Tras el discurso que el presidente Trump pronunció el miércoles ante la nación sobre la guerra con Irán, los mercados bursátiles registraron pérdidas, mientras que los precios del petróleo subieron. La caída de las acciones y el aumento de los precios del petróleo reflejaron la decepción por el hecho de que el presidente Trump no presentara un plan para poner fin a la guerra con Irán y por las restricciones al tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz.
El precio medio de la gasolina en América ha subido a más de cuatro dólares por galón desde que los EEUU e Israel iniciaran su guerra contra Irán a finales de febrero. El aumento del coste de la gasolina está provocando un incremento de los precios en las gasolineras y, al encarecer los gastos de envío, está dando lugar a un aumento de los precios en los supermercados e incluso en Amazon.
Según informan los medios de comunicación, el presidente Trump y sus asesores descartaron la posibilidad de que Irán utilizara su capacidad para limitar o incluso detener los envíos de petróleo a través del estrecho de Ormuz con el fin de hacer subir los precios del combustible. Descartaron esa posibilidad a pesar de que interrumpir los envíos de petróleo es la mejor forma que tiene Irán de perjudicar a la economia de los EEUU y de hacer que incluso los aliados más fieles de América se muestren reacios a tomar cualquier medida que pudiera interpretarse como un apoyo a la guerra. El temor a las represalias iraníes puede ser la razón por la que los países de la OTAN rechazaron la petición del presidente de que enviaran apoyo militar al estrecho de Ormuz para proteger el libre transporte de petróleo.
Las declaraciones contradictorias del presidente Trump sobre lo cerca que está los EEUU de la victoria (y en qué consistirá dicha victoria), así como sobre si tiene intención de establecer una presencia militar en el estrecho de Ormuz, reflejan el dilema al que se enfrenta el presidente Trump en lo que respecta a Irán. Si el presidente envía tropas para proteger el estrecho de Ormuz o envía tropas a Irán, perderá más apoyo de quienes votaron por él, ya que prometió ser un pacificador, no un belicista.
Seguir ignorando el perjuicio que el aumento de los precios del combustible está causando que los americanos perjudicará a los republicanos en las elecciones de mitad de legislatura de noviembre. Esto podría hacer que el presidente Trump se enfrentara a un Congreso controlado por los demócratas en sus dos últimos años de mandato.
El presidente Trump declaró recientemente que el gobierno federal no puede permitirse financiar guarderías y otros programas sociales porque tiene que gastar mucho dinero en el ejército y la guerra. Por supuesto, la Constitución no autoriza al gobierno federal a gestionar ni un Estado benefactor ni un imperio global.
El enorme gasto federal en militarismo priva al pueblo americano de los recursos necesarios para crear una «red de seguridad» privada eficaz para quienes lo necesitan. Sin embargo, el presidente Trump quiere aumentar el presupuesto militar hasta 1,5 billones de dólares —un incremento del 40 %—, ¡a pesar de que los Estados Unidos ya gasta más en «defensa» que los presupuestos de defensa combinados de los nueve países siguientes con mayor gasto!
Este gasto se financiará mediante el impuesto de la inflación de la Reserva Federal. Esto supondrá un nuevo aumento de los costes para los americanos. El impuesto de la inflación afecta con mayor dureza a los americanos con ingresos medios y bajos.
Una frase que circula entre algunos libertarios y progresistas contrarios a la guerra, acuñada por Tom Woods, expresa la idea de que, sea quien sea el presidente elegido, siempre se acaba con la política exterior belicista del difunto senador John McCain. El compromiso del presidente Trump de continuar y ampliar la intervención en Oriente Medio y más allá, así como de aumentar drásticamente el gasto para llevar a cabo esta tarea, sugiere una excepción a la regla: el presidente Trump podría ser peor que John McCain.