, señalando que, a pesar estar mal dotado en general el hombre para la supervivencia, está dotado con la capacidad de pensar y hablar, lo que lo hace único. La misma formación y uso del lenguaje es en sí mismo una acción esencialmente anárquica, en el sentido de que no hizo falta ni el gobierno ni ninguna otra autoridad para su existencia. Como el hombre es capaz de hablar, es capaz de actuar en sociedad y con un comportamiento social. “El lenguaje humano”, informa Casey a sus lectores, “es esencialmente social, tanto en su origen como en su función”. Por tanto, encontramos desde el mismo inicio de la historia del hombre que este es capaz de coordinar su comportamiento entre sus iguales para lograr objetivos personales o comunales. Esa posibilidad, como nos recuerda Casey, debería decirlo todo acerca de la inclinación general del hombre hacia la actividad pacífica y la sociabilidad. En los primeros capítulos, son interesantes para los lectores las credenciales bibliográficas de Casey, tejiendo un relato antropológico usando fuentes relativamente poco convencionales para ese fin, como los economistas Ludwig von Mises y Thomas Sowell. El conocimiento enciclopédico de Casey resultará evidente para los lectores a lo largo de Freedom’s Progress?, ya que alterna informalmente referencias tan diversas como The Big Bang Theory, Shakespeare y Hegel. Aunque algunos lectores puedan discrepar de la perspectiva de Casey sobre un filósofo concreto, pocos pueden dudar de su gran familiaridad con su contenido.

El profesor Casey sí presenta a los griegos en el capítulo segundo, incluyendo una extensa mirada al concepto de poleis y su evolución a través de los sofistas, Platón y Aristóteles. Con respecto a Platón, el autor señala que la actitud general de Platón hacia la polis es que “la masa de la gente no sabe lo que es bueno para ella, por tanto, no puede sino ser correcto y adecuado que sus vidas estén dirigidas por aquellos que saben de hecho lo que es bueno para ellos”. Esta disposición negativa hacia las masas será repetida por la mayoría de los filósofos políticos posteriores, culminando de la manera más despiadada en los regímenes colectivistas del siglo XX.

¡En un momento en el que académicos y estudiantes por igual tienen propensión a ponerse poéticos sobre todos los asuntos filosóficos, es refrescante encontrar análisis de alguien que realmente ha leído las obras en cuestión! Casey no solo tiene una conocimiento sólido sobre los temas de los que trata, sino que muestra familiaridad con obras tangenciales que ofrecen a los lectores tanto un contexto preciso como complementos anecdóticos. Aunque su relato incluye a sospechosos habituales como Platón, Maquiavelo, Hobbes y Marx, Casey se ocupa de figuras menos conocidas, pero igualmente importantes, como Johannes Althusius, Max Stirner y el anarquista estadounidense Benjamin Tucker.

Son notables los capítulos de Casey dedicados, no a un filósofo en particular, sino a un concepto histórico. Encontramos secciones sobre esclavitud, cristianismo, anarquismo, tribalismo moderno y guerra. En opinión de este reseñador, aunque todo el libro es interesante, los capítulos sobre tribalismo y guerra (capítulos treinta y uno y treinta y dos, respectivamente) son excepcionalmente prescientes en su análisis psicológico e histórico. Después de dedicar la mayoría de Freedom’s Progress? a describir la trayectoria lenta pero prometedora del individuo hacia la libertad, a los lectores puede sorprenderles el análisis de Casey de nuestra bastante reciente regresión social y política en manos del estado y los defensores de la planificación centralizada. Las guerras mundiales y los posteriores experimentos con el comunismo/socialismo/colectivismo no auguran nada bueno para los amantes de la libertad. Al final, Casey pinta una imagen prometedora pero realista de aquellos contra lo que están los individualistas de todo tipo.

Al hablar de los acontecimientos positivos del pensamiento político, el autor acaba con una explicación de los filósofos modernos y de (algunos de) sus avances en la causa de la libertad. Entre estos están Ayn Rand, F.A. Hayek y Murray Rothbard. Aunque la literatura y el espacio para la actividad política o educativa abundan hoy, no debería deducirse de esto la inevitabilidad del avance de la libertad personal. Como bromeaba John Boyd Orr: “Si la gente tiene que elegir entre libertad y bocadillos, elegirá los bocadillos”.

Esencialmente, los opositores del estado deben permanecer vigilantes en su defensa de la libertad individual. Todos debemos resolver a nuestra manera cuáles serán las implicaciones de un siglo de violencia y estatismo. “La libertad humana”, escribe Casey con un estilo no muy distinto del de Mises, “puede usarse para todo tipo de acciones dirigidas a todo tipo de propósitos, que son luego susceptibles de evaluación moral, pero sin que la acción humana esté libre de coacción es intrínsecamente imposible la evaluación moral”.

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Image Source: iStock
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