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7 lecciones que los dueños de negocios pueden aprender de la economía austriaca

Aparte de sufrir la intervención pública, entender los mercados es probablemente la tarea más complicada de cualquier dueño de negocios o emprendedor. Había buenas razones para que Ludwig von Mises insistiera en que economistas e instituciones que enseñan economía tenían que esforzarse para compartir teoría económica con dueños de negocios y público en general. La economía, como escribía Mises: “trata los problemas fundamentales de la sociedad: afecta a todos y pertenece a todos”. Esto se aplica de forma importante a los problemas diarios de poseer, iniciar o dirigir un negocio.

Y Mises no estaba solo. La Escuela Austriaca se ha preocupado desde hace tiempo por ser accesible y no posicionarse como una escuela de pensamiento esotérico para unos pocos investigadores. ¿Qué pueden entonces aprender los dueños de negocios a partir de las ideas básicas de los economistas austriacos? He aquí al menos siete lecciones que pueden ser bastante útiles para los que pretendan hacer crecer y sostener aventuras empresariales:

Uno: La gente actúa. Vayamos con lo básico. La praxeología, descrita por Ludwig von Mises, indica que la gente actúa y lo hace tratando de aumentar su satisfacción. Los dueños de negocios (empresarios, emprendedores y gestores, aquí estoy usando todas las expresiones de forma intercambiable, pero en teoría no son lo mismo) tienen objetivos concretos. Normalmente buscan beneficios o lo que se llama a veces un “mejor rendimiento financiero”. Por su parte, sus clientes tratan usualmente de pagar tan poco como sea posible para los mejores productos posibles que planean consumir. Toda acción puede considerarse en interés propio y, en las relaciones empresariales, como las acciones no tienen restricciones (es decir, la gente actúa libremente, sin verse obligada), los dueños de negocios tienen que proveer los mejores bienes y servicios a precios razonables. Si no lo hacen, otro lo hará. Además, los objetivos y deseos de la gente son subjetivos, así que dos personas distintas pueden valorar el mismo producto de dos maneras distintas. Estas diferencias intrínsecas llevan a una diferenciación en los precios ofrecidos, en los productos y llevan a la creación de distintas marcas para productos similares.

Dos: Gente y cosas son distintos. Los hombres de negocios saben que todo cliente es único y que sus gustos y deseos cambian cada día. La escuela austriaca de economía explica que toda acción humana se basa en los distintos tipos de conocimiento bajo la posesión del actor. El conocimiento cambia a lo largo del tiempo, llevando esos cambios a modificaciones en las características de la demanda. El dinamismo de la demanda de consumo requerirá una adaptación constante de los ofertantes en el proceso de producción que llevará a una constante innovación, emprendedores y empresarios guiarán ese cambio. Por un lado está la diversidad de deseos y voluntades y el dinamismo de la demanda y por el otro la demanda de bienes intermedios derivada de la demanda de productos finales. La demanda en todos los sectores siempre será heterogénea y dinámica. Los dueños de negocios no pueden dormirse en los laureles. El mito del empresario rico que puede permitirse quedarse sentado y no hacer nada es exactamente eso: un mito.

Tres: El marco es dinámico. Cuando los empresarios actúan, lo hacen para tratar de resolver sus propios problemas resolviendo los problemas de sus clientes. F.A. Hayek e Israel Kirzner veían los procesos de mercado como tendentes al equilibrio. Lachmann,1 por el contrario, decía que las acciones del mercado pueden ser coordinadoras, descoordinadoras, equilibradoras o desequilibradoras y que en los casos realmente importantes prevalecen las tendencias desequilibradoras. Dicho de manera más sencilla: el mercado cambia constantemente y los empresarios tienen que adaptarse constantemente. Cuando un producto nuevo e innovador llega al mercado (como ocurre frecuentemente), cambia todo el panorama competitivo.

Cuatro: Nadie tiene todo el conocimiento. Ni empresas ni clientes saben todo y este acceso limitado al conocimiento influye directamente en las decisiones de negocio. Mises destaca que es imposible poseer todo el conocimiento al mismo tiempo. Hayek dice que el conocimiento está disperso por la sociedad, así que la adquisición de conocimiento es costosa e imperfecta, como sabe todo empresario de éxito: “cuanto más sabes, más sabes que no sabes mucho”.

Cinco: Los recursos importan. Las empresas pueden entenderse como grupos de recursos, incluyendo los recursos humanos y sus conocimientos. Los recursos son siempre heterogéneos e imperfectamente móviles. Por ejemplo, es imposible para el dueño de un restaurante usar los recursos que tiene a mano para crear una nueva empresa de consultoría, una fábrica de zapatos o una constructora al mismo tiempo y con exactamente los mismos materiales. En economía llamamos a esto la “heterogeneidad del capital”. Los recursos (que los economistas normalmente llaman “capital”) no pueden transferirse inmediatamente entre dos líneas distintas de producción o incluso dos etapas distintas de la misma producción. Se puede tratar de hacer, pero la eficiencia de los recursos disminuirá. Más aún: los empresarios tienen la responsabilidad de combinar y recombinar recursos continuamente debido a los nuevos atributos, tecnologías y nuevas demandas de consumo. Las empresas con una ventaja competitiva en un sector del mercado podrían ver desaparecer esta ventaja en cualquier momento. Cuando se combinan recursos tangibles e intangibles, heterogéneos e inmóviles y una demanda heterogénea, aparecen varias posibilidades distintas para las organizaciones empresariales. Aquellos dueños de negocios que combinen estos recursos de la manera que más agrade a los consumidores serán los que tengan más éxito.

Seis: Los gestores analizan y actúan. ¿Qué pasa con el papel de los gestores? Los gestores son agentes que tienen en sus manos las decisiones de las empresas. Los gestores actúan basándose en su conocimiento e incentivos, en interés propio. Las decisiones se implantarán mediante acciones y los resultados se observarán con el paso del tiempo. Los gestores tienen que actuar reconociendo, entendiendo, creando, seleccionando, implantando y modificando las diversas estrategias que ponen en marcha las empresas. En resumen, gestores o dueños de negocios tienen que innovar constantemente. (Ver Peter Klein aquí y aquí y Bylund aquí). Al analizar las necesidades del mercado y actuar sobre ellas, estos agentes están actuando para ajustarse a las realidades constantemente cambiantes del mercado.

Siete: La competencia consiste en generar ventaja. La competencia se basa en la investigación constante de recursos capaces de generar ventaja competitiva. El aprendizaje se produce cuando las personas dentro de la empresa consiguen una mejor comprensión de las señales del mercado (especialmente las señales financieras) que conllevan información acerca de la posición competitiva de la empresa. Malos resultados indican competencia en un segmento en el que la empresa no tiene ninguna ventaja competitiva. Las empresas que mantienen ventajas competitivas tendrán que defender su posición innovando continuamente porque los competidores actuarán para tratar de superar la ventaja competitiva de otra empresa mediante la modificación de su propia serie de recursos. Los cambios no llevarán a una etapa óptima, sino a una creciente diversificación.

En el núcleo de todo esto está la necesidad de atender mejor a los clientes. Como las preferencias y los deseos de todos los consumidores están cambiando constantemente, los dueños y gestores de negocios luchan también constantemente por descubrir y entender tanto lo que quieren los consumidores como la forma en que deberse usarse los recursos para ofrecer los productos que demanda la gente. No es una tarea fácil y por eso una mejor comprensión de la economía, como sabía Mises, es algo que puede beneficiar a todos.

  • 1Ludwig Lachmann, Capital and its Structure. Institute for Human Studies. Edición original publicada por Bell & Sons, Ltd., en nombre de la London School of Economics and Political Science en 1956. 1978.
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