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La falacia de la teoría keynesiana de la demanda insuficiente

La mayoría de los expertos cree que el motor clave del crecimiento económico es la demanda total de bienes y servicios. Cada vez que una economía muestra signos de debilidad, los expertos sostienen que es necesario fortalecer la demanda total para evitar una recesión. 

Por lo tanto, según este punto de vista, si el sector privado no logra aumentar la demanda, le corresponde al gobierno incrementar la demanda pública de tal manera que se fortalezca la demanda total de la economía.

Este razonamiento sostiene que las recesiones económicas se deben a la falta de demanda total en la economía. Sin embargo, sabemos que las personas aspiran a mejorar su nivel de vida, lo que significa que su demanda de bienes y servicios está creciendo y no puede ser escasa.

En la economía de libre mercado, quienes generan riqueza no producen todo para su propio consumo. Parte de su producción se utiliza para intercambiarla por los productos de otros productores. Por lo tanto, en la economía de libre mercado, la producción precede al consumo. 

Esto significa que algo se intercambia por otra cosa. También significa que un aumento en la producción de bienes y servicios pone en marcha un aumento en la demanda de bienes y servicios. Según David Ricardo, 

Nadie produce sino con el fin de consumir o vender, y nunca vende sino con la intención de adquirir algún otro bien, que pueda serle útil de inmediato o que pueda contribuir a la producción futura. Al producir, pues, se convierte necesariamente en consumidor de sus propios bienes o en comprador y consumidor de los bienes de otra persona.

Obsérvese que la demanda de una persona está limitada por su capacidad para producir bienes. Cuantos más bienes pueda producir un individuo, más bienes podrá demandar. 

La demanda no puede existir por sí sola ni ser independiente: está limitada por la producción. Por lo tanto, lo que impulsa la economía no es la demanda, sino la producción de bienes y servicios. En este sentido, los productores, y no los consumidores, son el motor del crecimiento económico. 

Según James Mill, 

Cuando los bienes se llevan al mercado, lo que se necesita es alguien que los compre. Pero para comprar, hay que tener los medios para pagar. Por lo tanto, es obvio que los medios de pago colectivos que existen en toda la nación constituyen el mercado completo de la nación. Pero, ¿en qué consisten los medios de pago colectivos de toda la nación? ¿No consisten acaso en su producción anual, en los ingresos anuales de la masa general de habitantes? Pero si el poder de compra de una nación se mide exactamente por su producción anual, como sin duda es así; cuanto más se aumenta la producción anual, más se amplía, por ese mismo acto, el mercado nacional, el poder de compra y las compras efectivas de la nación… Así pues, parece que la demanda de una nación es siempre igual a la producción de una nación. De hecho, así debe ser; pues, ¿qué es la demanda de una nación? La demanda de una nación es exactamente su poder de compra. Pero, ¿qué es su poder de compra? Sin duda, el volumen de su producción anual. Por lo tanto, el volumen de su demanda y el volumen de su oferta son siempre exactamente proporcionales.

Si una población de cinco personas produce diez papas y cinco tomates, eso es todo lo que pueden demandar y consumir. 

Ningún truco del gobierno ni del banco central puede hacer posible que aumente su demanda. La única forma de aumentar la capacidad de consumir más es aumentar la capacidad de producir más. 

La dependencia de la demanda respecto a la producción de bienes no puede eliminarse mediante la inyección de dinero ni el gasto gubernamental. 

Por el contrario, es probable que las políticas fiscales y monetarias expansionistas empobrezcan a quienes generan riqueza y debiliten su capacidad para producir bienes y servicios, lo que a su vez debilitará la demanda. 

Por lo tanto, lo que se requiere para reactivar la economía no es fortalecer la demanda total, sino cerrar todas las brechas que permiten la generación de dinero de la «nada» y frenar el gasto gubernamental. 

Esto permitirá a los generadores de riqueza reactivar la economía al darles la posibilidad de seguir adelante con la actividad de generación de riqueza. 

Podemos concluir que, al fortalecer la capacidad de la economía para producir bienes y servicios, estamos aumentando la demanda total y promoviendo el crecimiento económico. Esto contrasta con la forma de pensar popular, que da por sentada la producción y se enfoca en las formas y medios mediante los cuales se podría aumentar el consumo.

Ampliar el fondo de ahorros es clave para el crecimiento económico

Ahora bien, sin la expansión y la mejora de la estructura productiva, será difícil aumentar la oferta de bienes y servicios. La expansión y la mejora de la estructura productiva dependen de la ampliación de la reserva de ahorros. La reserva de ahorros respalda a los individuos en las diversas etapas de la producción. Por lo tanto, lo que importa para el crecimiento económico no son solo las herramientas, la maquinaria y la mano de obra, sino también los ahorros suficientes para adquirir bienes de capital.

El gobierno no genera riqueza

Contrario a lo que se suele pensar, el gobierno no produce riqueza alguna; por lo tanto, el aumento de los gastos públicos no puede impulsar el crecimiento económico. Las diversas personas que trabajan para el gobierno esperan una remuneración por su trabajo. 

Una de las formas en que el gobierno puede pagar a estas personas es gravando con impuestos a quienes sí generan riqueza. Al hacerlo, el gobierno debilita el proceso de generación de riqueza y socava las perspectivas de recuperación económica. 

Según Murray Rothbard,

Dado que la demanda genuina solo proviene de la oferta de productos, y dado que el gobierno no es productivo, se deduce que el gasto público no puede aumentar verdaderamente la demanda.

Del mismo modo, un aumento en la oferta monetaria solo pone en marcha un intercambio de nada por algo. Esto significa un debilitamiento en el proceso de formación de riqueza y un empobrecimiento económico.

Un factor importante que hace que los estímulos fiscales y monetarios parezcan «funcionar» es que el flujo de ahorros sea lo suficientemente grande como para sostener actividades que no generan riqueza, al tiempo que permita mantener la tasa de crecimiento de las actividades de quienes generan riqueza. 

Sin embargo, si el flujo de ahorros está disminuyendo, entonces, independientemente de los aumentos en los gastos del gobierno y de la inyección monetaria por parte del banco central, no se podrá reactivar la actividad económica general. En este caso, cuanto más gaste el gobierno y cuanto más dinero nuevo inyecte el banco central en la economía, más se les quitará a los generadores de riqueza, lo que debilitará cualquier perspectiva de recuperación.

Cuando las políticas monetarias y fiscales expansionistas le quitan pan al panadero, este tendrá menos pan a su disposición. En consecuencia, el panadero no podrá contar con los servicios del fabricante de hornos. Como resultado, no será posible aumentar la producción de pan, si todas las demás variables se mantienen constantes. 

A medida que se intensifica el ritmo de las políticas expansionistas, podría surgir una situación en la que el panadero no tenga suficiente pan ni siquiera para mantener en funcionamiento el horno existente. (El panadero no tendrá suficiente pan para pagar los servicios de un técnico que mantenga el horno existente en buen estado). En consecuencia, la producción de pan disminuirá de hecho.

De manera similar, otros generadores de riqueza, debido al aumento de los gastos del gobierno y a la inyección monetaria, tendrán menos ahorros a su disposición. Esto, a su vez, obstaculizará la producción de sus bienes y servicios y retrasará, en lugar de promover, el crecimiento económico general.

El aumento de las políticas fiscales y monetarias expansionistas no solo no eleva la producción general, sino que, por el contrario, conduce a un debilitamiento del proceso de generación de riqueza en general.

 Según Say,

Los únicos consumidores reales son aquellos que producen por su cuenta, porque solo ellos pueden comprar los productos de los demás, [mientras que]… los consumidores estériles no pueden comprar nada excepto mediante el valor creado por los productores.

Conclusiones

Para poder intercambiar algo por bienes y servicios, los individuos deben tener primero algo que intercambiar. Esto significa que, para demandar bienes y servicios, los individuos deben producir primero algo útil. 

Por lo tanto, la oferta impulsa la demanda, y no al revés. Además, dado que los individuos aspiran a mejorar su nivel de vida, su demanda es creciente y nunca escasa. 

Por lo tanto, contrariamente a la forma de pensar popular, el motor clave de una economía no es la demanda de bienes y servicios, sino la producción de los mismos. A través del aumento de la producción se puede sustentar una mayor demanda.

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