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La falacia de la ventana rota sigue viva y coleando

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Mientras el huracán Harvey, ahora tormenta tropical Harvey, se abre paso por el sur de EEUU, ya se han realizado estimaciones con respecto al coste de la tormenta. Según AccuWeather, se estima que Harvey coste hasta unos 190.000 millones de dólares en daños, un 1% del PIB nacional. Esto hace de Harvey la tormenta más costosa que haya impactado nunca Estados Unidos, más que el Katrina (100.000 millones) y el Sandy (60.000 millones) combinados.

Llegan los payasos

Igual que en todos los desastres, expertos y economistas con inclinaciones políticas (incluyendo a Larry Summers, que declaró que el tsunami de Japón de 2011 estimularía el crecimiento económico) explicarán elegantemente cómo Harvey acabará siendo algo bueno para “la economía”.1 Por ejemplo, la CNBC informa de que el huracán Harvey puede en último término “aumentar los salarios”. Generará gasto público y pagos de seguros para las víctimas de las inundaciones, se nos dice. Estas víctimas gastarán su dinero en la economía, lo que hará que la gente vuelva a trabajar, a emplear los factores de producción y así sucesivamente.

Como es habitual esta especie de bustos parlantes olvidan a Frederic Bastiat, asumiendo su propio riesgo. En su panfleto “Lo que se ve y lo que no se ve” advierte acerca de las consecuencias invisibles de desperdiciar recursos escasos remplazando capital y equipamiento de capital. Remplazar bienes que ya se han producido es siempre un gasto, un neto negativo y nunca positivo. No hay nada que celebrar en remplazar un neumático pinchado o un parabrisas roto.

Como un experimento mental sencillo de reducción al absurdo, imaginemos tanques conducidos a través de las calles de nuestra ciudad, destrozando edificios e infraestructuras, de forma que aseguradoras y gobiernos puedan gastar dinero en reconstruirla. Sí, se emplea trabajo y capital en reconstruirla, pero ¿qué pasa con lo que no se ve? ¿Qué nuevos productos o servicios podrían haber producido estas personas si no se hubieran dedicado a remplazar cosas? La economía en su conjunto pierde cuando debe gastarse capital dos veces en la misma cosa. No se ha creado nada nuevo y por tanto ninguna riqueza real.

Calculando los costes

Además, los costes de las aseguradoras se sienten en toda la economía al aumentar los costes de las primas para todos los consumidores. Desde que empezó la Gran Recesión junto con la política de tipos cero de interés y los bajos retornos de las inversiones, las empresas de seguros encuentran cada vez más difícil aumentar sus respectivas existencias de seguros. Estas empresas todavía están pagando por el huracán Sandy.

Los costes crecientes de los productos derivados del petróleo ya han empezado a aumentar al haberse interrumpido la capacidad de refinado durante un tiempo. No solo la gasolina y el diésel, sino la multitud de plásticos y otros productos que producen las refinerías en el este de Texas se harán más caros. Este es el lado de la oferta de la ecuación. Al reducir la oferta, aumenta el precio. Es economía básica. Los precios más altos nunca son una ganancia neta para los consumidores.

Consideremos la próxima ronda de gasto de ayuda al que se va a dedicar el gobierno. ¿De dónde obtienen los políticos el dinero a gastar en ayuda frente a desastres? Indudablemente, no de sus cuentas corrientes. Conseguirán otro préstamo del Sistema de la Reserva Federal, con intereses, y los estadounidenses pagarán la factura. Ahora ya sabéis por qué en inglés se usa la expresión “bill” [factura] también para las propuestas de lay antes de ser aprobadas. La Fed, por otro lado, creará esta nuevo “dinero” de la nada con unas pocas pulsaciones de teclado y diluirá aún más la oferta actual de dinero. La inflación monetaria proporciona otro impuesto invisible.

Nada que salvar

Si encontráis pocas cosas para estar contentos cuando se produce un desastre natural, no os preocupéis, sois normales. Después de todo, se los llama desastres naturales y no bonificaciones naturales. Asimismo, desperdiciar capital para reconstruir una ciudad destruida no genera más riqueza. Si lo hiciera, Japón invitaría de nuevo a la fuerza aérea de EEUU para sacar a su economía de una recesión de casi 20 años. La destrucción es siempre un neto negativo.

Ya sea un huracán, un tornado o un terremoto o incluso una guerra, no hay nada que salve la destrucción de capital. Destruir recursos escasos es siempre algo tonto. Pero démonos cuenta de que la mayor destrucción que dejan estos acontecimientos es el recurso irremplazable de las vidas humanas y la interrupción del sustento. Quienes siguen en pie después de que se produce el desastre no se consuelan cuando un experto les dice la suerte que tienen. Todos los tesoros de sus vidas se han destruido. No solo casa y automóviles, sino grabaciones, fotos y recuerdos de familia que no son remplazables. La pérdida de rentas hace que la gente se vea desahuciada prematuramente. Una vez las cámaras de los noticieros se guardan y Houston, Port Arthur o cualquier otro lugar de EEUU ya no está en las noticias, estas víctimas siguen teniendo que soportar los daños.

Por mucho que lo intente, me resulta difícil encontrar algo que salvar tras un desastre. Natural o artificial.

  • 1. Ver también a Paul Krugman, que declaraba unos pocos días después del 11-S que había algo que salvar de los ataques, ya que estimularían en crecimiento económico. Ver también al economista Peter Morici que argumentaba que el huracán Sandy llevaría a “un futuro mejor”.

Robert McKeown is the author and publisher of of the Blue Collar Economist

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