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El silencioso auge de la innovación china

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Durante el fin de semana, intercambié opiniones con Marc Faber —inversionista global y editor de The Gloom, Boom & Doom Report. Un fragmento de nuestra charla marcó la pauta:

En los máximos importantes del mercado, no es raro ver cómo se forman «anti-burbujas» junto con las burbujas. Y esas «anti-burbujas» pueden tocar fondo cuando las burbujas alcanzan su punto más alto. De hecho, algunas de las mejores oportunidades de compra pueden darse en máximos importantes, como el de 2000. Si observamos algunos de los valores rechazados de la «vieja economía», el precio más bajo que muchos de ellos alcanzaron en los últimos 30 años fue en marzo de 2000.

Esto es especialmente cierto en este momento. Estamos presenciando uno de los mayores delirios colectivos de la historia moderna: el excepcionalismo americano. Se trata de la convicción inquebrantable de que los Estados Unidos sigue siendo inigualable en tecnología, poderío militar, gobierno democrático, vitalidad económica e influencia cultural. La arrogancia y un aura de superioridad están profundamente arraigadas.

Mientras tanto, la verdadera historia que se está desarrollando es la «antiburbuja»: China.

El ascenso de China

El lado de los EEUU de esta historia está empezando a desmoronarse. El imperio está al límite de sus capacidades, ahogado en deudas y distraído por interminables peleas políticas. La democracia se ha convertido en un deporte para espectadores y la economía gime bajo capas de intervención gubernamental —piensa en la participación o en las acciones «regaladas» de OpenAI—. A medida que la burbuja de los semiconductadores para la IA se dispara de manera parabólica, la narrativa general de superioridad se está resquebrajando.

Entra en escena China: el antídoto definitivo contra las burbujas. Sin ningún imperio global que sostener. Sin interminables circos electorales. Sin distracciones «woke» ni sistemas de bienestar inflados que mermen la productividad. En cambio, una economía mixta pragmática que da resultados. ¿Y en materia de innovación y tecnología? El progreso es sencillamente impresionante.

Mientras muchos en Occidente mantienen los ojos cerrados, las empresas chinas avanzan a velocidad warp en vehículos eléctricos, baterías, robótica, fabricación de chips, modelos de IA y más. ¿Lo mejor de todo? Para los inversionistas, las acciones cotizan a valoraciones absurdamente baratas. El Índice MSCI China se sitúa en aproximadamente la mitad de su valoración de 2020: alrededor de 12 veces las utilidades futuras.

Los ataques de EEUU contra las empresas tecnológicas chinas no son señales de fortaleza; son indicios de desesperación. Los mejores innovadores prosperan gracias a la competencia: no levantan muros ni suplican protección. Prueba A: los vehículos eléctricos chinos están prácticamente prohibidos en los EEUU debido a aranceles del 100 por ciento (impuestos al final del gobierno de Biden) y a normas estrictas sobre la tecnología de vehículos conectados por «razones de seguridad nacional».

Mi amigo Derek Au, inversionista de capital de riesgo, lo expresó perfectamente:

Me imagino que el gobierno de los EEUU prohibirá los modelos chinos. Por eso OpenAI se está preparando para recibir un rescate financiero y tratando de integrarse cada vez más en el gobierno para poder alegar que es de importancia sistémica.

Como para demostrar su punto, Anthropic acaba de nombrar al ex de la Fed, Ben Bernanke, para formar parte de su órgano de supervisión.

Los medios financieros convencionales están despertando poco a poco. A finales de junio, Barron’s publicó un artículo sobre el auge de la innovación en China:

El esfuerzo de Pekín por alcanzar la autosuficiencia sigue siendo un motor de crecimiento interno. El país se está convirtiendo en líder en tecnologías emergentes, ya que su investigación y desarrollo supera al de los EEUU. También se está transformando en una potencia de manufactura avanzada en todo tipo de sectores, desde baterías industriales a gran escala hasta la robótica, lo que le permitió alcanzar un superávit comercial global de 2 billones de dólares el año pasado, a pesar de los aranceles de los EEUU.

«China está ganando terreno —y a gran velocidad— en áreas como los modelos de lenguaje a gran escala y los diseños de GPU», afirma Vivian Lin Thurston, administradora del fondo William Blair Emerging Markets Growth. Thurston, quien acaba de regresar de una visita a China y de reuniones con empresas, se sintió motivada por lo que vio. «Es el único país del mundo que cuenta con todo el ecosistema de IA de principio a fin», señala.

Barron’s destacó al gigante de las baterías CATL y al líder en vehículos eléctricos BYD:

Las acciones de BYD han estado pasando por dificultades. Han caído un 36 por ciento desde mayo de 2025, ya que su negocio nacional se vio afectado por las guerras de precios. Sin embargo, los modelos de bajo costo y gran autonomía de BYD la han convertido en la marca de vehículos eléctricos más vendida a nivel mundial. Según los analistas, aproximadamente la mitad de las ventas se realizan ahora en el extranjero. Además, BYD está comenzando a fabricar fuera de China, incluyendo una fábrica en construcción en Hungría para vender autos sin aranceles en Europa... Con un múltiplo de 13 veces las utilidades estimadas para 2027, la acción es una ganga.

El diario Investor’s Business Daily publicó un artículo en primera plana sobre la carrera tecnológica entre EEUU-China. Si bien seguía mostrándose optimista respecto a Silicon Valley, admitió que China representa una «amenaza de rápido crecimiento». Actualmente, China produce aproximadamente un 50% más de doctores en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM) al año que los EEUU, y su mercado interno, altamente competitivo, se rige por la ley del más fuerte.

Joe Ngai, presidente de McKinsey en la Gran China, argumentó en una entrevista reciente con la CNBC que el país es «el gimnasio más duro del mundo» para las empresas emergentes, incluso más exigente que el rudo campo de pruebas del «capitalismo vaquero» de América.

BYD volvió a ser el centro de atención por sus menores costos de producción (4,703 dólares menos por vehículo que los de Tesla), su integración vertical y la innovadora batería Blade, que hizo viable la tecnología LFP (fosfato de hierro y litio), asequible y segura.

El artículo de IBD también mencionó a Unitree, que se espera que cotice pronto en el STAR Market de Shanghái. Este fabricante de robots humanoides está creciendo rápidamente y se acerca a su envío número 10 000. (Tesla, que presentó su primer humanoide Optimus en 2022, entregó 150 el año pasado). Como lo expresó la firma de investigación SemiAnalysis, Unitree está siguiendo el modelo de BYD con un «nivel de escala y fabricación que supera con creces los costos y los tiempos de entrega de Occidente. Estamos presenciando el nacimiento de otro gigante chino del hardware».

Como suele decir Louis-Vincent Gave, experto en Asia desde hace mucho tiempo y fundador de Gavekal: «Cuando China entra en una sala, las ganancias se van». Ahora imagina lo que eso significa para los costosos modelos de IA americanas. Las empresas chinas no solo compiten por estar a la vanguardia, sino que también están bajando los precios y ofreciendo soluciones de código abierto para ganar cuota de mercado a nivel mundial. Según Wendy Chang, analista senior del Instituto Mercator de Estudios sobre China,

En lugar de competir directamente con empresas como OpenAI, Anthropic y Google, que ofrecen servicios de vanguardia a precios elevados, las empresas chinas están aplicando una estrategia de amplia difusión y tokens baratos para ganar cuota de mercado en todo el mundo.

Conclusión

Como cualquier economía mixta, China no está exenta de defectos. Entre los principales se encuentran el elevado endeudamiento de los gobiernos locales, la disminución de la población y el desintegramiento de la burbuja inmobiliaria. Cabe destacar que el gobierno chino, en general, ha permitido que la crisis inmobiliaria siga su curso sin recurrir a estímulos ni rescates al estilo occidental.

La ola de innovación china apenas está comenzando. Es probable que el rendimiento superior de las carteras globales en los próximos 10, 20 y 30 años dependa de saber aprovecharla desde el principio.

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