[Publicado en el Wall Street Journal, 17 de junio de 2026 —ed.]
Arthur Laffer y Stephen Moore sostienen en «La gran reforma tributaria de Bob Packwood» (artículo de opinión, 11 de junio) que las tasas impositivas más bajas —el sello distintivo de la ley de reforma tributaria de 1986 impulsada por el difunto senador Bob Packwood— generan mayores ingresos fiscales. Pero el problema más profundo no son las tasas impositivas; es el gasto federal.
Cada dólar que gasta Washington es un dólar que se le quita al sector privado, el verdadero motor de la prosperidad, la innovación y la creación de empleo. Si los ingresos fiscales aumentan debido al crecimiento económico, los legisladores no deberían interpretarlo como una invitación para que el gobierno gaste aún más. Una economía en crecimiento debería requerir menos intervención gubernamental a medida que se amplían el empleo o y las oportunidades en el sector privado. ¿Por qué debería Washington seguir absorbiendo una parte cada vez mayor de los recursos de la nación?
A medida que nos acercamos al 250.º aniversario de la Declaración de Independencia, los americanos pueden reflexionar sobre la visión de los fundadores de una nación basada en la autosuficiencia y un gobierno limitado. Hoy en día, decenas de millones de americanos, empresas e instituciones dependen de los fondos federales para obtener ingresos y prestaciones. Esta dependencia dista mucho del espíritu de independencia que impulsó la Revolución americana.
América necesita un presupuesto constitucional que elimine gradualmente los programas federales no autorizados. El objetivo debería ser restablecer la independencia económica reduciendo el alcance de Washington y permitiendo que los ciudadanos se queden con una mayor parte de lo que ganan, al tiempo que dependen menos del gobierno para su sustento.
Murray Sabrin, Ph.D.
Investigador asociado, Instituto Mises
Naples, Florida