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La futilidad y destructividad de la guerra de la droga

La Fiscalía del Distrito Este de Luisiana acaba de enviar un comunicado de prensa en el que informa de que un juez federal de Nueva Orleans ha condenado a un hombre de 28 años, Derek Nolan, a 15 años de prisión en un centro penitenciario federal por delitos relacionados con las drogas.

En el comunicado de prensa se afirma: «Este caso forma parte del Proyecto Barrios Seguros (PSN), un programa que reúne a todos los niveles de las fuerzas del orden y a las comunidades a las que sirven para reducir la delincuencia violenta y la violencia armada, y para hacer que nuestros barrios sean más seguros para todos.»

¡Qué chiste! ¿De verdad se cree esta gente semejante disparate?

Crecí en Laredo, Texas, que está situada en la frontera entre Texas y México y ha sido durante mucho tiempo un centro de importación ilegal de drogas a los Estados Unidos. Al igual que la fiscalía de Nueva Orleans, la fiscalía de Laredo ha estado enviando comunicados de prensa sobre la guerra de la droga desde la década de 1960, celebrando la última condena en la guerra a las drogas y proclamando cómo está logrando una comunidad «segura».

Además, al igual que aquel juez federal de Nueva Orleans, los jueces federales que han estado presidiendo los casos de drogas en Laredo durante los últimos 50 años han estado condenando a los acusados de la guerra de la droga a penas de cárcel extremadamente altas.

Sin embargo, ¿de qué han servido todas esas elevadas penas de cárcel? No han servido para nada. De hecho, obviamente no disuadieron a Derek Nolan de cometer delitos relacionados con la guerra de la droga, ni han disuadido a decenas de miles de personas de hacer lo mismo durante los últimos 50 años.

Me sorprende que los jueces federales y los fiscales federales de hoy no puedan ver eso. Se limitan a hacer sin pensar lo que los fiscales federales y los jueces federales han estado haciendo durante los últimos 50 años: imponer ciegamente la guerra de la droga y enviar comunicados de prensa anunciando sus «victorias» y convenciéndose a sí mismos de que están haciendo «seguras» a las comunidades americanas.

Aquí hay algo más que los federales no reconocen: es su amada guerra contra las drogas la que da lugar a traficantes como Derek Nolan. Ello se debe a que la prohibición de las drogas genera enormes beneficios en el mercado negro, lo que induce a la gente a dedicarse al negocio de las drogas. Si no existiera la prohibición de las drogas, Derek Nolan nunca habría traficado con drogas, porque no habría beneficios enormemente altos en el mercado negro de las drogas.

Así que, cada domingo, los cristianos americanos, incluidos muchos fiscales y jueces de tribunales de distrito de EEUU, van a la iglesia, donde rezan: «No nos dejes caer en la tentación». Luego, el resto de la semana apoyan un programa gubernamental fracasado y destructivo desde hace décadas que hace precisamente eso: tienta a la gente, especialmente a los pobres, a entrar en el tráfico de drogas debido a los altísimos precios del mercado negro.

Sí, Nolan acabará pasando los próximos 15 años de su vida en una penitenciaría federal, igual que los acusados por la guerra de la droga llevan haciendo continuamente desde los años sesenta. ¿Qué conseguirá con eso? Nada. Créanme: La oficina del fiscal federal en Nueva Orleans pronto enviará un nuevo comunicado de prensa anunciando otra «victoria» de la guerra de la droga, una en la que algún juez federal encargado de hacer cumplir la guerra de la droga ha hecho su parte para «ganar» la guerra a las drogas imponiendo otra alta sentencia de cárcel.

Se trata de un tinglado corrupto, mortífero y destructivo que dura décadas y que no cesa de destruir las vidas de muchas personas, al tiempo que mantiene entre algodones a una burocracia enormemente numerosa dedicada a la guerra de la droga: fiscales federales, fiscales adjuntos, jueces federales, agentes de la DEA, secretarios judiciales, secretarios y asistentes jurídicos.

Reimpreso con permiso de The Future of Freedom Foundation.

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