Es común que los comentaristas y economistas se refieran a algo llamado «la economía», que a veces tiene un buen desempeño y, otras veces, uno deficiente. La «economía» se presenta como una entidad separada de los individuos. Dentro de este marco, se le asigna una importancia primordial a la «economía», mientras que el papel de los individuos apenas se menciona. Hay que darse cuenta de que, en ningún momento, la llamada «economía» tiene vida propia, independiente de los individuos.
Según esta forma de pensar, la «economía» produce bienes y servicios. Una vez que la «economía» ha generado esa producción, lo que se requiere es distribuirla entre las personas de la manera más justa posible.
En realidad, los bienes y servicios no se producen en su totalidad. Cada individuo se ocupa de su propia producción y consumo de bienes y servicios. En consecuencia, no existe tal cosa como la producción nacional real total. Además, no es posible establecer la producción real total dado que, aritméticamente, no podemos sumar de manera coherente papas con jitomates (es decir, bienes heterogéneos). Lo único que podríamos determinar es la cantidad numérica de dinero gastada en bienes y servicios (es decir, el volumen de negocios monetario). El uso del precio promedio como medida para convertir el volumen de negocios monetario en producción real no resuelve este problema, ya que el precio promedio no puede determinarse de manera significativa.
Por ejemplo, supongamos que se realizan dos transacciones. En la primera transacción, se intercambia una barra de pan por 2 dólares. En la segunda transacción, se intercambia un galón de leche por 1 dólar. El precio, o la tasa de intercambio, en la primera transacción es de 2 dólares por una barra de pan. El precio en la segunda transacción es de 1 dólar por un galón de leche. Para calcular un precio promedio, debemos sumar estas dos relaciones y dividirlas entre dos; sin embargo, es conceptualmente sin sentido sumar los 2 dólares que se intercambian por una barra de pan a 1 dólar que se intercambian por un galón de leche. Esto, a su vez, significa que varios indicadores macroeconómicos recopilados por los estadísticos del gobierno están desconectados del mundo real.
En consecuencia, diversas políticas destinadas a influir en una entidad indefinida —la «economía»— a través de indicadores indefinidos perjudican el bienestar de las personas. Incluso los estadísticos del gobierno admiten que todo esto no es real. Según, J. Steven Landefeld y Robert P. Parker, de la Oficina de Análisis Económico,
En particular, es importante reconocer que el PIB real es un concepto analítico. A pesar de su nombre, el PIB real no es «real» en el sentido de que pueda, ni siquiera en principio, observarse o recopilarse directamente, del mismo modo que el PIB en dólares corrientes no puede, en principio, observarse o recopilarse como la suma del gasto real en bienes y servicios finales en la economía. En principio, se pueden recopilar las cantidades de manzanas y naranjas, pero no se pueden sumar para obtener la cantidad total de producción de «fruta» en la economía.
Al agrupar los valores de los bienes y servicios finales, los estadísticos del gobierno concretan la ficción de una «economía» mediante las estadísticas del PIB y otros indicadores económicos. Una vez que la «economía» se concreta, los responsables de la formulación de políticas podrían guiarla por la senda de crecimiento que los expertos consideran deseable.
Así, cada vez que la tasa de crecimiento se desvía por debajo de la trayectoria trazada, se espera que los responsables de políticas del gobierno y del banco central le den a la «economía» un impulso adecuado mediante políticas fiscales y monetarias. Según Rothbard,
Tanto los burócratas como los reformistas estatistas... para poder «adentrarse» en la situación que intentan planificar y reformar, deben obtener un conocimiento que no sea experiencia personal y cotidiana; la única forma que puede adoptar ese conocimiento es la estadística. Las estadísticas son los ojos y los oídos del burócrata, del político y del reformista socialista. Solo a través de las estadísticas pueden saber, o al menos tener una idea de, lo que está sucediendo en la economía.
...una de las principales razones que se esgrimen a favor de la intervención gubernamental es que esta «corrige» el mercado y hace que tanto el mercado como la economía sean más racionales. Obviamente, si el gobierno careciera por completo de conocimiento alguno sobre asuntos económicos, ni siquiera podría fingirse que la intervención gubernamental es racional. Sin duda, la ausencia de estadísticas arruinaría de manera absoluta e inmediata cualquier intento de planificación socialista.
El entorno «obstaculizado» y los datos macroeconómicos
Para tener éxito en un entorno de mercado adverso, los emprendedores suelen adaptarse a las condiciones imperantes, que están influenciadas por las políticas del banco central y del gobierno. Un empresario no puede permitirse ignorar los cambios en diversos indicadores económicos, como el PIB, dado que los funcionarios del gobierno y del banco central reaccionan ante los cambios en estos indicadores. Por ejemplo, si se espera que el banco central endurezca su política monetaria en respuesta a un fortalecimiento del PIB, un empresario debe tomar esto en cuenta para tener éxito en su negocio.
Tenga en cuenta que el gobierno —con el fin de elaborar diversos indicadores económicos— recopila los datos de las empresas que destinan recursos para proporcionarle dicha información. La elaboración de diversos indicadores económicos genera oportunidades de empleo para economistas y expertos en otros campos, como las matemáticas y la estadística. A estos expertos no solo se les contrata para recopilar diversos datos económicos, sino también para interpretarlos y brindar orientación a las empresas.
¿Necesitamos conocer los datos macroeconómicos en un entorno de libre mercado?
En un entorno de libre mercado —sin interferencias del gobierno ni del banco central en las empresas— no tiene mucho sentido medir y publicar diversos indicadores económicos. Este tipo de información será de poca utilidad para los empresarios.
En un entorno de libre mercado, ¿qué uso podría darle un emprendedor a la información sobre la tasa de crecimiento del producto interno bruto (PIB)? O bien, ¿qué uso se le podría dar a los datos que muestran que la balanza de pagos nacional ha pasado a tener un déficit o un superávit? Según Rothbard,
El consumidor individual, en su vida cotidiana, apenas necesita estadísticas; a través de la publicidad, de la información que le brindan sus amigos y de su propia experiencia, se entera de lo que está sucediendo en los mercados que lo rodean. Lo mismo ocurre con las empresas. El empresario también debe evaluar su mercado específico, determinar los precios que debe pagar por lo que compra y cobrar por lo que vende, llevar a cabo una contabilidad de costos para estimar sus gastos, y así sucesivamente.
El único indicador al que los empresarios deben prestar atención es la rentabilidad de su actividad en cuestión. Cuanto mayor sea la ganancia, más en sintonía estará una actividad empresarial específica con las principales prioridades de los consumidores.
Prestar atención a los deseos de los consumidores significa que los empresarios deben organizar la estructura de producción más adecuada para ese fin. La información sobre diversos indicadores macroeconómicos será de poca ayuda en este sentido.
Lo que necesita un emprendedor no es información macroeconómica general, sino información específica sobre la demanda de los consumidores respecto a un producto o una gama de productos. Los indicadores macroeconómicos agregados por el gobierno no serán de gran ayuda para los emprendedores. El emprendedor tendría que establecer su propia red de información relacionada con un proyecto específico. Si la evaluación que hace un empresario de la demanda de los consumidores es correcta, obtendrá ganancias. Una evaluación incorrecta resultará en pérdidas.
El paradigma de las ganancias y pérdidas penaliza a aquellas empresas que han evaluado erróneamente las prioridades de los consumidores y recompensa a aquellas que han realizado una evaluación correcta. Por lo tanto, según el marco de las ganancias y pérdidas, los recursos se retiran de aquellos empresarios que evaluaron erróneamente las prioridades de los consumidores para transferirlos a aquellos que las evaluaron con precisión. Según Mises,
Por lo tanto, las ganancias y las pérdidas se generan por el éxito o el fracaso al ajustar el curso de las actividades productivas a la demanda más urgente de los consumidores.
Hemos visto que la elaboración de diversos indicadores económicos genera oportunidades de empleo para economistas y expertos en otras áreas, como las matemáticas y la estadística.
A estos expertos no solo se les contrata para recopilar diversos datos económicos, sino también para interpretarlos y brindar orientación a las empresas. Sin embargo, en un mercado libre y sin restricciones, es poco probable que los empresarios, en la búsqueda de sus objetivos, necesiten indicadores macroeconómicos. Por lo tanto, en un mercado libre y sin restricciones habría poco interés en los servicios de economistas, estadísticos y matemáticos.
Conclusión
Los responsables de la formulación de políticas del gobierno y del banco central utilizan los datos macroeconómicos para dirigir la llamada «economía» hacia la senda de crecimiento establecida por ellos mismos. Por regla general, esta dirección culmina en la amenaza del ciclo de auge y caída y en un debilitamiento del proceso de generación de riqueza. Al agrupar los valores de los bienes y servicios finales, los estadísticos del gobierno concretan la ficción de una «economía» mediante las estadísticas del PIB y otros indicadores económicos.