Los EEUU desconoce cómo alcanzar dos objetivos fundamentales: la seguridad y la prosperidad. Debido a esta ignorancia, se ha involucrado en una guerra no declarada en Oriente Medio y ha establecido aranceles proteccionistas en su territorio. La guerra en Oriente Medio no mejorará la seguridad americana, y los aranceles proteccionistas causarán daño económico en el país, ambos resultados completamente opuestos a las intenciones de sus autores.
Antecedentes de la guerra preventiva contra Irán
La política más peligrosa es la de buscar la seguridad nacional mediante el cambio de régimen en el extranjero. Durante décadas, los EEUU ha orquestado el derrocamiento de los líderes políticos de países considerados vitales para sus intereses. El último caso, por supuesto, es Irán, para lo cual los EEUU ha colaborado con Israel, que persigue su propia agenda de seguridad denominada «Gran Israel». No importa si los EEUU está de acuerdo con el objetivo de Israel o no. Tanto la táctica del «Gran Israel» como el cambio de régimen en Irán no solo fracasarán, sino que el intento nunca fue necesario en primer lugar.
Israel respondió a un ataque terriblemente brutal y perverso perpetrado por grupos terroristas contra sus asentamientos con una respuesta militar de tierra quemada sin precedentes dirigida contra la población civil de las zonas fronterizas. Esta política hizo que, casi de inmediato, la indignación moral mundial pasara de centrarse en la atrocidad del ataque terrorista a centrarse en la consternación ante la respuesta despiadada de Israel.
Así, Israel logró que los EEUU se sumara a los ataques contra Irán —la «cabeza de la serpiente»— primero, el pasado mes de junio, contra las instalaciones nucleares iraníes, y ahora contra los líderes, las instalaciones militares y las instalaciones petroleras de Irán. Ha tenido un éxito rotundo en la consecución de estos objetivos tácticos, pero el objetivo estratégico de un cambio de régimen se le escapa.
Si la doctrina de la destrucción mutua asegurada (MAD) funciona, ¿por qué el ataque preventivo?
Sin entrar en detalles sobre la situación actual del conflicto, analicemos simplemente si esta táctica era necesaria para alcanzar su objetivo declarado de «cambio de régimen», incluso en el caso de que finalmente tuviera éxito. Yo digo que no era necesaria. Tanto los líderes de los EEUU como los israelíes se han convencido a sí mismos de que —si se le permite fabricar armas nucleares, Irán las utilizará en un primer ataque contra Israel— y, tal vez, contra los EEUU, incluso si dicho primer ataque resultara en la aniquilación nuclear total del propio Irán, ya sea a manos de un Israel con armas nucleares o de los EEUU.
Por lo tanto, a diferencia de otras potencias nucleares —algunas de las cuales son muy hostiles hacia los EEUU e Israel—, Irán debe ser objeto de un ataque militar preventivo cuyo objetivo sea un cambio de régimen. Aunque no hay garantía de que un Irán nuclear no cometiera un acto suicida, los EEUU y sus aliados se enfrentaron precisamente a esa perspectiva durante la Guerra Fría. La política de los EEUU para esa lamentable época fue la «destrucción mutua asegurada» (MAD). Ni los EEUU ni la Unión Soviética intentarían un primer ataque porque el otro respondería con un ataque igualmente devastador. La MAD funcionó durante cuarenta años y se consideró un éxito. ¿Por qué no funcionaría hoy contra Irán? ¿Acaso los líderes de hoy ignoran por completo lo que funcionó en el pasado? No lo creo. Sin embargo, o bien se han convencido a sí mismos de que no funcionará contra Irán, o bien tienen algún otro objetivo en mente.
El capitalismo es un ganar-ganar
A continuación, analicemos la respuesta de los EEUU al creciente poder económico de China. Dos premisas económicas subyacentes y erróneas guían la política económica americana y socavan perversamente el objetivo de promover la prosperidad económica del país. Primero, que el crecimiento económico de otras naciones se produce a costa del crecimiento americano; y segundo, que dicho crecimiento representa un peligro para la seguridad nacional y económica americana. Esta visión mercantilista errónea del mundo ha llevado a América a imponer sanciones económicas contra quienes considera sus rivales económicos y ha provocado que medio mundo forme organizaciones, como los BRICS y la Bolsa de Oro de Shanghái, para eludir los mecanismos de comercio internacional controlados por el dólar de los EEUU, en particular el sistema de mensajería comercial SWIFT.
Liquidación de operaciones con dinero real, no con dinero fiat devaluado
La característica principal de estas nuevas organizaciones es que el comercio entre países se realiza sin interferir en los asuntos internos de los demás miembros y se liquida mediante un medio de intercambio que no se deprecia: el oro. Cuando los EEUU suspendió unilateralmente la canje de su moneda por oro en el otoño de 1971, sus reservas de oro se encontraban dentro del territorio continental de EEUU y sus acreedores legítimos no pudieron reclamarlas. El grupo BRICS ha abordado este riesgo. China —líder del grupo BRICS— está construyendo cámaras acorazadas de oro fuera de China para que los miembros puedan canjear los créditos comerciales por oro o por yuanes respaldados por oro.
Estas medidas defensivas son costosas y solo se pusieron en marcha porque EEUU utilizó su control sobre el sistema basado en el dólar para castigar a los miembros por situarse en el «lado equivocado» de disputas internacionales que poco tenían que ver con los acuerdos comerciales. Fue la típica arrogancia de una potencia hegemónica.
Pero los EEUU debería alentar y celebrar el crecimiento económico de otras naciones, ya que estas aportarán bienes y servicios al mundo y, a cambio, comprarán los nuestros. De hecho, lo único que impide a América disfrutar plenamente de la producción mundial son nuestras propias políticas económicas erróneas, principalmente los aranceles. La población de China es aproximadamente cuatro veces mayor que la de los EEUU. Es lógico pensar que una China capitalista acabaría teniendo un PIB mayor que el de los EEUU. ¿Y qué? No hay forma de que una China —incluso si su PIB fuera diez o veinte veces mayor que el de EEUU— pudiera amenazar nuestra seguridad. Nuestra seguridad está garantizada por nuestro arsenal nuclear alojado en silos en América, bajo el mar en submarinos de misiles balísticos y por bombarderos de largo alcance, la llamada tríada nuclear.
La prosperidad de China hará que América sea aún más rico, del mismo modo que un Japón, una Corea del Sur, una Italia, una Alemania o una Rusia más prósperos —y la lista podría seguir y seguir— ofrecerán a los americanos más y mejores bienes y servicios. Esta es la maravilla del capitalismo de libre mercado, en el que todos participan voluntariamente y sin coacción. Los EEUU no necesita intervenir en los asuntos internos de sus socios comerciales.
Que el gobierno no se meta
La principal amenaza para la prosperidad americana proviene de nuestro propio gobierno, en forma de restricciones comerciales y regulaciones internas que hacen que invertir y producir resulte tan difícil y costoso. Pero este es un problema de América y de nadie más, del mismo modo que los asuntos internos de otros países no son de nuestra incumbencia.
América debe deshacerse de su mentalidad de dominación mundial, que a la larga acabará con nuestra prosperidad. Traigamos a casa a nuestras tropas desplegadas por todo el mundo. Pongamos fin a la devaluación del dólar. Los productos del mundo se pondrán a nuestros pies gracias a vendedores dispuestos a ofrecerlos. Los compradores dispuestos harán fila para adquirir nuestros productos. No es necesaria ninguna intervención gubernamental.