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El Partido Comunista Chino está creando una economía de represión

Una historia real: muchos fines de semana durante mis estudios en Changzhou (China), mis amigos y yo salíamos a tomar algo y nos encontrábamos con que nuestro bar favorito no estaba abierto esa noche. De hecho, todas las discotecas de la ciudad estaban cerradas. ¿El motivo? La policía había decidido tomar represiones contra esos locales nocturnos. En la mayoría de los casos, las represiones estaban relacionadas con las drogas, pero también con la prostitución. Esto parecía suceder en ciclos. Una vez que se tomaban represiones, la situación se enfriaba y volvía a aumentar gradualmente hasta llegar a un punto álgido, en el que se tomaba otra represión.

Las represiones también son un tema bien conocido en la economía china. Hoy en día, cualquier búsqueda en Internet sobre la economía china mostrará resultados que incluyan la palabra «represión». Existe un patrón de represiones ocasionales contra grandes sectores, empresas específicas e incluso individuos. Las razones son diferentes, pero la historia es la misma. A veces, un organismo regulador considera que una empresa cualquiera incumple la normativa. Otras veces, un empresario influyente se hace oír demasiado y critica al gobierno. En muchos casos, se necesita un chivo expiatorio para poner paz durante una crisis gubernamental.

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Las represiones adoptan diferentes formas. Una de las más comunes es la aplicación de un nuevo conjunto de normas. Otra es la aplicación más estricta de las normas vigentes. De vez en cuando, a los dirigentes del país les ha convenido relajar su férreo control de la economía y permitir cierto grado de libertad económica. La corrupción también desempeña un papel importante en estas relajaciones. El libertario que hay en mí piensa también que, a veces, la laxitud en la aplicación de la normativa se debe simplemente a la incompetencia del gobierno y a su incapacidad para hacerla cumplir a todo el mundo y en todo momento.

China fue una vez el país líder en minería cripto. En mayo de 2021, el gobierno chino prometió poner fin a la minería y el comercio cripto en China, que desde el punto de vista normativo eran ilegales desde 2019. Al poco tiempo, se publicaron vídeos de cientos de procesadores destruidos, a veces con apisonadoras. Los datos del Cambridge Bitcoin Electricity Consumption Index, que rastrea las direcciones IP de los operadores de instalaciones mineras que se conectan a los servidores de los «pools» de minería de bitcoin, muestran que la tasa de hash de las operaciones mineras de China pasó del 75,73% en septiembre de 2019 al 21,11% a partir de enero de 2022.

Desde 2013 se vienen aplicando represiones similares. Las represiones se han defendido como una protección de la estabilidad del crecimiento económico de China, pero con la creciente vigilancia estatal de las transacciones, la represión de 2021 parece haber sido causada por el creciente temor del gobierno y el banco central de perder su control sobre la soberanía monetaria. Esta ofensiva fue la primera vez que el banco central y los reguladores con sede en Beijing unieron sus fuerzas para prohibir explícitamente todas las actividades cripto, una unión con la que definitivamente no se puede jugar. Además, las criptomonedas habrían entrado en competencia directa con el yuan digital soberano, que se encuentra en una fase piloto avanzada, una situación que no es precisamente la preferida por el gobierno.

DiDi, la aplicación similar a Uber, cayó bajo el radar de los reguladores cuando intentó cotizar sus acciones en la Bolsa de Nueva York, muy probablemente sin la bendición de los burócratas de Beijing. Los funcionarios del Gobierno no tardaron en desplegar sus fuerzas reguladoras contra DiDi, que contaba entonces con quinientos millones de usuarios (muchos más que Uber). Empezaron a surgir acusaciones, como la afirmación de que DiDi había violado las normas sobre datos personales. Estas acusaciones bastaron para que la aplicación fuera prohibida en todas las tiendas de aplicaciones móviles de China.

Como es habitual, la normativa estaba en vigor desde hacía bastante tiempo, y la represión se produjo cuando convenía al gobierno. Las acciones de DiDi cayeron más de un 20%. Casi todas las grandes empresas tecnológicas chinas cotizan en las bolsas de América o Hong Kong. Hay cientos de nuevas empresas que aún no han seguido a gigantes como Alibaba, Tencent y DiDi en la cotización de sus acciones y que ahora tienen que preocuparse de seguir el mismo camino que DiDi si hacen lo que es mejor para su empresa.

El famoso Jack Ma corrió la misma suerte por criticar al sector financiero chino, y parece que perdió más que nadie. Jack Ma era un antiguo profesor de inglés que lideró el boom tecnológico que transformó para siempre la esfera económica de China y construyó un imperio increíble. El Grupo Alibaba, fundado inicialmente como un sitio de mercado entre empresas, se expandió más tarde a una amplia gama de áreas. La historia de Jack Ma inspiró a una generación de empresarios chinos. Alibaba incluye empresas de comercio electrónico, tecnología y pagos en línea, la más importante de las cuales es Ant Group, propietaria de Alipay, la mayor plataforma de pagos del mundo, con más de 1.300 millones de usuarios, ochenta millones de comercios y un volumen total de pagos de 118 billones de yenes en junio de 2020.

A finales de 2020, Ma se preparaba para la salida a bolsa de Ant Group en una OPV de 37.000 millones de dólares, que habría sido la mayor de la historia en ese momento. Pero el 24 de octubre de 2020, pocas semanas antes de la salida a bolsa, Ma pronunció un discurso ahora tristemente célebre en la Bund Finance Summit de Shanghái en el que comparó a los bancos estatales chinos con casas de empeño y culpó a los reguladores chinos de ahogar la innovación. «La competencia de mañana se centrará en la innovación, no en las capacidades reguladoras», dijo en el discurso. El 3 de noviembre de 2020, los reguladores chinos suspendieron la OPV de Ant. Ant fue multada con 2.780 millones de dólares en abril de 2021 y obligada a someterse a una reestructuración sistemática, y Ma dimitió. Otra empresa pareció morder el polvo.

No podemos asegurar que todo esto haya sucedido por el discurso o que haya llegado la hora de Ma debido a su creciente influencia en China. Lo que sí podemos afirmar es que el gobierno chino no permitirá que ningún individuo ostente tanto poder. En los últimos años, muchas de las figuras tecnológicas más importantes de China han abandonado sus puestos de liderazgo en medio de las radicales represiones de Beijing contra el sector.

Los efectos de estas represiones son muy variados: desde no poder acceder a un club favorito hasta la pérdida de miles de millones de dólares. Lo más preocupante de todo es el estado de incertidumbre al que se enfrentan los empresarios y el sector privado chino en su conjunto. La era que lideró Jack Ma ha terminado, y lo que está ocurriendo en China podría cerrar todas las puertas a la innovación.

Con un ciclo de represiones en marcha, el futuro no pinta bien para China. Pero aunque las represiones están perjudicando las perspectivas empresariales de China, si el régimen chino abandona este enfoque, hay muchas posibilidades de que se produzca un repunte.

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