El tren bala de California es una buena lección de engaño político
El tren bala de California se ha convertido en el eterno proyecto que no desaparecerá, sin importar el gran fracaso en que se ha convertido.
El tren bala de California se ha convertido en el eterno proyecto que no desaparecerá, sin importar el gran fracaso en que se ha convertido.
La amenaza del presidente Trump de retener 9.000 millones de dólares de la Universidad de Harvard se está enmarcando en los medios de comunicación heredados y en el mundo académico como una amenaza a la libertad académica de Harvard.
Los objetivos cambian continuamente (más bien saltan de falacia), pero hay que hacer frente a un posible objetivo de los aranceles —los aranceles para la protección del empleo nacional.
A la gente le gusta creer que la defensa nacional está fuera del análisis económico, pero la realidad es que las leyes de la economía son inmutables y universales. Un ejemplo de ello es el desarrollo del avion de combate F-35 Lightning II.
Aunque ha suspendido temporalmente sus amenazas de aranceles, las exigencias de «comercio justo» del presidente Trump no tienen sentido desde el punto de vista económico. Solo las exigencias de Trump con respecto a Vietnam no tienen ni pies ni cabeza.
A los americanos les gusta creer que los EEUU es un país rico e indestructible, pero a medida que la deuda gubernamental se amontona y la inflación hace estragos en la economía, quizá deban empezar a preocuparse. Nuestra trayectoria actual es insostenible.
Los izquierdistas que destruyen y pintarrajean Teslas para protestar por la incursión de Elon Musk en la política americana son el último ejemplo de cómo la extrema izquierda americana se deja cooptar fácilmente para hacer el juego directamente a el establishment político.
El presidente Andrew Johnson, conocido por ser el primer presidente sometido a juicio político, vetó una ley proteccionista que pretendía aumentar los aranceles sobre el cobre importado. El Congreso anuló su veto, pero su mensaje a favor del libre comercio es tan relevante hoy como en 1869.
Se lanzan programas gubernamentales, luego se ponen a disposición de las empresas grandes fondos comunes de subvenciones, fondos específicos para I+D y préstamos baratos, lo que abre oportunidades para el amiguismo.
Aunque Elon Musk y su equipo de DOGE han realizado algunos «recortes» muy publicitados en el gasto federal, gran parte del presupuesto federal lleva mucho tiempo grabado en piedra. Harán falta cambios fundamentales en los patrones de gasto para lograr un cambio real.