Power & Market

La IA y los temores cuasi-marxistas

He aquí un temor existencial relacionado con la IA: las empresas del sector privado invertirán en IA hasta tal punto que el resultado será un despido masivo de empleados técnicos altamente cualificados y con salarios elevados, así como una reducción drástica de la demanda de puestos de trabajo rutinarios y repetitivos. Además, los recién graduados universitarios y los titulados de secundaria con menor formación se encontrarán con un mercado laboral que no busca empleados sin experiencia. Así, mientras la tasa de desempleo aumenta y luego se dispara, la producción crecerá exponencialmente a medida que la automatización mejore la eficiencia. Esto conducirá a una situación en la que un exceso de productos en el mercado se enfrentará a unos consumidores sin ingresos.

Esto es un cuasi-marxismo —la creencia de que los capitalistas (entre otras cosas) reducirán los salarios hasta un nivel de subsistencia, al tiempo que producen bienes que los trabajadores no pueden permitirse. El resultado será una crisis y acabaremos encaminándonos hacia una revolución comunista mundial.

Oro en el océano

Existe otro temor, menos extendido: la cantidad de oro presente en las aguas oceánicas supera con creces —quizás hasta en un factor de 100— la cantidad de oro que se ha extraído hasta la fecha. Por ello, para algunos, el oro no es una inversión a largo plazo, ya que, una vez que exista la tecnología necesaria para extraer de forma eficiente el oro de los océanos, su precio se desplomará hasta casi cero. Este temor se plantea como si un avance tecnológico inminente fuera a vaciar rápidamente los océanos de su oro.

Pero esto exige que los empresarios adquieran hoy recursos escasos para obtener una rentabilidad casi nula en el futuro, ya que la sobreabundancia de oro hará que su precio se reduzca prácticamente a cero. Sin embargo, esto no refleja cómo funciona la mentalidad emprendedora.

El emprendedor analiza el panorama económico actual y prevé la demanda futura con el objetivo de obtener beneficios una vez cubiertos los costes. Esto no quiere decir que todos los emprendedores tengan éxito, ni que ningún emprendedor cometa errores. Se trata simplemente de una obviedad sobre las motivaciones emprendedoras.

Volver a la IA

El temor planteado al principio de este artículo lleva a los emprendedores a invertir en IA hasta tal punto que sus inversiones les reportarán pérdidas. Una vez más, así no es como funciona la mentalidad emprendedora. Tampoco es así como las personas emplean sus escasos recursos para obtener lucros.

La tecnología actual permite extraer oro de los mares, pero no resulta ni práctica ni rentable. Es de suponer que se están ideando y aplicando mejoras. Sin embargo, las inversiones se destinan a aquellas mejoras que se espera que generen beneficios. Por lo tanto, la cantidad invertida viene determinada por el valor estimado del oro que se va a extraer.

En consecuencia, las empresas seguirán invirtiendo en IA, al igual que siempre han invertido tanto en capital como en mejoras tecnológicas. Pero, dado que nadie produce por producir, cualquier supuesto «instinto animal» que impulse la adopción total de la IA también se verá atenuado por la conciencia de que los bienes requieren un mercado y consumidores dispuestos y capaces de adquirirlos.

Trabajo y capital

Siempre ha existido una tensión constante entre el capital y el trabajo. La vemos cuando un salario mínimo impuesto por el gobierno eleva el coste de la mano de obra por encima del coste de la tecnología. Esto se observa en los restaurantes de comida rápida, donde los quioscos de pedidos están sustituyendo al empleado del mostrador. Observé esta tensión desde otra perspectiva mientras vivía en Jamaica como voluntario del Cuerpo de Paz a principios de la década de 1990. Un jornalero solía ganar cuatro dólares al día, más el almuerzo que le proporcionaba el empleador. Dados los exorbitantes aranceles de importación impuestos por el gobierno, resultaba más barato contratar a veinte hombres para construir una casa pequeña que invertir en maquinaria.

Cabe destacar que ambos ejemplos son distorsiones de la economía provocadas por el gobierno. Sin embargo, eso tampoco es ninguna sorpresa.

Las inversiones en IA son inversiones de capital que han creado nuevas tensiones con la mano de obra. No obstante, las inversiones de capital desplazan ciertos puestos de trabajo, al tiempo que aumentan el valor relativo del trabajo. Estas fuerzas tienden a empujar al capital y a la mano de obra hacia un nuevo equilibrio. Sin embargo, este equilibrio —como todos los equilibrios— nunca se alcanza, ya que continuamente surgen nuevos cambios en la relación.

Conclusión

Sí, la inteligencia artificial provocará algunos trastornos, algunos de ellos importantes en determinados sectores de la economía. Pero el mercado y la sociedad han sobrevivido a anteriores crisis tecnológicas sin que se hayan infringido las leyes de la economía. La mano de obra se reorientará hacia puestos de trabajo que aún ni siquiera se han imaginado, y la tensión persistente entre el capital y el trabajo evitará que las fábricas produzcan montañas de bienes mientras los posibles consumidores permanezcan en el paro y sin poder comprarlos.

No hay motivo para el pánico existencial: estas ideas cuasi-marxistas acabarán en el basurero de la historia por las leyes de la acción humana.

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