John C. Calhoun es conocido sobre todo por haber sido una figura política destacada americana durante la primera mitad del siglo XIX, y por ser el principal defensor de los derechos de los estados y de los intereses del Sur frente a los centralistas que pretendían alterar el significado original de la Constitución. En A Disquisition on Government (Una disertación sobre el gobierno), publicada tras su muerte en 1850, expone una visión de la naturaleza del gobierno que demuestra una gran profundidad teórica y, tras estudiarla, uno puede comprender por qué Murray Rothbard la admiraba. En la columna de esta semana, me gustaría esbozar algunos de los puntos principales de la visión de Calhoun.
Calhoun comienza su obra con el «hecho incontestable de que el hombre está constituido de tal manera que es un ser social». También afirma que existe otro hecho «no menos incontestable: que, si bien el hombre está constituido de tal manera que el estado social es necesario para su existencia y el pleno desarrollo de sus facultades, este estado no puede existir sin gobierno». Calhoun basa esta afirmación en los datos históricos, concretamente en que las sociedades a gran escala siempre han tenido un gobierno. Los seguidores de Rothbard discreparían de la opinión de Calhoun de que el gobierno es necesario, pero en lugar de exponer la postura rothbardiana —que estoy seguro de que la mayoría de los lectores ya conocerán—, me limitaré a exponer lo que dice Calhoun.
Si le preguntamos a Calhoun: «¿Por qué es necesario un gobierno? ¿Por qué la gente no puede reconocer las ventajas de la cooperación social y formar una sociedad sin una entidad coercitiva que los mantenga a raya?», su respuesta es que la naturaleza humana así lo exige. Las personas se mueven de forma natural por lo que les resulta más cercano:
...aunque el hombre ha sido creado para la vida social y, en consecuencia, está formado de tal manera que siente tanto lo que afecta a los demás como lo que le afecta a él mismo, al mismo tiempo está constituido de tal forma que sus afectos directos o individuales son más fuertes que sus sentimientos de empatía o sociales.
Ahora surge un problema, y es precisamente en los esfuerzos de Calhoun por resolverlo donde radica el principal mérito teórico de la «Disquisición». El problema es que las personas que forman parte del gobierno están sujetas a la misma tendencia a tener «afectos directos» más fuertes que los sentimientos sociales. Si la gente necesita un gobierno que la mantenga a raya, ¿qué va a mantener a raya al gobierno?
Calhoun, responde que:
Solo hay una forma en la que esto puede llevarse a cabo, y es mediante un organismo que proporcione a los gobernados los medios para resistir con éxito esta tendencia de los gobernantes a la opresión y el abuso. Solo se puede resistir al poder con poder, y a una tendencia con otra tendencia.
Pero, ¿Cómo pueden los gobernados obtener los medios para resistirse? Solo pueden hacerlo mediante el derecho al voto para derrocar al gobierno del poder:
... esto solo puede lograrse mediante el derecho al sufragio —(el derecho de los gobernados a elegir a sus gobernantes a intervalos adecuados y a exigirles así que rindan cuentas de su conducta)…
Muchas personas que defienden el derecho de los gobernados a derrocar al gobierno se detienen en este punto, pero el gran mérito de Calhoun es que él no lo hace. En una sociedad diversa, es inevitable que las personas tengan intereses diferentes, y cada grupo intentará votar para que llegue al poder un gobierno que le resulte más beneficioso:
...cuanto más extenso y poblado es un país, más variadas son las condiciones y las actividades de su población; y cuanto más rica, lujosa y heterogénea es la población, más difícil resulta equilibrar el gobierno y más fácil resulta que una parte de la comunidad abuse de sus poderes para oprimir y saquear a la otra.
Dados estos intereses contrapuestos, los grupos divergentes intentarán formar coaliciones hasta conseguir los votos suficientes para elegir un gobierno:
Con este fin, se producirá una lucha entre los distintos grupos de interés para obtener la mayoría y, de este modo, controlar el gobierno. Si ningún grupo de interés es lo suficientemente fuerte por sí solo para conseguirla, se formará una alianza entre aquellos cuyos intereses sean más afines, en la que cada uno cederá algo a los demás hasta alcanzar el número suficiente para obtener la mayoría.
El peligro al que se enfrenta la ciudadanía por parte del gobierno es especialmente grave porque, para poder funcionar, un gobierno necesita recaudar impuestos, pero el poder de recaudación está expuesto a abusos. Las personas que forman parte del gobierno se encuentran en una posición que les permite distribuir dinero entre sus amigos a costa de los demás:
... una parte de la comunidad puede verse aplastada, y otra elevada sobre sus ruinas, al pervertir sistemáticamente el poder de recaudar impuestos y realizar gastos con el fin de engrandecer y fortalecer a una parte de la comunidad a costa del gobierno.
Calhoun llega ahora a una conclusión que impresionó enormemente a Rothbard. Si el Estado grava a unas personas mientras que da dinero a otras, entonces, en última instancia, el dinero se está distribuyendo del primer grupo al segundo. Si alguien recibe más en prestaciones de lo que paga en impuestos, es un «consumidor de impuestos». En efecto, no paga impuestos. Lo contrario ocurre con quienes pagan más en impuestos de lo que obtienen en prestaciones. Son los contribuyentes; y se puede considerar que todo el proceso de recaudación y distribución de impuestos como en la creación de clases de personas explotadas y explotadoras:
La consecuencia inevitable, pues, de la política fiscal desigual del gobierno es dividir a la comunidad en dos grandes clases: una formada por aquellos que, en realidad, pagan los impuestos y, por supuesto, soportan en exclusiva la carga de mantener al Estado; y la otra, por aquellos que se benefician de los ingresos fiscales a través de las prestaciones, y que, de hecho, son mantenidos por el Estado; o, en pocas palabras, dividirla en contribuyentes y beneficiarios de los impuestos.
La «Disquisición» se acerca ahora a su punto álgido teórico. Según Calhoun, la sociedad necesita un gobierno, pero quienes lo integran explotarán inevitablemente a los gobernados. El derecho al sufragio conducirá a una mayor explotación. ¿Qué se puede hacer, si es que se puede hacer algo? Calhoun sugiere brillantemente que la mejor línea de actuación es lo que él denomina la «mayoría concurrente». Cada grupo de interés de la sociedad debe poder bloquear las medidas del gobierno que vayan en contra de sus intereses:
De ello se desprende... que existen dos formas distintas de entender el sentido de la comunidad: una, simplemente a través del derecho de sufragio, sin más; la otra, a través de un organismo adecuado. Ambas recogen la voluntad de la mayoría. Pero uno solo tiene en cuenta las cifras...; el otro, por el contrario, tiene en cuenta tanto los intereses como las cifras —considerando que la comunidad está compuesta por intereses diferentes y contrapuestos, en lo que respecta a la actuación del gobierno— y recoge la voluntad de cada uno a través de su mayoría o de su órgano adecuado, y la voluntad unida de todos como la voluntad de toda la comunidad. A la primera de ellas la llamaré mayoría numérica o absoluta, y a la segunda, mayoría concurrente o constitucional.
Si todos los grupos deben ponerse de acuerdo, ¿no se producirá esto necesariamente una parálisis? ¿No es casi seguro que algún grupo vetará cualquier línea de actuación propuesta? Calhoun lo niega. Argumenta que si las personas comprenden que deben ponerse de acuerdo para llegar a una decisión, y si además desean tener un gobierno, se producirá un proceso de ajuste mutuo. Llegarán a un compromiso sobre una solución que cada uno considere la mejor posible dadas las circunstancias: «Tal es el carácter imperioso de la necesidad que impulsa al compromiso en gobiernos de esta índole». Por el contrario, la mayoría absoluta conlleva la imposición por la fuerza de la voluntad de la mayoría sobre los recalcitrantes.
Las ideas expresadas en la «Disquisición» guiaron a Calhoun en su defensa del gobierno constitucional en los Estados Unidos. Quienes deseaban un gobierno central más fuerte proponían interpretar la Constitución de una forma que violaba la concepción original de la misma como un pacto entre los pueblos de los distintos estados. En el contexto americano, los estados constituían la mayoría concurrente que los ideólogos del Norte pretendían dejar de lado. Sus esfuerzos por lograrlo culminaron en la Guerra Civil, con todos sus horrores.