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Gracias a las sanciones, los EEUU está perdiendo su empuñadura sobre el Medio Oriente

El viernes, los miembros de la Liga Árabe dieron la bienvenida al régimen sirio de vuelta a la organización. Representantes de varios Estados miembros árabes estrecharon la mano del líder sirio Assad y le ofrecieron una «calurosa» recepción, según varios medios de comunicación. Siria fue suspendida de la liga en 2011, pero el 7 de mayo en El Cairo la liga acordó reincorporar al régimen de Assad.

Esto representa un cambio de rumbo tras años de aislamiento del régimen y una ruptura con la política de los EEUU, que sigue oponiéndose firmemente a Assad. De hecho, el acercamiento de la Liga a Assad debería verse como un repudio a la política de los EEUU, y especialmente como una señal de cómo la influencia de Washington entre los miembros de la Liga —los más poderosos de los cuales son Arabia Saudí y Egipto— ha disminuido.

Además, ésta es sólo la última mala noticia para la influencia de Washington en la región, que llega pocas semanas después de que Irán y Arabia Saudí restablecieran relaciones diplomáticas.

En ambos casos, nos encontramos con regímenes que Washington había intentado aislar y sancionar, pero ambos Estados, en cambio, han ido ampliando sus relaciones con otros Estados de la región con la ayuda de China. Mientras tanto, tanto Beijing como Riad han incrementado sus lazos con Rusia. Estos acontecimientos ayudan a ilustrar cómo el creciente intento de los EEUU de imponer —o amenazar con imponer— sanciones duras contra un número cada vez mayor de regímenes no ha hecho sino acelerar un movimiento global de alejamiento del dólar de EEUU y de la órbita de Washington.

Arabia Saudí aumenta sus lazos con Irán y Siria

En marzo de este año, Arabia Saudí e Irán anunciaron la reanudación de sus relaciones tras un acuerdo mediado por China. Al parecer, el régimen saudí —un viejo aliado de Washington— no había informado a la administración Biden de las reuniones con Irán y China. Poco después de que se anunciara el acuerdo, la administración envió al director de la CIA, William Burns, a Arabia Saudí, donde al parecer «expresó su frustración con los saudíes», diciendo «al príncipe heredero saudí, Mohammed bin Salman, que los EEUU se ha sentido sorprendido por el acercamiento de Riad a Irán y Siria».

Aunque la Casa Blanca afirma ahora que apoya el nuevo acuerdo entre Riad y Teherán, este apoyo es en realidad solo una admisión de que no hay mucho que Washington pueda hacer al respecto. Después de todo, durante décadas, la política de los EEUU ha sido aislar a Teherán y, en los últimos años, Washington ha impuesto duras sanciones, incluida la «campaña de máxima presión» de Donald Trump diseñada para paralizar aún más a Irán. La administración Biden no tomó medidas significativas para revertir la postura de Trump. La nueva apertura del régimen saudí a Irán es, por tanto, contraria a la política de los EEUU, y no es plausible que Washington esté en modo alguno satisfecho con el cambio.

Desde la perspectiva de Washington, la situación empeoró aún más este mes cuando la Liga Árabe volvió a admitir a Siria, también aparentemente sin consultar a Washington. Desde 2011, los EEUU ha impuesto a Siria sanciones draconianas similares a las impuestas a Irán. La nueva reintegración de Siria en la Liga Árabe es, por tanto, también contraria a los esfuerzos en curso de los EEUU para aislar al régimen de Assad, que los EEUU ha afirmado en repetidas ocasiones que debe ser sometido a un «cambio de régimen.»

Crecen los lazos con Rusia

Los nuevos acercamientos de los saudíes a Siria e Irán también son contrarios a Washington porque tanto Irán como Siria son importantes aliados de Moscú. Ahora que los EEUU está imponiendo duras sanciones al régimen ruso, todo lo que ayude a Damasco y Teherán puede ayudar también a Moscú.

Tanto los saudíes como los chinos han mostrado también crecientes esfuerzos por forjar lazos directos con el régimen ruso. En una cumbre chino-rusa celebrada en febrero de 2022, ambos regímenes declararon que planean estrechar aún más sus lazos. Al parecer, esto no ha cambiado ni siquiera después de un año de hostilidades intensificadas de los EEUU y la OTAN dirigidas contra Moscú. De hecho, es probable que las relaciones entre Rusia y China sean más estrechas de lo que han sido nunca en la era postsoviética. Esto ha supuesto claramente un problema para Washington, ya que China sigue constituyendo un importante mercado para las exportaciones rusas frente a las sanciones de los EEUU. Ambos Estados también se han esforzado por alejarse del dólar de EEUU y liquidar el comercio internacional en otras divisas.

Todo esto podría desestimarse como una maquinación de potencias extranjeras que nunca fueron «socios» o aliados fiables de los EEUU en primer lugar. Pero Arabia Saudí es otra cosa, y los saudíes están aparentemente dispuestos a jugar limpio con los rusos, chinos y otros miembros del último supuesto «Eje del Mal».

El régimen saudí se ha acercado más a Moscú a raíz de las sanciones de los EEUU contra Rusia. Por ejemplo:

Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos, aliados tradicionales de los Estados Unidos en Oriente Medio, no se arredran a la hora de importar, almacenar, comerciar o reexportar combustibles rusos, a pesar de los esfuerzos americano por persuadirles de que se sumen a la ofensiva contra los intentos rusos de eludir las sanciones occidentales a su petróleo.

En otras palabras, los esfuerzos de los EEUU por conseguir que el mundo árabe aísle a Rusia están fracasando, y los lazos rusos con Oriente Medio están mejorando en realidad.

Esto puede verse en el hecho de que la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) —dominada por su mayor productor, Arabia Saudí— no ha mostrado ningún interés en ayudar a los EEUU en su guerra de sanciones contra Rusia. En su lugar, la OPEP ha recortado los niveles de producción para elevar los precios del petróleo, lo que beneficia a Moscú. Los EEUU se ha opuesto a estos recortes, y ahora algunas facciones antirrusas en EEUU están explorando formas de castigar a la OPEP por su falta de entusiasmo a la hora de cooperar con los esfuerzos de los EEUU contra Rusia.

En este punto, ha surgido claramente una tendencia: a medida que los EEUU sigue intentando reforzar su control geopolítico sobre la economía mundial mediante sanciones económicas, cada vez menos Estados de todo el mundo parecen interesados en seguirle el juego.

De hecho, la propagación de las sanciones de los EEUU constituye una buena razón para que otros regímenes redoblen sus esfuerzos por estrechar lazos con otros regímenes como seguro contra la posibilidad de convertirse en víctimas de la política de los EEUU. Al fin y al cabo, los EEUU no ha tenido reparos en amenazar a los países «no cooperativos» con las llamadas sanciones secundarias como castigo por hacer negocios con Estados como Siria y Rusia. Los EEUU ha sido explícito en esto y en febrero, como CNN informó en ese momento, «Los Estados Unidos está intensificando sus esfuerzos para ahogar la economía de Rusia y ha puesto su vista en Oriente Medio. ... Un alto funcionario del Tesoro de EEUU llegó el lunes a los Emiratos Árabes Unidos (EAU) para advertir al centro de negocios regional que ayudar a Moscú a eludir las sanciones no sería sin consecuencias». China ya había sido «advertida» de manera similar.

Sin embargo, parece que la actual guerra de sanciones de los EEUU contra un porcentaje cada vez mayor de la población mundial está teniendo el efecto contrario al deseado. Los EEUU amenaza con sancionar a Arabia Saudí y China y, a cambio, ambos países se muestran aún más dispuestos a buscar la cooperación con algunos de los regímenes más atacados por Washington.

Mientras Washington persigue una estrategia de divide y vencerás en Oriente Medio, Beijing negocia acuerdos para aumentar la estabilidad regional. Mientras los EEUU redobla sus esfuerzos para aislar a sus numerosos enemigos, los chinos, los saudíes, la Liga Árabe y la OPEP se encogen de hombros y procuran aumentar la comunicación y el comercio internacionales.  El establishment de la política exterior de Washington muestra pocos signos de darse cuenta. La «caja de herramientas» de la política exterior del régimen de EEUU sigue centrándose en las sanciones, la violencia y las exigencias tanto a sus aliados como a sus enemigos declarados. Sin embargo, el resto del mundo está avanzando y Washington puede ser de los últimos en aceptar la nueva realidad.

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