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¿Está la inflación más dirigida por las “expectativas” que por la oferta monetaria?

Para la mayoría de los comentaristas económicos, la fuerza directora subyacente de la inflación son las expectativas de inflación.1 Por ejemplo, si hay un aumento brusco en el precio del crudo, las personas pueden formarse mayores expectativas inflacionistas que podrían poner en marcha un espiral de inflación de precios. O eso se dice.

Si las expectativas pudieran de alguna manera hacerse menos receptivas a las diversas sacudidas de precios, entonces, a lo largo del tiempo, esto mitigaría el efecto de una sacudida de precios sobre la inflación de precios, se argumenta.

Una vez aceptamos que las expectativas de inflación son la fuerza directora de proceso inflacionista, el siguiente paso es descubrir una manera (usando políticas del banco central) de hacer que estas expectativas sean menos sensibles a las diversas sacudidas de precios. Una vez ocurre esto, las expectativas pueden “anclarse” y las diversas sacudidas de precios, como los aumentos bruscos en petróleo o comida es probable que sean de naturaleza transitoria. Esto significa que a lo largo del tiempo las sacudidas de precios es improbable que tengan muchos efectos sobre la tasa de inflación.

Cómo “anclar” las expectativas de inflación: Los objetivos de inflación

Para hacer que las expectativas de inflación estén bien ancladas, las personas deben tener clara la política monetaria de quienes crean las políticas del banco central. Si los banqueros centrales dejan claro que planean buscar un nivel concreto de inflación de precios, creen que pueden gestionar expectativas presentes y futuras de inflación. Por otro lado, mientras las personas no tengan claro el objetivo preciso de los que crean las políticas con respecto a la inflación, será difícil llevar las expectativas inflacionistas a un estado de equilibrio.

Realmente no se trata de expectativas

Es una teoría interesante, pero el factor clave detrás la inflación no son las expectativas: es el crecimiento de la oferta monetaria.

Después de todo, sin un previo aumento de la oferta monetaria no puede haber un aumento general en los precios, que es a lo que la mayoría de los comentaristas ortodoxos llaman “inflación”.

El precio de un bien es la cantidad de dólares pagados por unidad de un bien. Para una cantidad concreta de bienes, si las existencias de dinero permanecen sin cambios, la cantidad de dólares gastados por unidad de bien permanecerá constante, en igualdad de condiciones.

Por ejemplo, supongamos que debido a un aumento brusco y repentino en el precio del petróleo la gente se ha formado una expectativa de más inflación. Si las existencias de dinero no cambian, no puede haber ningún aumento en los precios, en igualdad de condiciones.

En este caso, todo lo que tenemos es una situación en la que los precios de los bienes relacionados con el petróleo y la energía aumentarán, mientras que el precio de los demás bienes y servicios disminuirán. Si se gasta más dinero en petróleo y productos del petróleo, evidentemente quedará menos dinero para otros bienes y servicios (advirtamos de nuevo que un precio es la cantidad de dinero por unidad de bien). Solo si se crea más dinero habrá un aumento general en los precios.

Podemos concluir que el cambio en la oferta monetaria soporta los aumentos subyacentes en precios y no las expectativas de inflación. Sin la creación de nuevo dinero, aumentado por los bancos centrales, en igualdad de condiciones, no puede tener lugar ningún aumento general en la inflación de precios. El que los consumidores esperen o no cierta cantidad de inflación se convierte por tanto en irrelevante.

  • 1Ben S. Bernanke “Inflation Expectations and Inflation Forecasting” 10 de julio de 2007, discurso en la NBER.
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