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La idea de que la democracia es lo mismo que la libertad es un arma en manos de déspotas

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11/03/2020

A medida que los estadounidenses se acercan a una cita con sus colegios electorales y las campañas de «sacar el voto» van en aumento, hay mucha retórica que casi deifica la democracia.

Desafortunadamente, aunque determinar democráticamente a quién se le confiarán las riendas del gobierno puede representar generalmente la mejor esperanza para permitir que los gobiernos cambien sin derramamiento de sangre (ejemplificado por John Adams volviendo a casa cuando perdió la presidencia a manos de Thomas Jefferson), la democracia no es la característica definitoria de la grandeza americana. La libertad sí lo es. La democracia es importante sólo en la medida en que sirve y defiende la libertad. Por ejemplo, si lo que la actual mayoría decidió «democráticamente» fuera ley, nuestra Constitución y Declaración de Derechos, que pone algunas cosas más allá de la determinación de la mayoría, no podría ser de hecho la ley más alta de la tierra.

Desafortunadamente, la democracia no tiene por qué servir a la libertad. Es completamente consistente con las elecciones que destruyen la libertad, aunque los americanos comúnmente las equiparan. En consecuencia, es importante volver a centrar la atención en la primacía de la libertad sobre la democracia mientras ejercemos nuestro poder de voto. Y hay una excelente guía para tal reflexión en «Democracy and Liberty» de F.A. Harper, en su libro «Liberty: A Path to Its Recovery» de 1949.

  • Un gobierno puede esclavizar a los ciudadanos. .... Pero prevalece la creencia de que... «mientras la democracia sea preservada podemos estar seguros de que la libertad continuará en su totalidad».
  • Probablemente ninguna otra creencia es ahora una amenaza tan grande a la libertad... como la de que la democracia, por sí sola, garantiza la libertad.
  • Si un acto de gobierno en cualquier país viola la libertad del pueblo, es de poca importancia... quién lo hizo o cómo llegó a tener el poder.
  • La libertad... especifica el derecho a hacer lo que [uno] desea, en lugar de la obligación de someterse a la fuerza de los demás para hacer lo que desean que haga.
  • El poder... reemplaza a la libertad....Los medios por los cuales se adquiere el poder, ya sea por el proceso «democrático» o por conquista, no cambian su estatus.
  • Esta ilusión, de que el proceso democrático es lo mismo que la libertad, es un arma ideal para aquellos pocos que deseen destruir la libertad y reemplazarla por alguna forma de sociedad autoritaria....La libertad puede ser fácilmente arrebatada al ciudadano individual, pieza por pieza y siempre más y más, ya que cada vez más personas están bajo el hechizo de la misma ilusión.
  • El derecho de voto... asegura sólo la libertad de participar en ese proceso. No asegura que todo lo que se haga... sea automáticamente en interés de la libertad.
  • Cualquiera que defienda su libertad debe cuidarse del argumento de que el acceso a la boleta, «por el cual la gente obtiene lo que quiere», es libertad. Sería tan lógico afirmar que la libertad en la elección de una esposa está asegurada a una persona si la somete al voto de la comunidad y acepta su decisión de pluralidad, o que la libertad en la religión está asegurada si el estado hace cumplir la participación en la única religión que recibe más votos en la nación.
  • [Cuando] algunos funcionarios han adquirido el poder de negar esta libertad... ningún proceso de selección de los funcionarios que tomaron la decisión puede hacer que no desaparezca.
  • Poder revisar una decisión o solicitar su revisión, bajo el diseño democrático del gobierno, no asegura que la libertad sea protegida. El restablecimiento de la libertad perdida puede ser solicitado y rechazado una y otra vez.... Un esclavo... no se considera libre por el hecho de que se le permita pedir la libertad.
  • Tu «libertad» en el proceso es que disfrutas del derecho a ser forzado a inclinarte ante los dictados de otros, en contra de tu sabiduría y conciencia... lo opuesto a la libertad.
  • El gobierno, incluso del mejor diseño, debe ser usado sólo cuando, en interés de la libertad, se hace necesario llegar a un patrón de conducta único.
  • El máximo de la libertad es el máximo de la democracia, si por democracia se entiende el derecho de una persona a tener control sobre sus propios asuntos. En la medida en que una persona obtiene el control sobre los asuntos de otra, esa otra persona pierde sus derechos democráticos en este sentido. Por eso la expansión de las actividades gubernamentales más allá de las que están en armonía con el liberalismo destruye estos derechos democráticos....Todas las minorías se ven así despojadas... porque sus deseos se ven anulados en el proceso. Las minorías se convierten en los esclavos de los demás. La participación en estos pasos que hacen posible que alguien gobierne a otros no asegura la libertad.
  • La decisión por la prueba de la preferencia dominante (voto de la mayoría, etc.) es el mismo principio de funcionamiento que... el poderío hace el derecho. Si el poder hace el bien, hay que concluir que la libertad está mal.
  • La prueba de si un gobierno defiende o no la libertad se encuentra en lo que hace... si los funcionarios... así como el contenido de las leyes y reglamentos, están en armonía o en conflicto con los requisitos de la libertad.

F.A. «Baldy» Harper, haciéndose eco de los fundadores de Estados Unidos, distinguió claramente la democracia de la libertad, reconociendo que la democracia puede destruir la libertad. Sin embargo, los ciudadanos han olvidado en gran medida que las formas democráticas que no están al servicio de la libertad no representan el tipo de democracia que nuestros fundadores imaginaron, ni la que consagraron nuestros documentos fundacionales. Y como el creciente alcance del gobierno hace que nuestro ejercicio de la democracia sea una creciente amenaza para la libertad, defender esa libertad requiere comprender los límites de la determinación democrática. El mecanismo diseñado para preservar la libertad original de los americanos, ganada con tanto esfuerzo, amenaza con devorarla.

Author:

Gary Galles

Gary M. Galles is a Professor of Economics at Pepperdine University and an adjunct scholar at the Ludwig von Mises Institute. His research focuses on public finance, public choice, economic education, organization of firms, antitrust, urban economics, liberty, and the problems that undermine effective public policy. In addition to his most recent book, Pathways to Policy Failures (2020), his books include Lines of Liberty (2016), Faulty Premises, Faulty Policies (2014), and Apostle of Peace (2013).

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