Entendiendo la revolución IA
La «IA» de nuestro actual mundo real no se parece en nada a las «criaturas» de ciencia ficción de las películas; las máquinas de IA no son, ni de lejos, seres conscientes.
La «IA» de nuestro actual mundo real no se parece en nada a las «criaturas» de ciencia ficción de las películas; las máquinas de IA no son, ni de lejos, seres conscientes.
¿Cómo lo hizo? Fácil: recortó en un 50% los presupuestos de un gran número de organismos de la administración central, al tiempo que recortaba los contratos de amiguetes y las dádivas de los activistas.
Tras el colapso financiero de hace quince años, algunos países pusieron límites estrictos a la acumulación de deuda pública. A pesar de los gritos de que esto perjudica las oportunidades de inversión, los «frenos a la deuda» han funcionado bien.
Mientras los delegados se reúnen en la COP28 para establecer una agenda de «combate del cambio climático», debemos recordar lo que pretenden hacer: destruir la economía mundial tal y como la hemos conocido.
La humanidad progresó muy lentamente desde la caída del Imperio romano hasta casi el siglo XIX. Luego llegó la Revolución Industrial, que lo cambió todo.
La potencia económica alemana se está ralentizando, lastrada por sus costosas políticas de energía verde y un Estado benefactor hinchado. La economía alemana necesita reformas de mercado, no más intervención estatal.
El llamado milagro económico de China se está viniendo abajo a medida que la realidad de la planificación central se hace cada vez más evidente y se avecina un ajuste de cuentas económico.
Ya se dan todos los ingredientes de una desaceleración mundial significativa, como la debilidad de los PMI y el debilitamiento de la confianza de los consumidores. Las implicaciones geopolíticas del conflicto en Oriente Medio durarán muchos años.
Javier Milei ha prometido convertir el dólar de EEUU en la moneda de Argentina si resulta elegido. Otra cosa es si eso ayudará a la economía argentina.
Aunque las recientes reuniones y proclamaciones de los BRICS han suscitado entusiasmo y fanfarria, es dudoso que los resultados de estas economías estén a la altura de su retórica.