Primeros cien días de Milei: una evaluación
Javier Milei, que preside Argentina, el primer presidente libertario de la historia —autoproclamado anarcocapitalista— ha merecido el apoyo mundialmente.
Javier Milei, que preside Argentina, el primer presidente libertario de la historia —autoproclamado anarcocapitalista— ha merecido el apoyo mundialmente.
Faltan dos meses para que se conmemore el 50 aniversario del golpe que removió del poder a Marcello Caetano en Portugal en la tarde del 25 de abril de 1974, supuestamente marcando el fin del corporativismo.
Según Marx, todas las ideas representan intereses de clase, por lo que no hay lugar para la verdad objetiva. El problema es que los marxistas afirman sostener la verdad objetiva, pero se las arreglan para contradecirse a sí mismos.
Cortes de EEUU y Canadá están empezando a fallar a favor de los resultados basados en la raza, convirtiendo la «justicia» en una herramienta de identidad étnica. Este movimiento no acabará bien.
Lejos de ser un «estabilizador automático» que mitiga las recesiones mediante un gasto «anticíclico», el Estado benefactor en realidad hace que las recesiones sean más largas y profundas. Es hora de reconocerlo y eliminarlo por completo.
El gobierno de Nueva York ha impuesto draconianos controles del alquiler. El resultado natural, como señalan los economistas, ha sido una escasez masiva, pues los propietarios de apartamentos ya no tienen incentivos para alquilar los que están vacíos.
Una cosa que hay que decir a favor de la clase dirigente conservadora americana es que, al menos de boquilla, defienden la idea
El colectivismo no es una ideología peligrosa sólo por su mala economía. También es peligrosa porque sus practicantes se dan cuenta de que la única forma de aplicarla es mediante la violencia descarada, y no tienen reparos en emplearla para salirse con la suya.
Cuando se dice que «el socialismo no funciona», ¿qué se quiere decir? Para examinar y criticar mejor el socialismo, hay que aplicar el marco de los socialistas, que es el único digno de condena.
Cuando alguien esgrime el argumento de las «carreteras» para justificar la presencia del gobierno, no señala que el producto final del gobierno es deficiente y a menudo un peligro para las personas que utilizan esas carreteras. Hay una forma mejor.