Se nos dice que la Reserva Federal se creó como solución al problema crónico del pánico bancario del siglo XIX. Los préstamos bancarios a agricultores y empresas se otorgaban sobre la base de una reserva fraccionaria de oro y plata, lo que significaba que cualquier caída económica o mala cosecha provocaba una cascada de incumplimientos de pago, pánico entre los depositantes y quiebras bancarias.
Se nos dice que el problema era que la moneda era demasiado «inelástica». Si tan solo la oferta monetaria pudiera expandirse y contraerse de acuerdo con «las necesidades del comercio», entonces todo iría sobre ruedas para los mercados financieros y la macroeconomía.
Afortunadamente, el Congreso y el presidente Woodrow Wilson tomaron medidas valientes para estabilizar el sistema bancario y establecer una moneda nacional que pudiera expandirse según fuera necesario para evitar pánicos y caídas. Y, como todos saben, desde la Ley de la Reserva Federal de 1913, la economía de los EEUU se ha mantenido estable, sin más pánicos financieros, ciclos económicos ni depresiones económicas.
Murray Rothbard desmonta este mito en Los orígenes de la Reserva Federal. Durante todo el mes de julio, el Instituto Mises regalará ejemplares de este importante libro a todo el mundo.
Rothbard sitúa la creación de la Fed claramente en el contexto de la Era Progresista. La Era Progresista suele describirse como una época en la que las revueltas populares contra las grandes empresas dieron lugar a regulaciones que protegían a los consumidores y a los trabajadores. Pero la verdad es que, en esa época, las grandes empresas se aliaron con políticos y burócratas. Promovieron y elaboraron regulaciones para sus propias industrias con el fin de protegerse de la competencia y la disciplina del mercado.
El sector bancario no fue la excepción. Rothbard demuestra que la Fed no surgió de la democracia como Atenea de la cabeza de Zeus. Por el contrario, los intereses de Morgan, Rockefeller y Kuhn-Loeb se unieron para presionar y redactar una legislación que convirtiera a los bancos en coordinadores centrales de la expansión crediticia.
El resultado fue un cártel bancario patrocinado por el gobierno. El problema crónico del pánico bancario se «resolvió» con una inflación crónica y un prestamista de última instancia que protegía a los bancos de la disciplina del mercado. En lugar de una moneda sólida e inmune a la manipulación política, obtuvimos una emisión centralizada de billetes. En lugar de un crecimiento económico sostenible, el siglo XX se caracterizó por depresiones, recesiones, crisis financieras, estanflación y guerras mundiales financiadas por la inflación.
Como explica Rothbard, las élites financieras detrás de la Fed comprendieron que necesitaban el apoyo del público. Por eso lanzaron una gran campaña de propaganda a través de banqueros, asociaciones empresariales, académicos y editoriales. Para acabar con la Fed y volver a una moneda sólida, es necesario desmontar los mitos que rodean a la Fed y sus orígenes.
Por eso queremos que el libro Los orígenes de la Reserva Federal llegue a la mayor cantidad de personas posible.
El 31 de julio es la fecha límite para obtener tu ejemplar gratuito de Los orígenes de la Reserva Federal —hasta 5 ejemplares por pedido, 1 pedido por persona— para compartir con amigos y familiares. Y mantente atento a nuestro próximo libro de regalo de Rothbard el 1 de agosto.
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