Los bancos centrales redoblan las políticas fallidas del siglo XX
En un mundo impulsado por la macroeconomía, abundan las falacias económicas. Son periódicamente desechadas cuando se refutan, sólo para volver a surgir como sabiduría recibida por una nueva generación de macroeconomistas decididos a justificar sus creencias estatistas. La más atroz de ellas es que la inflación sólo puede ocurrir como la esclava del crecimiento económico, mientras que la deflación está igualmente ligada a una recesión que gira fuera de control en la vorágine de una caída.
Este error es lo contrario de los hechos.