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La inflación de precios al por mayor se ralentiza mientras empeora la economía

La Oficina de Estadísticas Laborales de EEUU publicó nuevos datos del Índice de Precios al Productor (IPP) el miércoles, y parece que la tasa de aumento de la inflación de precios se está desacelerando. No obstante, la inflación interanual de precios en diciembre se mantuvo cerca de máximos de 40 años, y muestra que el mercado todavía está lidiando con el aumento de casi seis billones de dólares en la oferta monetaria que tuvo lugar durante 2020 y 2021.

El IPP es una medida de precios en la fase de producción de bienes y servicios. Antes de 1978, el índice se conocía como Índice de Precios al por Mayor.

En diciembre, el crecimiento interanual del IPP fue del 6,2%, el nivel más bajo en 21 meses. El IPP había alcanzado su máximo en marzo de 2022, con un 11,6%. El dato de diciembre supuso una caída (ajustada estacionalmente) del 0,8% intermensual. Según esta medida, parece que la inflación de precios se está ralentizando.

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Por supuesto, si nos fijamos en el índice en su conjunto, y no sólo en las tasas de aumento, encontramos que los precios al por mayor han subido un 17% desde donde estaban a principios de 2020. En general, esto refleja una tendencia similar en el índice del IPC, que ha subido alrededor del 15% en el mismo periodo. En particular, el aumento del 17% en los precios al por mayor también supera el aumento en el Dow, que ha subido un 14% durante el mismo período.

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Al parecer, tanto los trabajadores como las empresas necesitan un crecimiento del 15% o más durante este periodo sólo para mantener los precios al consumidor, y del 17% o más para mantener los precios al por mayor. Estas cifras también desmienten la versión popular de la izquierda de que los precios al consumidor sólo suben debido a la «greedflation» o la codicia de las empresas. Según esa versión, la inflación se debe a que los vendedores aumentan arbitrariamente sus precios para explotar a los trabajadores y a los consumidores. Sin embargo, si el crecimiento de precios al por mayor es similar al crecimiento de precios al consumidor, es difícil ver cómo los vendedores están disfrutando de una ganancia inesperada por el aumento de precios. Más bien podría interpretarse que se trata de un intento de los vendedores de mantener el ritmo de sus propios costes crecientes.

Entonces, ¿por qué se ralentizan ahora los precios del IPP? Hay buenas razones para creer que refleja una ralentización de la economía. De hecho, los datos económicos que apuntan a una ralentización de la economía y a una recesión siguen acumulándose. Los indicadores económicos adelantados de diciembre apuntan a una recesión. Los compradores de viviendas están cancelando sus compras a niveles superiores a los de 2008. El modelo de recesión de la Fed de Nueva York muestra la mayor probabilidad de recesión desde 1982. La curva de rendimientos está invertida a una profundidad no vista en más de 40 años.

De hecho, una vez que el crecimiento del IPP toma un giro sostenido a la baja, los EEUU a menudo ya están en recesión o se dirigen hacia una. Podemos ver este patrón en 1982, 1990, 2000, 2008 y 2019. Y ahora en 2022.

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Los precios al por mayor caerán al agotarse el dinero fácil

Las variaciones de precios al por mayor se describen a menudo como un indicador precoz de la evolución de precios al consumidor. Una forma de interpretar esto es concluir que, cuando cambian los precios al por mayor, los minoristas se ven obligados a responder con precios más altos. Sin embargo, esto no es del todo cierto. En última instancia, los precios al por mayor o de los «bienes de producción»  vienen determinados por los precios de los bienes en la fase final de venta al por menor, al consumidor. Es decir, es lo contrario de la visión habitual de la inflación medida por el IPC. Al fin y al cabo, un minorista no pagaría por materiales o bienes al por mayor si no pensara que puede venderlos —o vender bienes fabricados con ellos— con beneficios. Así pues, más allá del corto plazo, los precios de estos bienes de producción no pueden fijarse sin tener en cuenta los precios previstos de los bienes al por menor. Por ejemplo, un fabricante de muebles de madera no comprará determinadas maderas si los precios de esas maderas hacen imposible vender los muebles a un precio que los consumidores estén dispuestos a pagar. Si el fabricante de muebles comete el error de pagar por la madera precios que no son rentables, quebrará y dejará de demandar esa madera. Por lo tanto, las empresas que suministran madera sin terminar al por mayor a los fabricantes de muebles no pueden dictar los precios a los fabricantes de muebles. En última instancia, son los consumidores de los muebles acabados quienes dictan el precio.

Por otra parte, en un entorno inflacionista, los consumidores, rebosantes de dinero gracias a la inflación de la oferta monetaria, subirán los precios de los muebles y agotarán las existencias de los fabricantes. A su vez, los fabricantes de muebles subirán los precios de la madera para construir más muebles.  Entonces veremos aumentos tanto en los precios de consumo como en los precios de producción. Es posible que observemos casos en los que los cambios en los precios de producción parezcan provocar cambios en los precios de consumo. Gracias a la competencia en el comercio minorista, muchos minoristas pueden intentar mantener los precios bajos para fidelizar a sus clientes, aunque suban los precios de producción.

No obstante, dado que los precios de producción se ven muy afectados por el gasto de los consumidores, la ralentización del crecimiento de precios de producción es exactamente lo que cabría esperar en estos momentos. Al fin y al cabo, los fundamentos del poder adquisitivo de los consumidores siguen mostrando una debilidad creciente. La deuda de las tarjetas de crédito aumenta. La renta disponible disminuye. Los salarios reales han caído durante veintiún meses seguidos.

Parece que los consumidores están llegando por fin a su límite en cuanto a su disposición a pagar precios más altos. El Wall Street Journal informó la semana pasada de que las ventas unitarias de mercancías generales cayeron un 7% interanual en 2022, aunque las ventas en dólares cayeron sólo un 2%. Del mismo modo, las ventas unitarias de alimentos y bebidas cayeron un 3% durante el mismo periodo, pero el gasto en dólares en estos artículos aumentó un 10%.

En otras palabras, la gente pagó más dinero por los productos, pero compró menos artículos. Según el Journal, muchos minoristas afirman ahora que no pueden permitirse seguir subiendo los precios. El pozo del consumo se está secando. Esa es la receta para frenar la inflación de precios, tanto a nivel del productor como del consumidor.

Es probable que el presidente Biden celebre la ralentización de la inflación como una especie de gran logro de la administración. Pero es justo lo que cabría esperar de una economía débil.

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