Armonía de clases, no guerra de clases

Armonía de clases, no guerra de clases

03/08/2021George Reisman

El descontento y el malestar que siguieron a las elecciones presidenciales de 2020 fueron, al menos en gran parte, una de las innumerables consecuencias destructivas de un error de casi 250 años en la teoría económica cometido por Adam Smith: a saber, la creencia de que los beneficios son una deducción de los salarios. (Véanse los ocho primeros párrafos del cap. 8 , bk. I, de La riqueza de las naciones.)

Este error es la base de la teoría marxiana de la explotación, que sostiene que los beneficios son robados a los asalariados por un puñado comparativo de explotadores capitalistas que, bajo un sistema de capitalismo sin trabas, de cuerpo entero y de laissez-faire, cosechan enormes beneficios obligando a las masas de asalariados a trabajar dieciocho horas al día por salarios de subsistencia en condiciones de trabajo brutales y peligrosas que se aplican incluso al trabajo de los niños pequeños, cuyo trabajo es necesario por la insuficiencia de los ingresos de sus padres. Está presente, al menos implícitamente, en prácticamente todos los debates sobre impuestos, gastos y legislación laboral y social. (Todas las referencias a Marx son al vol. I de Das Kapital)

Esta visión de las cosas es el fundamento de las demandas de «expropiación de los expropiadores» y de la instauración del socialismo, que supuestamente devolverá a los asalariados lo que los capitalistas les han robado y siguen robando.

Esta visión ha sido la base de la mayoría de las principales políticas del Partido Demócrata al menos desde la época de Woodrow Wilson y el movimiento «progresista», entendiendo el progreso como un movimiento hacia el socialismo. Hoy en día, es prominente como nunca antes en la agenda de extrema izquierda de la Administración Biden. Su influencia ha llegado a ser tan grande que impregna el pensamiento incluso de los propios supuestos explotadores capitalistas, muchos de los cuales aparentemente buscan la redención vertiendo fortunas en la financiación de causas de extrema izquierda y así presentan el espectáculo de los propios «explotadores» capitalistas actuando como verdaderos comunistas, siguiendo los pasos de Friedrich Engels, el rico capitalista que fue tanto el colaborador como el mecenas financiero de Marx.

El hecho es que los capitalistas no deducen los beneficios de los salarios ni «explotan» a los asalariados. Los capitalistas no crean el fenómeno del beneficio. La existencia del beneficio es lógicamente anterior a la existencia de los capitalistas. De hecho, si no hubiera capitalistas, sino sólo trabajadores manuales produciendo y vendiendo productos, como Smith y Marx afirmaban que era el caso en sus respectivas construcciones imaginarias del «estado original de las cosas» y la «circulación simple», la tasa de ganancia sería infinita. La verdad es que la existencia de los capitalistas sirve para reducir la tasa de ganancia. De hecho, su ahorro y el gasto de sus ahorros en forma de pagos de salarios y gastos en bienes de capital ha servido en los países industriales del mundo tanto para reducir la tasa de ganancia a unos pocos porcentajes como para elevar progresivamente el nivel de vida del asalariado medio a un nivel que supera con creces el de los reyes y emperadores de épocas pasadas.

Por irónico que sea esto, una buena manera de entender la verdad sobre los beneficios es utilizando la distinción que hace Marx entre circulación simple y «circulación capitalista». La circulación simple se refiere a las condiciones en las que los trabajadores producen mercancías, «C», que venden por dinero, «M», que luego utilizan para comprar otras mercancías, «C». Marx describe esta secuencia como «C-M-C». En cambio, en la circulación capitalista, el punto de partida no es la producción de mercancías por parte de los trabajadores, sino el desembolso de dinero por parte de los capitalistas, que pagan la construcción de las fábricas, la maquinaria que las llena, los suministros de materiales y los salarios de los trabajadores mientras se producen las mercancías que luego se venderán. Marx describe esta secuencia, que constituye la circulación capitalista, como «M-C-M».

Como digo, de lo que son responsables los capitalistas no es del fenómeno de la ganancia, sino de la primera «M» de la secuencia «M-C-M» de Marx, es decir, de los gastos en bienes de capital y pagos de salarios. Todos estos gastos aparecen, tarde o temprano, como costes de producción que se deducen de la segunda «M» de la secuencia de Marx, que representa la circulación capitalista.

Ahora bien, esta segunda «M» está igualmente presente en la circulación simple. En ambos tipos de circulación, es el dinero por el que se venden las mercancías producidas. Son los ingresos por ventas.

En la circulación simple, mientras hay ingresos por ventas, no hay costes monetarios de producción que deducir de esos ingresos por ventas, porque no ha habido desembolsos previos de dinero para obtener los ingresos por ventas, siendo los costes el reflejo de dichos desembolsos.

Así, la circulación simple de Marx es una situación en la que el 100% de los ingresos por ventas son beneficios. Tampoco hay capital acumulado en forma de valor monetario contable de la tierra, la planta, el equipo o el inventario, ya que no se han comprado tales activos. (Su compra requeriría una circulación capitalista, lo que queda excluido por los requisitos de la circulación simple). Por lo tanto, tenemos una situación adicional, en la que no sólo los beneficios son iguales al 100 por ciento de los ingresos por ventas, sino que además la tasa de beneficio está determinada por la división de esa cantidad de beneficios por una cantidad cero de capital invertido. La división por cero, por supuesto, da como resultado el infinito.

En la circulación simple, sólo los trabajadores reciben ingresos, pero los ingresos que reciben son beneficios, no salarios. En la circulación simple, no se pagan salarios en la producción de productos para la venta. Tales salarios, y el gasto en bienes de capital, sólo surgen en la circulación capitalista. Y a medida que se intensifica la circulación capitalista, algo que puede expresarse dividiendo la primera «M» por la segunda en la secuencia de Marx para la circulación capitalista, el margen de beneficio de toda la economía disminuye. Esto se debe a que los costes de producción que emanan de la primera «M» crecen como resultado de su aumento en relación con la segunda «M», que son los ingresos por ventas. Y, por supuesto, la tasa media de beneficio del capital invertido en toda la economía disminuye aún más, ya que una primera «M» más grande en la secuencia de Marx resulta en un valor contable de los activos de capital que es mayor que los ingresos por ventas.

En conclusión, los capitalistas no son responsables del fenómeno del beneficio, sino de los gastos que incluyen el pago de los salarios y que aparecen como costes de producción que se deducen de los ingresos por ventas y que reducen en consecuencia la proporción de los ingresos por ventas que es el beneficio. Los gastos de los capitalistas también son responsables de la acumulación del valor monetario de la propiedad, la planta, el equipo y las existencias/trabajos en curso, lo que sirve para reducir aún más la tasa media de beneficio, ya que un margen de beneficio menor en toda la economía se divide por una base de capital mayor.

Un punto más: El capital acumulado por los capitalistas no se utiliza para llenar sus barrigas, como se alega comúnmente en las representaciones de caricaturas de los capitalistas como hombres muy gordos. Por el contrario, el capital de los capitalistas es la fuente de la oferta de productos que todo el mundo compra, incluidos, en su mayor parte, los no capitalistas, y es también, con mucho, la principal fuente de la demanda de trabajo que los no capitalistas venden. En otras palabras, el capital de los capitalistas es la fuente de un enorme beneficio económico general. Un ejemplo clásico de esto es la acumulación de una vasta fortuna personal de Henry Ford, que sirvió para que millones de personas comunes tuvieran automóviles y decenas de miles tuvieran un empleo remunerado en su producción. De nuevo, el capital de los capitalistas es la fuente de la oferta de productos que compran los no capitalistas y de la demanda de trabajo que venden los no capitalistas.

Y un último punto: Los capitalistas trabajan. Entre sus filas se encuentran los principales trabajadores del sistema económico: los que aportan la inteligencia orientadora y directora al más alto nivel de las empresas. Este trabajo es una labor de pensamiento, planificación y toma de decisiones, más que un trabajo manual. Como tal, sus ingresos tienden a variar con el tamaño de los capitales que emplean. Al igual que un trabajador que cava un agujero con una pala de vapor, sigue siendo el que cava su agujero mucho más grande que un trabajador que utiliza una pala convencional, porque es él el que suministra inteligencia de guía y dirección a la pala de vapor, así un capitalista con diez mil millones de dólares de capital puede producir diez veces más que uno que sólo tiene mil millones de capital. En ambos casos, es el capitalista el que suministra la inteligencia orientadora y directora al más alto nivel. Así, al igual que se dice que fue Colón y no los miembros de su tripulación quien descubrió América (o se decía esto en los días en que la gente se identificaba con las ideas, los valores y la perspectiva de la civilización occidental y no con la pertenencia racial de sus antepasados), son los capitalistas como Ford, Rockefeller y sus homólogos contemporáneos quienes deben ser nombrados como los productores de los productos de sus empresas. Los empleados deben ser considerados como sus ayudantes (la «ayuda») en la producción de sus productos, los de los capitalistas.

Ciertamente no he respondido en estos pocos párrafos a todas las preguntas posibles sobre la justicia y la equidad de los beneficios obtenidos por los capitalistas, pero creo que lo hago en mi libro Capitalism: A Treatise on Economics (ver, en particular, las páginas 473-500 y 603-673.) Así que simplemente me detendré aquí y espero que el lector acuda a esas páginas y las lea y estudie. Si un número suficiente de personas lo hace, será el fin del marxismo y de todas sus consecuencias destructivas derivadas de sus doctrinas de explotación y conflicto de clases, pues la gente se dará cuenta entonces de que no hay explotación del trabajo ni conflicto de clases en el capitalismo y su libertad económica, sino una profunda armonía de clases entre capitalistas y asalariados.

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El plan de impuestos cero: acabar con los impuestos a las empresas

12/04/2022Stephen Apolito

Si has seguido la candidatura presidencial Republicana de 2012 (que parece que fue hace años), sin duda recuerdas la propuesta fiscal «9-9-9» del Republicano Herman Cain, en la que abogaba por un impuesto sobre la renta plano del nueve por ciento para las empresas, un impuesto sobre la renta plano del nueve por ciento para las personas físicas y un impuesto nacional sobre las ventas del nueve por ciento.

Otros candidatos presidenciales Republicanos publicaron sus propios planes de reforma fiscal. El gobernador de Texas, Rick Perry, tenía un plan inspirado en el de Steve Forbes. Según su plan, tanto las empresas como los particulares pagarían un impuesto fijo del 20%, y el gasto público se limitaría al 18% del PIB.

Las primarias Republicanas de 2012 las ganó Mitt Romney, que no tenía una propuesta de impuesto plano. En su lugar, propuso reducir los tipos del impuesto sobre la renta de las personas físicas y de las empresas en un 20% y un 29%, respectivamente.

Pero las propuestas de impuesto plano mueren con fuerza. Durante las primarias Republicanas de 2016, el senador Ted Cruz propuso un impuesto plano del 10 por ciento sobre las personas físicas y un «Impuesto de Transferencia Empresarial» del 16 por ciento sobre los ingresos y las nóminas de las empresas.

Sin embargo, nadie ha propuesto algo parecido a mí: la solución del cero por ciento. Con mi plan, las empresas no pagan ningún impuesto sobre la renta. Nada.

No he perdido el sentido común. De hecho, he analizado cuidadosamente mi solución del cero por ciento, basándome en más de treinta años de experiencia en la profesión fiscal. He aquí por qué he llegado a la conclusión de que las empresas no deberían pagar impuestos sobre la renta:

Una corporación, al igual que una sociedad, es una entidad legal, establecida generalmente para llevar a cabo una o más actividades comerciales. A diferencia de las personas, que son personas físicas, las sociedades anónimas y las sociedades colectivas son criaturas de la ley, y son propiedad de otros: Las sociedades anónimas son propiedad de los accionistas, y las sociedades colectivas son propiedad de los socios, que en la mayoría de los casos son personas físicas que pagan impuestos.

Sin embargo, las sociedades colectivas no pagan impuestos sobre la renta. Incluso en estados con una gran fiscalidad, como Nueva York, las sociedades no pagan impuestos federales o estatales sobre la renta. Y los beneficios de una sociedad pueden ser muy importantes, a menudo de millones.

Las Sociedades de Responsabilidad Limitada (comúnmente denominadas LLC), al igual que las sociedades colectivas, no pagan impuestos sobre la renta. De hecho, no hay nada en el Código Tributario de los EEUU ni en la normativa del IRS que exija la tributación de las LLC. En general, las LLCs tributan como las sociedades de personas, lo que significa que no tributan en absoluto. Hace poco leí que PriceWaterhouseCoopers (PWC) es la mayor sociedad de responsabilidad limitada de los EEUU. PWC es una empresa de contabilidad pública con más de 150.000 empleados en todo el mundo. No pagan impuestos federales sobre la renta en los EEUU.

Una de las formas más sencillas (y populares) de hacer negocios es la empresa individual. Durante muchos años he ejercido mi actividad contable y fiscal como empresa unipersonal. Al igual que las sociedades colectivas y las de responsabilidad limitada, los beneficios de una empresa individual no están sujetos al impuesto sobre la renta. De hecho, el IRS trata a la empresa individual como una «entidad no considerada» y, por lo tanto, no está sujeta a impuestos.

Para resumir:

● No hay impuesto de sociedades;

● No hay impuesto de sociedades de responsabilidad limitada; y

● No existe el impuesto sobre sociedades unipersonales.

Pero hay que tener en cuenta la forma de hacer negocios de las empresas. Es una mezcla de buenas y malas noticias. La buena noticia es que las sociedades con no más de 100 accionistas pueden elegir no tributar. Esto se puede hacer mediante la presentación oportuna de un simple documento: Formulario 2553 -- Elección de una sociedad de pequeñas empresas. Una vez aprobada (y por lo general siempre lo es) la corporación S (como se la suele llamar) está en igualdad de condiciones fiscales con las asociaciones, las sociedades de responsabilidad limitada y las empresas unipersonales. No hay impuestos.

La mala noticia (a no ser que usted se haya unido a los partidarios de la «avaricia empresarial») es que cuando una empresa necesita obtener capital adicional para ampliar sus operaciones, la mayoría de las veces debe vender acciones al público, la vía habitual de la mayoría de las empresas de éxito.

Las empresas privadas salen a bolsa mediante una oferta pública inicial (OPI) de sus acciones ordinarias. Sin embargo, una vez que la empresa cruza la línea de los 100 accionistas, deja de ser una empresa de tipo S, por lo que se ve obligada a elegir entre seguir siendo privada y no pagar impuestos, o salir a bolsa y que sus beneficios sean absorbidos por los impuestos federales, estatales y locales. El dinero que podría haberse utilizado para comprar equipos, construir fábricas y contratar trabajadores (el cielo no lo permita) se destina en cambio a apoyar al gobierno y a sus muchos amigos en lugares altos y bajos.

Observemos a Proctor and Gamble (P&G) para ilustrar el problema. P&G, el fabricante de Tide y Bounty, tuvo unos beneficios antes de impuestos para el año fiscal que terminó el 30 de junio de 2022 de 17.995 millones de dólares. Pagó impuestos sobre la renta de 3.202 millones de dólares, un tipo impositivo efectivo de casi el 18%. Sus ganancias netas después de impuestos, por lo tanto, fueron de 14.793 millones de dólares. Durante el mismo año fiscal, pagó dividendos por valor de 8.770 millones de dólares. Los dividendos son una distribución de los beneficios netos después de impuestos que se paga a los propietarios de la empresa, los accionistas. En contra de lo que muchos creen, los dividendos no son un gasto deducible. En consecuencia, los dividendos no reducen los beneficios imponibles de una empresa. La rentabilidad de los dividendos de las acciones de P&G es sólo del 2,43%. Esto representa el rendimiento de la inversión para los accionistas de P&G.

Sin embargo, la historia no termina ahí. Supongamos que usted poseía 1.000 acciones de P&G en 2022, y que cada acción paga un dividendo de 3,65 dólares. Dado que usted poseía 1.000 acciones, el total de sus dividendos para el año será de 3.650 dólares. En enero de 2023 recibirá por correo un importante documento fiscal de P&G, justo a tiempo para preparar su declaración de la renta. Se trata del formulario 1099-DIV. P&G está obligada a informar a usted y a Hacienda de los dividendos que le ha pagado. Y usted debe declarar estos dividendos en su declaración de impuestos y pagar los impuestos federales, estatales y locales sobre estos ingresos.

Aquellos que han estado prestando atención a lo que he estado escribiendo deberían estar saltando ahora mismo diciendo: «Un momento. ¿No era ese dinero ya gravado?».

Dado que los dividendos son una distribución de los beneficios netos después de impuestos, la imposición de los dividendos es de hecho un doble impuesto sobre los beneficios: Una vez cuando son obtenidos por la empresa, y otra vez cuando se distribuyen a los accionistas.

Los socios, los miembros de una LLC, los accionistas de una corporación S y los propietarios únicos pagan impuestos sobre su parte proporcional de los beneficios de la empresa. Se dice que los beneficios «fluyen» hacia los propietarios, incluso cuando no se distribuyen. Cualquier distribución posterior a los propietarios suele estar libre de impuestos porque hay un impuesto (no dos) sobre los beneficios de la empresa. Dado que los dividendos de las empresas están sujetos a impuestos, y los dividendos se pagan a partir de beneficios que ya han sido gravados, la única manera de igualar las condiciones y dar una apariencia de equidad fiscal al sistema es eximir a las empresas del impuesto sobre la renta.

Cuando las empresas se liberen de la doble imposición sobre los beneficios, seguramente se producirá una explosión de la actividad empresarial. La inversión y la producción se liberarán del peso muerto de la confiscación fiscal del gobierno. El capital social sustituirá a la deuda como método preferido de financiación empresarial. Los proyectos que son antieconómicos después de impuestos serán ahora viables. Las inversiones en propiedad, planta y equipo se expandirán, creando así puestos de trabajo, nuevos productos y servicios, y riqueza real. Por eso propongo una solución al cero por ciento, pero no contengan la respiración. Hay demasiados en el «Estado profundo» que están totalmente en contra de que esto suceda.

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No olvides que los impuestos sobre la propiedad también generan daños económicos

Entender los impuestos es bastante sencillo. Cuando el gobierno le quita un dólar a un ciudadano, lo hace a él y a la sociedad más pobre. Cuando le quita menos, ocurre lo contrario.

Hay que reflexionar más para entender por qué el gobierno ingresa más después de reducir los tipos impositivos. Además, hay diferentes dinámicas en juego según se trate de impuestos sobre la renta o sobre la propiedad.

Cuando las arcas públicas se llenan después de que se reduzcan los tipos del impuesto sobre la renta, suele ser una señal de buenas cosas.

En lo inmediato, la actividad económica se recupera porque la gente tiene más en el bolsillo para gastar. Más aún si el código se simplifica. Entonces ahorramos más dinero (Y tiempo) en asistencia para la preparación como Turbo Tax.

Es un buen augurio para el largo plazo.

Estas acciones positivas envían una señal: «esta administración planea quitarte menos». Permite una mayor planificación en el futuro. Eso da lugar a más inversiones y a la asunción de riesgos por parte de los empresarios.

Esos son los dos factores más importantes que determinan el grado de prosperidad de la sociedad. Y cuando somos más prósperos, ganamos más. Y cuando ganamos más, pagamos más impuestos, aunque se bajen los tipos.

Una oleada de ingresos fiscales también podría ser un indicio de buenas cosas a nivel local. El número de hogares en una jurisdicción podría haber crecido, lo que aumentaría la mano de obra. También podría ser el resultado de la creación de nuevas empresas.

La jurisdicción que gobierna podría incluso rebajar algunos céntimos del tipo impositivo y blindar más el valor de las viviendas mediante el aumento de las exenciones.

Sin embargo, ¿por qué los impuestos sobre la propiedad aumentan mucho más que la población y el número de unidades imponibles? La inflación y el aumento de los precios. ¿La causa de estos? La mala política monetaria y las consecuencias de los cierres de la pandemia dominante, respectivamente.

La falta de apoyo a un dólar fuerte y estable a nivel federal ha sido una realidad lamentable durante todo este siglo. Hace que sea más susceptible de debilitarse, lo que posteriormente significa que cuesta más comprar cosas.

También obliga a los inversores a buscar rendimientos más seguros a través de activos establecidos.

El oro suele ser la opción tradicional. Podría decirse que el mercado de reventa de zapatillas ha surgido recientemente como una nueva forma, aunque temporal, de preservar el valor. Otra forma fiable ha sido siempre la vivienda, y, efectivamente, muchas ventas de casas en los últimos años han sido a inversores.

Los gobiernos locales y estatales en la era del coronavirus.

Mientras las «ayudas» federales fluyeron (CARES, ARPA), no sintieron la necesidad de quitar la bota del cuello a los ciudadanos y empresas productivas. Algunas de esas personas trabajaban en la industria de la construcción de viviendas, donde los materiales se vieron atrapados en los subsiguientes cuellos de botella del suministro.

Estos responsables políticos no sabían ni saben lo que es la economía, o bien se han alegrado de poder sacar provecho del exceso de dinero producido por la escasez y los valores inflados que han contribuido a crear. (La réplica estándar fue «si salva una sola vida», sin importar las horribles compensaciones que ignoraron).

Pero ¿quién no quiere ver aumentar su riqueza, verdad? El problema en este caso (valor de la vivienda) es que no está necesariamente ligado a un aumento de los ingresos. Por lo tanto, no hay un aumento correspondiente en la capacidad de pagar el consiguiente aumento en nuestra factura del impuesto sobre la propiedad.

Eso no es un problema con nuestras inversiones del 401K, porque el crecimiento de su valor no está sujeto a impuestos, a pesar de los esfuerzos de algunos. El único momento en que esas inversiones reales pueden ser gravadas es cuando se venden. No ocurre lo mismo con los impuestos sobre nuestras viviendas. Esa factura se paga todos los años.

Recuerda a una escena de la clásica película de mafiosos «Goodfellas»: «¿Perdiste tu trabajo? Qué pena; págame. ¿Tienes una emergencia cara? Buaaaa; págame. ¿Has pagado la hipoteca? Gran cosa; págame». Es una paráfrasis, pero los improperios omitidos se aplican igualmente.

En cierto modo, el impuesto sobre la propiedad es el impuesto más atroz. Después de un día de repartir incentivos a las grandes empresas, con lo que les quitan a los propietarios de viviendas, los representantes locales aparecen en la entrada de su casa, y miran al vecino directamente a los ojos con un agradable saludo.

Mientras tanto, sus acciones ese día decían esencialmente «¿Quieres seguir siendo mi vecino? Págame».

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Tucker Carlson da información engañosa en su ataque a Apple

Tucker Carlson criticó a Apple en su programa nocturno del 29 de noviembre por restringir el uso de la función Airdrop en su iPhone, sólo en China. Con las protestas generalizadas por la política de «cero covid» de China, que indirectamente provocó la muerte de 10 personas en el incendio de un apartamento, Tucker considera que la limitación de una aplicación de comunicaciones es una clara señal de que Apple es un instrumento del Partido Comunista Chino.

Después de criticar, con razón, a los medios de los EEUU por no informar sobre la entrada en acción de los tanques para intimidar a los manifestantes, Tucker dijo:

Podemos decir, lo sabemos a ciencia cierta, que Apple está encubriendo al gobierno de China. . . . [A pesar de estar ubicada en los EEUU y dirigida por un americano, Apple no es en ningún sentido americano. La lealtad de Apple es hacia el gobierno de China.

Si crees que es una exageración, considera esto: A principios de este mes [noviembre de 2022], Apple cumplió con las órdenes del gobierno chino para aplastar las protestas internas contra el Partido Comunista en ese país. Apple lo hizo desactivando su función Airdrop permanente en China, y hasta ahora sólo en China, el único país en el que está desactivada.

Entonces, ¿por qué Apple desactivó esa función en China?

Pues porque esa función —AirDrop permanente—  permite a los usuarios de iPhone comunicarse directamente entre sí, sin necesidad de utilizar Internet o las redes de telefonía móvil, que en un estado totalitario como China están controladas por el gobierno.

Y eso significa que sin Airdrop permanente es efectivamente imposible que los ciudadanos con mentalidad de libertad se organicen entre sí: son impotentes. Apple, por supuesto, lo sabe, y por eso cuando los usuarios de iPhone en China empezaron a usar AirDrop permanente para quejarse del Partido Comunista, Apple simplemente lo cerró.

Apple no lo cerró.

Veamos algunos detalles. Este es el aspecto de la página de control de AirDrop en un iPhone de los EEUU, presumiblemente igual que en cualquier otro lugar, incluida China.

«Contactos» son las personas que están incluidas en su aplicación Teléfono y es la configuración por defecto. Si quieren transmitir o recibir información mediante AirDrop con personas que no están en sus contactos, como en una protesta masiva, pueden cambiar la configuración a «Todos».

Incluso hoy en día los manifestantes en China pueden hacerlo. Pero, según los informes, sólo pueden hacerlo durante 10 minutos seguidos. Después de 10 minutos, tienen que volver a ponerlo en marcha, pasando de la opción de recepción desactivada a una de las otras opciones.

Sí, es una molestia, pero funciona.

Apple es una gran empresa que intenta comercializar sus productos en todo el mundo. Está sujeta a las fuerzas del mercado de la competencia, así como a las fuerzas estatales de la coerción. El poder del monopolio reside en el Estado, no en la empresa, por muy grande que sea.

Todos los Estados, incluido el de los EEUU, tienen normas de «pagar para jugar». Si Apple quiere vender iPhones en China, debe satisfacer a los burócratas del Estado y a los clientes. Este es uno de los muchos precios que pagamos en un mundo dirigido por los Estados.

El bloguero Don Surber informa lo que le ocurrió al acaudalado empresario chino Jack Ma, cofundador y consejero delegado de Alibaba, cuando dio un discurso en octubre de 2020:

Criticó al Partido Comunista, en la tonta creencia de que ser el hombre más rico de la China Roja le protegía. No fue así. El presidente Xi lo hizo confiscar y enviar a algún lugar para ser reeducado. Tenía dinero, no libertad. Ahora se ha ido. Criticado por el Papa, Stalin preguntó ¿cuántas divisiones militares tiene el Papa? Xi sabía que Ma tampoco tenía divisiones militares. Como escribió George R.R. Martin, el poder es el poder.

Apple tampoco tiene divisiones militares. Apple podría haber eliminado por completo su función AirDrop para China. Tal vez Xi ordene su eliminación. Pero por ahora, al menos está disponible de forma coja.

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El camino a seguir: una hoja de ruta práctica para recuperar la soberanía individual y financiera

12/01/2022Claudio Grass

Los que conocen mis ideas y mis escritos saben sin duda que uno de los temas que más me apasionan es la libertad individual, a todos los niveles. Creo que las personas que piensan libremente saben lo que es mejor para ellas y no necesitan «guardianes», ni «niñeras» ni, por supuesto, alguaciles ni ejecutores, que limiten o dicten sus elecciones «por su propio bien». Mientras esas decisiones no causen daño a nadie más y no violen ninguna propiedad que no sea suya, lo único que debería regir las decisiones del individuo es su propia conciencia.

Sin embargo, los «líderes» actuales, tanto en la política como en el mundo empresarial, piensan claramente lo contrario. Consideran a los seres humanos como fundamentalmente defectuosos, como niños eternos a los que hay que educar y regañar, como ganado al que hay que arrear y como débiles a los que hay que proteger y condescender. Y se creen diferentes, que están por encima de todos nosotros, que no les afectan todas las imperfecciones y defectos que nos hacen humanos. Se creen realmente más sabios y más inteligentes que la mayoría de sus congéneres. También son más compasivos: por eso consideran que es su deber guiar al resto de nosotros, mostrarnos un camino mejor; su camino. Y si nos atrevemos a cuestionarlo, o Dios no lo quiera, a resistirnos, bueno... Entonces seríamos un peligro para el «bien mayor» y nos tratarían como tal.

Nada de esto es un problema nuevo, por supuesto, ya que estas dinámicas surgieron junto con la primera sociedad organizada. Sin embargo, las tecnologías modernas, los nuevos modos de comunicación y la forma en que la globalización aseguró que el «efecto mariposa» fuera un hecho cotidiano, aseguraron que este tipo de opresión y supresión pasara de ser «un» problema, a «nuestro» problema. Todos y cada uno de nosotros estamos directamente afectados. Las personas honestas, productivas, decentes, de espíritu libre y cuestionadoras están siendo castigadas, condenadas al ostracismo y penalizadas incluso cada día.

Pero incluso aquellos que encuentran el actual statu quo «cómodo» y que disfrutan de la vida en un sistema cada vez más centralizado y bajo un Estado cada vez más exagerado, sin duda llegarán a lamentarlo pronto. Después de todo, para que cualquier élite gobernante continúe gobernando, siempre debe haber un enemigo dentro y eso es históricamente un blanco móvil. Los «ricos codiciosos» o los «pobres gorrones», la «minoría chusma» o la «mayoría opresora», no importa a qué grupo se asigne uno. Nadie está a salvo, al menos no por mucho tiempo.

Hace falta un cinismo extremo o una ingenuidad lamentable para decidir jugar a este juego amañado y elegir permanecer en un sistema tan claramente corrupto e inhumano como éste. De hecho, cabría suponer que la mayoría de las personas racionales, sensatas, que se respetan a sí mismas y responsables ya habrían abandonado este sistema, y sin embargo no lo han hecho. En todo caso, no «la mayoría», sino quizás «aún no».

Las razones que impedirían a alguien «optar por no participar» son comprensibles y relacionables. El miedo a quedar fuera de la propia comunidad es probablemente el principal de ellos. Por muy disfuncional y maliciosa que sea esa comunidad, sigue ofreciendo un sentido de «pertenencia a un grupo», algo que todo ser humano está programado para buscar y valorar. Somos animales sociales y desde el día en que nacemos sabemos que nuestra supervivencia depende de ser aceptados por una tribu.

En efecto, es un gran salto de fe: ir solo, separarse y aislarse a propósito, en busca de un grupo «mejor», que adopte los mismos valores, principios y moral. Al principio del viaje, nadie sabe cuándo y ni siquiera si encontrará su nueva «tribu». Las dudas y los remordimientos ponen a prueba la determinación incluso de los más fuertes y decididos. Todo el esfuerzo de reclamar y defender la propia independencia puede empezar a parecer un ejercicio inútil, como una empresa quijotesca condenada de antemano, apta para niños y adolescentes rebeldes.

Sin embargo, hay una etapa posterior y, lamentablemente, la mayoría de la gente no llega a experimentarla: después de superar el miedo y la duda, hay una preciosa aventura por recorrer, un camino de descubrimiento interior y exterior, muchas sorpresas, giros y valiosas lecciones aprendidas por el camino. Este es, en mi humilde opinión, el verdadero premio: el viaje, no el destino.

Dicho esto, puedo entender por qué la mayoría de la gente se centra en el destino: al fin y al cabo, ese es todo el propósito, ¿no? Pues bien, como suele ocurrir en cualquier nuevo viaje, esa «parada final» rara vez se parece a lo que uno había imaginado al principio. Para los amantes de la libertad, hay ejemplos históricos de comunidades y estructuras sociales que la mayoría de nosotros encontraríamos atractivos y también los hay contemporáneos. Pero lo más importante es que existe la posibilidad de crear un proyecto propio, si lo que ha existido o existe no parece adecuado, y buscar personas que estén de acuerdo con esa visión y quieran contribuir a su crecimiento. El único requisito necesario es que cada uno de nosotros entienda que un solo hombre o mujer no puede diseñar, predeterminar y dictar las elecciones de los demás. Eso no sólo es poco ético, sino que no funciona, nunca lo hizo y nunca lo hará.

O, como dijo el propio Mises

Además, la mente de un solo hombre, por muy astuta que sea, es demasiado débil para captar la importancia de uno solo de los innumerables bienes de orden superior. Ningún hombre por sí solo puede dominar todas las posibilidades de producción, por innumerables que sean, como para estar en condiciones de emitir directamente juicios de valor evidentes sin la ayuda de algún sistema de cálculo. La distribución entre un número de individuos del control administrativo sobre los bienes económicos en una comunidad de hombres que participan en el trabajo de producirlos, y que están económicamente interesados en ellos, implica una especie de división intelectual del trabajo, que no sería posible sin algún sistema de cálculo de la producción y sin economía.

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Necesitamos un Che Guevara propio

El título puede resultar engañoso al principio, pero hay una buena razón para ello. Para entender las necesidades y las oportunidades de la derecha contemporánea, primero tenemos que entender lo que llevó a la izquierda al poder en un principio.

Entra el Che Guevara, o más exactamente, entra Ernesto Guevara de la Serna.

Para cualquiera que esté en la esfera del libre mercado o del conservadurismo clásico, el cuaderno de bitácora de su viaje en moto por América Latina debería ser una lectura obligada. No porque sea un relato histórico de la radicalización de un hombre, que de médico burgués argentino bien educado pasó a terrorista, revolucionario y líder guerrillero, sino porque muestra el germen de cómo un simple hombre con ideas (aunque en su caso, las peores) puede convertirse en un arquetipo, en un icono religioso de un conjunto de creencias.

Incluso para alguien como el propio Murray Rothbard, el Che Guevara era alguien digno de interés, hasta el punto de escribirle una necrológica muy crítica pero a la vez profética, y Rothbard, por supuesto, tenía razón, porque el Che Guevara se ha convertido probablemente en la figura política más conocida de la historia reciente de América Latina, y fuera del Occidente desarrollado, es decir, de la anglosfera liderada por EEUU y de Europa Occidental, su rostro y su nombre se han convertido en sinónimo de lucha armada, de guerra de guerrillas, de un ideal socialista utópico que no conoce límites ni fronteras.

Su muerte a manos del ejército boliviano, ayudado por la CIA, en un intento fallido de desencadenar una revolución marxista agraria en el Altiplano andino, sólo contribuyó a aumentar su estatus ya legendario entre quienes se oponen a las ideas de libertad y civilización.

En la práctica, su muerte lo convirtió en un mártir de la izquierda, un símbolo religioso de una revolución que nunca llegó pero que siempre se presenta como el evangelio del igualitarismo. Digan lo que quieran del Che Guevara, digan que era un asesino y un terrorista, y tendrán razón. Pero eso no quita que el Che estuviera dispuesto a morir por sus ideas, y de hecho lo hizo.

La derecha, ni conservadora ni libertaria, no tiene una sola persona que haya llegado a tales extremos. No tenemos mártires, y nuestras creencias no son religiosas. Podemos pensar en los actos de autoinmolación cometidos por gente como Alex Jones o Kanye West como un martirio por nuestras causas, como la libertad de expresión, pero no son más que activismo popular contraproducente.

De hecho, nuestras creencias, son todo lo contrario a un fanatismo religioso, ya que están arraigadas en el análisis razonable de la historia, la naturaleza y la sociedad, y como tal, los resultados de nuestras ideas, incluso si son adecuados a largo plazo, no son fáciles de vender a las masas de alta preferencia, que se han acostumbrado a recibir subsidios de los gobiernos y han interiorizado la propaganda creada por la clase empresarial—gerencial que trabaja en conjunto con los responsables políticos.

Nuestra sociedad se encuentra en un punto muerto entre la lucha individual por la libertad y la lucha organizada por el poder, y nuestros tiempos son más extraños que nunca, ya que representan lo que Francis Fukuyama sigue insistiendo en que es el Fin de la Historia, pero se parece más a la etapa final de la civilización descrita por Oswald Spengler en su obra magna Decadencia de Occidente.

El problema es que si damos por buenas las palabras de Fukuyama o de Spengler, nos quedamos sin algunos elementos clave para entender la mecánica de nuestra época: la democracia liberal es, en efecto, el sistema dominante en todo el mundo, pero no es liberal (porque no es generosa, según la definición de Erik von Kuehnelt-Leddihn, y porque crea una prosperidad falsa e inestable a partir de una fuerte fiscalidad, una emisión monetaria inorgánica y una intervención general del gobierno en la economía), ni tampoco es democrática (porque permite votar a todo el mundo, sin importar quién o qué es o pretende ser «el Pueblo», y reserva el poder sólo a una clase directiva no elegida.)

Si este relato de los hechos recuerda a las ideas de James Burnham, es porque él, al igual que Spengler, identificó elementos de nuestro actual colapso, e intentó predecir su futuro equiparando el inminente gerencialismo de Occidente con el estalinismo soviético y el fascismo italiano, y en muchos sentidos, Burnham tenía razón, y el gerencialismo occidental se ha convertido efectivamente en algo parecido al fascismo, aunque sin el nacionalismo, como nos ha advertido repetidamente Lew Rockwell.

Pero, ¿dónde nos deja esto y qué relación tiene el Che Guevara con todo esto?

Sencillo: para Burnham, al igual que para Spengler, como teóricos del colapso occidental, el sistema que se instauraría en el final de la civilización dependería de hombres fuertes como Cecil Rhodes para funcionar sin problemas, pues ellos, como los Grandes Hombres de la Historia descritos por Thomas Carlyle, serían los únicos capaces de tomar las riendas del poder para dirigir la sociedad.

Esta mención a Cecil Rhodes no es aleatoria, porque probablemente podría considerarse el mejor ejemplo de cómo una idea de Gran Hombre debe ser compensada con una sólida comprensión de los procesos históricos, y porque Rhodes, como el Che Guevara, era un hombre fuerte, un táctico y un líder nato. En palabras de Hans-Hermann Hoppe, era una élite natural.

De niño inglés con mala salud, hijo de un sacerdote anglicano, pasó a ser un magnate minero y luego un importante político en Sudáfrica. Su talento para los negocios le permitió prosperar, y su breve estancia en la Universidad de Oxford configuró su visión del mundo hacia el dominio y la influencia británicos.

Al igual que otros hombres fuertes antes que él, Rhodes fue elevado al más alto prestigio en sus últimos años y después de su muerte, con las colonias británicas que ayudó a adquirir recibiendo su nombre (al igual que Bolivia con el nombre de Simón Bolívar), con su finca sudafricana convirtiéndose en el campus de la Universidad de Ciudad del Cabo, y con su gran fortuna que se destinó a financiar la beca de Oxford que lleva su nombre, que ha ayudado a educar a miles de políticos y jefes de empresa de toda la anglosfera, con la intención original de formarles para que piensen de la misma manera que el propio Rhodes pensaba sobre un mundo dominado por los británicos.

Pero su legado no ha prosperado tanto como la veneración casi religiosa que ha adquirido el Che Guevara, pues la idea de Rodhes, el empresario y político imperial, antaño respetado como ideal del Imperio Británico, se ha convertido ahora en anatema incluso en la propia institución a la que asistió y donó su fortuna, pues el evangelio del igualitarismo no puede permitir la veneración de las élites naturales, en sus propios tiempos y contextos.

El Che Guevara, por su parte, al vivir rápido y morir joven, al concentrarse y sacrificarse por sus ideas, creó un mito en torno a sí mismo y sobre sí mismo, un mito que hombres como Cecil Rhodes nunca podrían haber alcanzado.

Y ahora, en nuestra era populista, en la que los líderes políticos y empresariales surgen de la polarización de ideas y creencias, en la que hombres fuertes y magnates como Ron DeSantis y Elon Musk pueden liderar a miles de simpatizantes y, sin embargo, tener problemas para mantener o ejercer el poder en sus propias esferas de influencia, la pregunta sigue siendo: ¿qué nos falta que la izquierda sí tiene?

Puede que no nos demos cuenta, pero la izquierda carece actualmente de este elemento clave: no tienen élites naturales, no tienen caudillos, no tienen verdaderos líderes.

En la inflación de sus egos, han elevado a personas como Klaus Schwab y Samuel Bankman-Fried a sus semidioses, y cuando el colapso de la sociedad que ellos mismos han provocado pueda finalmente llegar, no serán capaces de evitarlo o de mitigarlo.

Pero aquí es donde y cuando nuestro deber se vuelve claro: si la izquierda es un movimiento religioso fanático centrado en imponer el igualitarismo, y si la izquierda ha tenido sus mártires como el Che Guevara, entonces nuestra lucha, tal como dijo Rothbard, debe ser también una cruzada religiosa, una para la defensa de la libertad y la civilización.

Pero para librar una lucha de este tipo no sólo se necesitan luchadores, sino también líderes, tácticos y estrategas. No todo el mundo puede serlo, porque nuestras diferencias naturales hacen que nos inclinemos espontáneamente por diferentes actividades y posiciones en la vida, pero las circunstancias extremas crean líderes extremos.

Ernesto Guevara no se convirtió en el Che de la noche a la mañana, sino que se transformó con su viaje por América Latina, se radicalizó con las malas condiciones de vida de sus semejantes y se comprometió con la identidad común de un solo continente desde el Río Grande hasta la Patagonia. Lo que pasa es que tomó el camino equivocado y luchó por las ideas equivocadas, y en lugar de prosperidad para las masas, lo único que trajo fue muerte y miseria, en Cuba, en Angola y en Bolivia.

Su rostro, ahora un símbolo, sigue representando la carnicería y la pobreza envueltas en un ideal utópico, pero en última instancia demuestra el punto de este ensayo: El Che era, y sigue siendo, un símbolo.

Nosotros, en la derecha, no podemos tomarlo para nuestro lado, porque sería incoherente y contraproducente, pero debemos entender lo que lo hizo como tal. El Che surgió en las condiciones y circunstancias más improbables. Nuestro Che probablemente surgirá también de los lugares más improbables.

Porque si una cosa es cierta, que nuestro conflicto con la izquierda es realmente una lucha religiosa contra un dogma progresista fanático, entonces también necesitaremos líderes y mártires, como lo fue el Che para la izquierda en el pasado.

Necesitamos un Che Guevara propio.

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Libertad en nuestro tiempo de vida: lecciones desde Praga

11/29/2022Robert Aro

En una ciudad que se parece a París con el Telón de Acero, con bonitos restaurantes, visitas a la ciudad y donde incluso pude disparar un AK-47 en un campo de tiro (después de pasar por un entrenamiento y mientras estaba supervisado), asistí al evento Liberty in our Lifetime 2022 en Praga. El mes pasado, la «Ciudad de las 100 agujas» acogió una reunión internacional de quién es quién de los libertarios, austriacos y otros de la banda del libre mercado. El tema de la conferencia fueron las Estructuras Paralelas, que se refieren a la creación o el uso de un sistema voluntario en lugar de uno involuntario, o en sustitución de éste, un concepto extraño para la mayoría, pero no por mucho tiempo.

Las criptomonedas ejemplifican esta idea. Para bien o para mal, las criptodivisas se utilizan para el intercambio cuando dos partes no quieren realizar transacciones en una moneda nacional. Bitcoin es probablemente la estructura paralela más conocida, pero esto puede aplicarse a cualquier sistema nuevo que intente escapar del monopolio de la fuerza del Estado.

La educación en casa es otra estructura paralela. Hay que tener en cuenta que los impuestos sobre la propiedad se utilizan normalmente para apoyar la escolarización patrocinada por el Estado. Pero la escolarización para algunos es el adoctrinamiento socialista para otros. Para aquellos que puedan y quieran, la educación en casa ofrece una solución viable; la advertencia, como todas las estructuras paralelas, es que la responsabilidad del éxito o el fracaso recae en el individuo.

Afortunadamente, las pequeñas cosas tienen una forma de convertirse en cosas mucho más grandes. Con la aparición de estructuras paralelas, su continua implementación y eventual crecimiento proporciona soluciones que el mundo necesita desesperadamente, con la posibilidad de llegar a suplantar al Estado por completo. Es muy posible que algún día vivamos en la primera Ciudad Privada Libre del mundo, como escribió Titus Gebel en su libro Free Private Cities, que también presentó en el evento.

Parece que hay dos métodos para implementar estas estructuras. Hace unas semanas aludí a esto, a que algo tiene que cambiar o el socialismo nos consumirá a todos.

O bien cambiamos el sistema desde dentro, o nos apartamos del sistema por completo; si no es mediante un cambio interno o una huida externa, al final nos consumirá.

En la conferencia, había algunos grupos que querían crear viviendas privadas en el océano en vainas móviles que pudieran unirse físicamente para formar comunidades. También había otros grupos que promovían el estilo de vida «nómada digital», para quienes tienen la opción de vivir y trabajar en varios países del mundo. La idea de huir es comprensible, e históricamente una estrategia ganadora bajo regímenes represivos, en los que una transformación de la sociedad parece casi imposible.

Sin embargo, también había quienes querían quedarse, esencialmente luchando contra el gobierno para mejorar la sociedad. Una organización sin ánimo de lucro de Sudáfrica llamada Sakeliga se describe a sí misma como un «club de empresas, profesionales e inversores que asumen juntos su deber constitucional de resistir al poder del Estado, ayudar a establecer un orden comercial justo y formar redes comerciales y financieras prósperas». Tuve la suerte de conocer al Director Ejecutivo Russell Lamberti, economista austriaco, autor e inversor que ha escrito varios artículos para el Instituto Mises. En su presentación dejó claro que Sudáfrica es su hogar, y que su organización tiene la intención de utilizar los litigios y todos los medios legales para frustrar la corrupción y las extralimitaciones del gobierno.

La naturaleza involuntaria del gobierno siempre lo convertirá en una fuerza del mal. La verdadera cuestión es si es posible escapar del sistema huyendo o luchando contra él. Por suerte, la belleza de una estructura paralela es que su potencia puede trascender la ubicación física. En cualquier lugar del mundo donde se implemente, siempre actuará como una fuerza contra el poder del Estado a través de la competencia.

No hay un enfoque único que funcione mejor para todos. Pero si algunos de los partidarios de la libertad buscan pastos más verdes en otros lugares, mientras otros tratan de cambiar la sociedad desde dentro, el surgimiento de estructuras paralelas, como el trabajo, los medios de comunicación, la cultura, la educación, las finanzas y, eventualmente, el propio sistema político o social, seguirá existiendo como un faro de esperanza.

Si se combina el aumento de estas nuevas estructuras con el inevitable fracaso del Estado, esta década se convierte en una verdadera oportunidad para crear un cambio monumental hacia una sociedad voluntaria y encontrar ese «capitalismo desenfrenado» que tanto anhelamos.

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La historia bien documentada de Zelensky de aplastar a la disidencia

11/29/2022Liam Cosgrove

La siguiente es una historia largamente olvidada sobre la verdadera naturaleza de la actitud del presidente ucraniano Volodymyr Zelensky hacia la libertad de expresión. Zelensky ha sido ensalzado por la prensa occidental desde el inicio de la invasión rusa, pero en un pasado no muy lejano, muchas organizaciones internacionales de derechos humanos y ucranianos preocupados daban la voz de alarma sobre las pautas de comportamiento peligrosas y antidemocráticas que exhibía el presidente.

Esto es lo que sucedió...

«Ellos [la Administración Zelensky] creen que es posible devolver Donetsk y Luhansk a Ucrania por la fuerza», decía un titular del medio ucraniano Newsone en diciembre de 2021. «Sólo un suicida y una persona de mente estrecha [podría creer eso]». El artículo cita a Viktor Medvedchuk, propietario de Newsone, que critica al presidente por incumplir su promesa electoral de encontrar una solución pacífica a los conflictos del este de Ucrania, cuestión que, según la BBC, era la «promesa número uno» de Zelensky.

El 3 de febrero de 2021, el presidente Zelensky eludió el parlamento para promulgar sanciones contra tres canales de televisión que se creía que estaban afiliados a Medvedchuk, líder del partido Bloque de Oposición y miembro del parlamento debidamente elegido. Los canales fueron inmediatamente retirados del aire, incluido Newsone. Zelensky también sancionó a la compañía de viajes aéreos utilizada por Medvedchuk y presionó a empresas americanas de redes sociales como YouTube y Facebook para que desactivaran las cuentas de las empresas afiliadas a Medvedchuk, lo que finalmente hicieron.

Justificadas por los lazos de Medvedchuk con Putin, estas acciones fueron sin embargo ampliamente condenadas por ONG internacionales, europeas y ucranianas de derechos humanos. Defensores de la libertad de prensa como las Federaciones Internacional y Europea de Periodistas (FIP y FEP), que representan colectivamente a cientos de miles de periodistas en 140 países, denunciaron conjuntamente el decreto, calificándolo de «prohibición extrajudicial y de motivación política, y de ataque flagrante a la libertad de prensa que debe ser revocado urgentemente».

Una división de las Naciones Unidas (NU) emitió un comunicado en el que declaraba que la decisión no había sido tomada por una autoridad imparcial y carecía de la debida justificación y proporción. La Unión Nacional de Periodistas de Ucrania (NUJU), grupo que ha condenado repetidamente a Rusia por la invasión de hoy, criticó abiertamente las 2021 sanciones: «Privar a los ciudadanos ucranianos del acceso a los medios de comunicación sin un juicio previo y prohibir a cientos de periodistas y medios de comunicación su derecho a trabajar es un ataque a la libertad de expresión».

Medvedchuk, que por entonces todavía era diputado, intentó crear un nuevo medio de comunicación llamado First Independent. Zelensky disolvió el medio unos meses después.

La grave negligencia de las fuerzas de seguridad ucranianas también se convirtió en un tema central a nivel internacional y fue señalada por las agencias de inteligencia de los EEUU. Un informe de 2021 del Departamento de Estado de EEUU sobre Ucrania culpaba a «la inacción del gobierno en la resolución de delitos por la aparición de una cultura de impunidad».

«Las autoridades gubernamentales a veces participaron en los ataques a los periodistas y los condonaron», prosigue el informe, citando denuncias creíbles de que «el gobierno persiguió a los periodistas en represalia por su trabajo».

Doblar la apuesta

Ignorando las reacciones internacionales, el 20 de agosto de 2021, Zelenksy aprobó amplias sanciones contra varios editores de medios digitales, una vez más sin participación parlamentaria. Strana, uno de los mayores medios de comunicación de Ucrania en ese momento, con 24 millones de visitas al mes, fue uno de los principales objetivos de las sanciones. Tras el corte de su url principal (strana.ua), el medio se vio obligado a utilizar otro dominio (strana.news), que sigue estando prohibido en Ucrania. La audiencia de Strana se redujo en más de un 94%.

Las organizaciones de derechos humanos volvieron a considerar poco convincente la justificación de los vínculos «prorrusos». Las ya mencionadas cohortes de la libertad periodística, FIP, FEP y NUJU, emitieron una declaración compartida en la que calificaban el decreto de «acción extrajudicial» y arremetían contra él como una «amenaza para la libertad de prensa y el pluralismo de los medios de comunicación en el país». La FEP especificó además que «Strana.ua es uno de los pocos medios de comunicación de la oposición que quedan en Ucrania». Freedom House, una organización americana sin ánimo de lucro a favor de la democracia, presidida en su día por Eleanor Roosevelt, instó al Presidente de EEUU, Biden, a adoptar una postura más firme contra las acciones de Zelensky. «Zelensky sigue utilizando el poder ejecutivo, sin revisión judicial, para sancionar a los medios de comunicación, las plataformas tecnológicas, los periodistas y los sitios web con el pretexto de luchar contra la desinformación», afirmó el grupo en una carta abierta al presidente de EEUU.

Quizás el objetivo más interesante de las sanciones de agosto de 2021 fue Anatoly Sharij, un periodista y bloguero nacido en Kiev con una devota base de seguidores ucranianos que fundó un partido político en su nombre en 2019. El «Partido de Sharij» recibió casi el 10% de los votos en algunas localidades durante las elecciones nacionales de Ucrania de 2020, con varios candidatos que alcanzaron cargos a nivel municipal y regional.

Anatoly Sharij, en una fotografía tomada en España, donde vive. Crédito: El Independiente

Sharij se vio obligado a huir de la persecución de Víktor Yanukóvich, antiguo presidente ucraniano al que muchos medios occidentales acusan de estar alineado con el Kremlin. Lejos de mostrar un sentimiento «prorruso», Sharij condenó enérgicamente la invasión de Putin en mayo, declarando en una entrevista con el periódico español El Independiente: «La guerra es una agresión y una invasión de Rusia contra el pueblo ucraniano».

Una organización afiliada a las NU investigó las sanciones de Zelenky contra Sharij y llegó a la conclusión de que «Sharij es presentado erróneamente por las autoridades como un periodista pro-Kremlin, pro-Putin, pro-Federación Rusa». En una conferencia en Bruselas, Sharij compartió su creencia de que Donbas y Crimea son parte de Ucrania, pero no está de acuerdo con el enfoque de Zelesnky sobre el conflicto. En respuesta a ser pintado como simpatizante de Rusia, Sharij dijo: «El gobierno ucraniano utiliza cómodamente esas etiquetas contra cualquiera que exprese alguna crítica... Tengo derecho a criticar la corrupción del presidente y del gobierno».

El Partido de Sharij fue uno de los varios partidos políticos disueltos por decreto presidencial al comienzo de la guerra de Rusia, decisión confirmada por el Tribunal Supremo de Ucrania sin posibilidad de recurso.

En palabras de los ucranianos

Una perspectiva local de las relaciones con la prensa de Zelensky la ofrece un medio de comunicación ucraniano que ahora resulta familiar para muchos occidentales, The Kyiv Independent, cuyo número de seguidores en Twitter se disparó desde los 11.400 que tenía unas semanas antes de la invasión hasta los más de 2,2 millones, al ofrecer a los angloparlantes de todo el mundo actualizaciones en directo sobre la guerra.

Después de haber sido celebrado en Forbes a principios de este año por sus informes sobre los crímenes de guerra rusos y los artículos de opinión que piden sanciones occidentales contra Rusia, es difícil retratar al medio como pro-Kremlin. Antes de la invasión, en enero de 2022, The Independent publicó un artículo titulado «Cómo la administración de Zelensky se mueve para desmantelar la libertad de prensa en Ucrania».

«En los últimos cuatro meses se ha producido una oleada de intentos de controlar a los medios de comunicación», informó The Independent, destacando la pauta de comportamiento del gobierno, caracterizada por «amenazas de persecución penal contra medios de comunicación y periodistas». Condensando la presidencia de Zelensky en una sola frase, el autor escribió:«En lugar de mejorar su diálogo con la prensa, el gobierno de Zelensky decidió tomar una ruta más directa: amplificar a los partidarios y presionar a los críticos para que guarden silencio».

Repensar nuestro apoyo

Si tenemos en cuenta la imagen de Zelensky retratada no sólo por numerosos grupos de derechos humanos, sino por sus propios ciudadanos, y la comparamos con la versión impulsada por los medios de comunicación occidentales, también deberíamos reconsiderar nuestro continuo apoyo militar al Presidente.

En un entorno en el que los misiles rebeldes aterrizan en Polonia y en el que se echa la culpa en un frenesí histérico, la guerra nuclear es una posibilidad real. La guerra nuclear significa miles de millones de muertos, el fin de la civilización moderna y quizás el fin de la humanidad. ¿Es ese riesgo remotamente proporcional a los beneficios de asegurar que un déspota corrupto mantenga el poder sobre el este de Ucrania en lugar de otro déspota corrupto?

No veo cómo alguien con facultades cognitivas mínimamente funcionales podría tener dificultades para responder a esta pregunta.

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¿Supera a la alternativa? ¡Pensemos en ello!

A medida que la gente envejece, a veces les oímos bromear diciendo que esto supera a la alternativa, la cual usualmente se deja sin decir.

Hay otro sentido en el que se asume que la alternativa es mucho peor que la condición actual: El tipo de gobierno bajo el que viven casi todas las personas, que es el Estado, utilizado aquí en el sentido de Max Weber de una entidad que reclama con éxito un «monopolio del uso legítimo de la fuerza física dentro de un territorio determinado». Por muy malos que sean los estados —se argumenta— ciertamente son mejores que la alternativa, la anarquía.

¿De verdad?

¿Es posible que los Estados creen las condiciones que normalmente se asocian con la anarquía, considerada como una condición de caos generalizado y anarquía? Si miramos la historia, encontramos el mal en el gobierno. Viola toda noción de decencia y justicia humanas, aunque hay grados de diferencia. Algunos ejemplos pueden servir para refrescar nuestra memoria.

La actual guerra en Ucrania nos recuerda la imposición por parte de Stalin de la hambruna al pueblo ucraniano en 1932-1933, como parte de su colectivización de la agricultura, que según este estudio provocó un total estimado de 4,9 millones de muertes. Stalin confiscó las cosechas y los cereales ucranianos como castigo por no cumplir las cuotas y por resistirse a la colectivización. También conocida como la «Gran Hambruna, o Holodomor (exterminio por hambre), los ucranianos sufrieron horrores indecibles a manos de los «recolectores» de Stalin.

Los campesinos acusados de acaparar alimentos solían ser enviados a la cárcel, aunque a veces los recaudadores no esperaban para infligir el castigo. Por ejemplo, dos niños que fueron sorprendidos escondiendo peces y ranas que habían capturado, fueron llevados al soviet del pueblo, donde fueron golpeados, y luego arrastrados a un campo con las manos atadas y las bocas y narices amordazadas, donde se les dejó asfixiar.

La esposa de Stalin, Nadezhda Alliluyeva, se suicidó a finales de 1932, lo que, según el dramaturgo Mikhail Shatrov, se debió a su violento desacuerdo con Stalin por su política asesina.

La anarquía habría sido una opción bendita para los ucranianos si hubieran podido liberarse de las garras de Stalin. Teniendo en cuenta el poder de los gobiernos actuales dominados por la izquierda y la presión global para un Gran Reajuste, el horror final de la humanidad puede estar todavía por delante.

¿Es la democracia la respuesta al crecimiento del Estado?

Se podría argumentar que la democracia —el poder del pueblo— impide el surgimiento de regímenes totalitarios. Sin embargo, un análisis investigado de la fraudulenta pandemia covid, en la que los gobiernos occidentales se volvieron autoritarios de la noche a la mañana y la mayoría de la gente obedeció, echa por tierra esa idea.

El Estado, como soberano, proscribe de facto la auténtica democracia.

¿Lo dudas? ¿Qué tal una votación sobre el impuesto sobre la renta o el falsificador oficial del Estado, la Reserva Federal? Ni hablar. Nuestros supervisores bipartidistas no lo permitirán. Peor aún, gracias a las escuelas del gobierno y al ministerio de propaganda oficial del Estado, la mayoría de la gente está en paz con el robo del gobierno siempre que se apliquen eufemismos estándar, como los «impuestos» del Tesoro y el «acomodo» de la Reserva Federal.

Por cierto, ¿has sido tú, ciudadano no gubernamental, consultado sobre las ventajas tácticas de una guerra nuclear limitada? ¿No? ¿Qué te parece ese acuerdo?

Según la mayoría de los diccionarios, los sinónimos de anarquía incluyen anarquía, desorden, agitación, desorganización y desintegración. Esta es una descripción justa de las condiciones en América y otros países durante la llamada pandemia. Estos términos también describen a los países que están siendo bombardeados hasta la edad de piedra, como Irak y Afganistán, donde los estados «justos» han intervenido para erradicar el mal o «defender la libertad» de sus despistados ciudadanos a miles de kilómetros de distancia.

La agitación también describe el estado actual de Venezuela, donde «la peligrosa y blanda» World Vision dice que

Uno de cada tres venezolanos sufre inseguridad alimentaria y necesita suministros urgentes de alimentos, según el Programa Mundial de Alimentos (PMA). Enfermedades antes erradicadas, como el cólera y la malaria, han regresado, y los niños mueren cada vez más por causas relacionadas con el hambre y la desnutrición. . . .

Los emigrantes venezolanos que regresaron al país tras perder sus empleos en el extranjero a raíz de la pandemia no han podido ganar un sueldo en su país. La escasez de combustible, electricidad y agua potable ha provocado disturbios y ha dejado a muchos emigrantes sin otra opción que huir de nuevo.

Incluso Zimbabue, que en su día fue el ejemplo de la hiperinflación, vuelve a hacerlo, ya que el dólar zimbabuense «se ha devaluado más de un 40% desde principios de año». Para evitar otro colapso de la moneda, el gobernador del banco central, John Mangudya, ha inaugurado un programa que permite a los zimbabuenses cambiar sus dólares por monedas de oro.

El oro, distintivo de un mercado totalmente libre, es decir, de una sociedad que hace valer los derechos de propiedad, acude al rescate de los zimbabuenses. Al parecer, cuando la corrupción sigue su curso, algunos Estados intentan cualquier cosa, incluso el retorno temporal al dinero honesto.

Teniendo en cuenta lo que el Estado de EEUU y sus socios de la coalición han hecho a los países pequeños, al personal militar americano, al clima cultural de paz y libertad que hace posible la civilización, es difícil imaginar que una América sin Estado sería aún peor.

¿Qué es lo que hace que nuestros líderes sean «grandes»?

Lincoln, Wilson y FDR no son famosos por sus opiniones anarquistas. A través del Estado tenían los medios para ir a la guerra mientras obligaban a otros a matar y morir. A través del Estado tenían las herramientas de propaganda y las armas para mantener a la mayoría del público obediente. A través del Estado tenían los medios para robar la riqueza de sus ciudadanos para pagarla. Incluso hoy, con sus crímenes detallados en Internet, siguen estando entre los «grandes» de la historia de América gracias a un público dócil y a un sistema educativo y de medios de comunicación controlados por el Estado.

No fue la anarquía la que produjo la muerte masiva y la devastación de las dos guerras mundiales. No fueron los anarquistas los que construyeron las bombas atómicas. No fueron anarquistas los que las lanzaron sobre poblaciones civiles.

Y no son los anarquistas los que han creado las condiciones para el Armagedón nuclear actual.

¿Supera a la alternativa?

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La Kultusgemeinde y su relevancia para el anarquismo americano

11/23/2022Kyle Stephens

Entre las muchas cuestiones prácticas a las que se enfrenta el anarquismo hay una que atrae la mayor cantidad de críticas de los minarquistas: el tamaño de una comunidad. Señalan que no vivimos en una sociedad huterita o anglosajona, sino urbana y global. Como tal, el tamaño importa. A medida que un asentamiento se hace más grande, el libertarismo se hace más difícil de aplicar como pacto. Las comunidades pequeñas se forman fácilmente fuera de la matriz urbana, no se sostienen fácilmente a nivel económico.

Por ejemplo, una comunidad libertaria puede tener una población de 150 personas. Si una pequeña empresa razonable emplea a un mínimo de 25 personas, sólo podría haber un total de 6 empresas en ese pueblo. Atraer mano de obra adicional implica, si no un asentamiento, acuerdos cercanos (es decir, pueblos y aldeas de la empresa). Si este es el grueso de todo su empleo, no importaría. Sólo hay que atraer a 150 clientes, por lo que el beneficio es escaso para fomentar la expansión de la empresa en esa comunidad, para empezar.

La certeza reina, así como el coste de oportunidad. Aunque acumular grandes campamentos de empresas fuera de la comunidad del pacto podría resultar rentable, hay una gran metrópolis a pocos kilómetros de distancia habitada por millones de personas. ¿Dónde va a ir el empresario?

Y lo que es peor, estos campamentos o ciudades de empresa equivalen a ampliar su comunidad de alianza. La mayoría de las ciudades más grandes son en realidad barrios más pequeños, separados por la riqueza o las características raciales y que más tarde se unen como uno solo. Los suburbios se formaron a partir de una migración masiva de trabajadores al cinturón del óxido. Con el tiempo, los suburbios se convirtieron en áreas metropolitanas junto con una ciudad independiente controlada por singulares estadistas municipales.

Nada de esto se mitiga con la automatización o la tecnología. Las empresas podrían invertir en ella con la computación en la nube y similares, lo que eliminaría el problema del coste de oportunidad anteriormente comentado. Sin embargo, la falta de producción significa la necesidad de importar la mayoría de los bienes.

Ahora bien, el comercio lo facilita, pero eso es defectuoso en una comunidad de pacto. La
importación implica el transporte. Si en este pequeño pacto hay muy pocos clientes y en una gran metrópolis hay muchos, el coste de transportar este producto es probablemente mayor que los mínimos ingresos que se obtienen de la venta. Por lo tanto, el coste de oportunidad sigue siendo una carga, ya que no sólo la producción sino también la importación se estrellan.

Las comunas owenianas se extinguieron por una gran razón: la gente carecía de oportunidades y las buscaba en otros lugares. Es fácil sugerir que este destino fue una consecuencia de su modelo económico y, sin duda, la vida comunal fracasa. Sin embargo, es ingenuo suponer que estamos a salvo teniendo en cuenta el tamaño.

Aunque la economía es técnicamente secundaria en la teoría libertaria, una comunidad cuya población emigra en su totalidad hace que intentarlo sea bastante inútil. En este sentido, la economía sí es importante para nuestro éxito. ¿Cómo se podría abordar este problema? Fácil.

 Dentro de cualquier ciudad grande, hay barrios y distritos separados con características similares que los unen. Si estos se convirtieran en distritos de pactos, la ciudad en sí no sería más que un conjunto geográfico de pactos. Sin embargo, el trabajo y el capital fluyen de forma más práctica entre ellos. Como tal, es sostenible y no requiere ninguna modificación del enfoque más amplio de los pactos.

Esto podría parecer un añadido sin importancia, pero los ejemplos me parecen más intrigantes por ello. En zonas como Viena, el judío ortodoxo tiende a convivir, pero de forma diferente a como lo haría en Polonia con su shtetl. Mientras que cualquier comunidad cerrada es un pacto de plomería, éstas funcionan pensando en la ayuda mutua (como una extensión de la identidad religiosa).

Su precio no es una donación, sino que es obligatorio como un impuesto. Esto la mantiene relativamente homogénea, no sólo en cultura sino también en clase. Es demasiado fácil ridiculizar esa palabra,«impuesto», hasta que te das cuenta de que no es más una obligación que el estatuto al que te obliga tu pacto. De
hecho, el pacto más típicamente propuesto por los anarquistas de la derecha -aunque sin mención a los impuestos- se parece más a un «contrato» social que a una comunidad voluntaria (3). Voluntaria, lo es en la medida en que no es necesario vivir en ella. Esa es ya la forma en que funciona un contrato social, esto sólo exceptuando su componente de derecho positivo.

Que esto también sea básicamente un contrato social, no lo acepto ya que creo que se convierten en estados con el tiempo. Más bien, propongo una fácil alteración del mismo. En
primer lugar, entendamos cómo estas comunidades
ortodoxas tienen en cuenta los intereses. Como ocurre con cualquier otra comunidad típica del pacto, el mal comportamiento significa la expulsión. Sin embargo, la ayuda mutua en nuestro modelo típico de comunidad de pacto está desvinculada de ese contrato y sólo pretende ser una medida paliativa que se fomenta en lugar del bienestar.

Si la ayuda mutua es básicamente un hecho, el judío ortodoxo la pierde una vez que se comporta mal. La pierde, sin embargo, porque se le expulsa del todo. En mi propuesta, el mal comportamiento no tiene por qué provocar su expulsión (esto podría variar según la atrocidad o la mezquindad). Sin embargo, la parte que se ha portado mal ya no tiene derecho a la ayuda mutua. ¿Eso es todo? No. Aunque ya no lo sea, el cese del pago supone de hecho la expulsión. Paga y no recibe; este pago va a parar a la parte víctima.

Eso no es todo. Así que, en un Frankpledge, los estatutos también son per se voluntarios. Esto parece una locura, pero no lo es. En ellos, quien opta por no cumplir con los estatutos del pacto no puede acudir a los tribunales e incluso podría aplicar el crédito social para clasificarlo como parásito. Esencialmente, ya no acata la conducta de la comunidad, sino que es totalmente condenado al ostracismo por ello.

No todos reciben ayudas, sino que todos pagan. Pero los necesitados han pagado durante años, ya que los residentes pagan una cuota muy cara por vivir aquí. ¿Qué pasa si alguien no paga más de una o dos veces, ahora recibe?

En primer lugar, la sanguijuela se calificaría como una mala conducta en el código. En segundo lugar, ¿cómo se define esto? Pues de dos maneras. Una, los nuevos residentes podrían no tener derecho a recibirla, sino sólo después de haber residido allí durante varios años. Dos, estas ayudas tienen una limitación temporal (por ejemplo, un año). Los que tienen derecho a la ayuda no pueden recibirla en ningún momento durante más de un año.

Después de ese año, deben devolverla. La devuelven de forma muy similar a la deferencia fiscal. Si no lo devuelven, son expulsados. ¿Crees que tiene que haber un límite en la frecuencia con la que puedes recibir estos años de ayuda? No. ¿Qué pasa si usted, conductor asegurado, tiene un accidente? Pagas una prima más alta, ya que eres un riesgo para la compañía de seguros. Pues bien, cada vez que un residente aquí recibe una ayuda, la cantidad de dinero que se espera que devuelva (además de la cuota ordinaria) se incrementa más y más.

Esto no sólo actúa como un doble proceso de investigación para la inmigración, sino que también aumenta las probabilidades de que se le expulse por explotación. Al tratarse de una aportación voluntaria, la ayuda mutua parece tener ya su mecanismo incorporado contra la explotación (es decir, la gente no disfruta siendo explotada). Sin embargo, la financiación colectiva significa que el que aporta no decide quién puede recibir.

Puede que lo reciba, ya sea porque sus miembros lo gestionan con libros transparentes o porque una organización benéfica mal gestionada aleja a sus contribuyentes, que se van a una organización de la competencia. Ese riesgo no ha disuadido a las organizaciones benéficas de hacerlo hoy en día, simplemente intentan que no les pillen. Si eso va a ocurrir, también lo hará una demanda popular para su regulación. Una sociedad anarquista sólo es sin Estado, no puede prohibir que se invente un Estado. Como tal, lo que en este análisis de la elección pública parece no estar de moda no lo hace menos relevante.

Si el contrato social no se convierte en un estado en forma sin Estado, sigue siendo colectivo. En su libro Democracia: el dios que falló, Hans Hermann Hoppe aborda el comportamiento individual voluntario en lo que respecta al uso de su propia propiedad. No sólo aborda el uso, sino también el permiso para invitar, etc. Sin embargo, su pacto es sólo sin Estado y no voluntarista. La autonomía es una descripción voluntaria del habitar o de la asociación pero eso es con el uso de la propiedad, todo. Auberon Herbert lo describió de manera diferente, mucho más cerca del Frankpledge que he esbozado anteriormente.

Podría haber elementos de estas dos visiones, especialmente en lo que respecta a la ayuda mutua y a la posibilidad de tenerla en absoluto o a la de la inmigración ya incorporada en la Kultusgemeinde que ejemplifico. Sin embargo, vale la pena explorar las opciones si queremos atraer a los anarquistas más vacilantes que gritan tiranía a los primeros.

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Inclusión falsificada

11/22/2022Robert Aro

En un reciente discurso, uno de los gobernadores de la Fed menos conocidos, Philip N. Jefferson, habló de la importancia de tener un hogar:

Más allá de la ubicación, un hogar proporciona tanto necesidades básicas, como el cobijo, como beneficios inestimables, como una sensación de seguridad y dignidad personal. Es un refugio en el que nuestras mentes y cuerpos pueden recuperarse y regenerarse para estar preparados para participar en todos los aspectos de la vida, incluido el trabajo del día siguiente. Los costes de vivir en zonas desfavorecidas o de hacer frente a las dificultades económicas se manifiestan en todos los ámbitos de la vida. El mayor estrés, la necesidad frecuente de trabajar en más de un empleo, la ausencia de prestaciones y el tiempo y el dinero que se invierte en los desplazamientos, todo ello tiene un coste económico y psicológico.

En cierto modo, debe comprender que la mayoría de los americanos están pasando por tremendas dificultades financieras, dado el aumento tanto del coste de la vida como de los tipos de interés.

Hizo la pregunta:

¿Qué puede aprender la Fed de la investigación sobre oportunidades y crecimiento inclusivo?

A continuación, trató de explicar con más detalle lo que significaba:

Cuanto mejor comprendamos los canales que afectan a la salud y el funcionamiento de la economía en general, mejor podremos calibrar nuestras decisiones políticas para cumplir nuestro doble mandato.

Continuando:

En el cumplimiento de su doble mandato, la Reserva Federal trata esencialmente de fomentar y mantener las condiciones en las que la economía y todos sus participantes puedan prosperar.

Y otra vez:

El cumplimiento de nuestro doble mandato es la mejor manera de que la Reserva Federal promueva una prosperidad ampliamente compartida.

Durante más de cien años, los austriacos han documentado los problemas económicos que crea un monopolio monetario. Incluso más allá de la mecánica de la creación de dinero, existen consideraciones morales, éticas y legales. El resumen de «La Ley» de Bastiat ofrece una descripción sucinta:

La cuestión que aborda Bastiat es la siguiente: ¿cómo distinguir cuándo una ley es injusta o cuándo el legislador se ha convertido en una fuente de infracción de la ley? Cuando la ley se convierte en un medio de saqueo ha perdido su carácter de ley genuina. Cuando se permite al legislador hacer con la vida y la propiedad de otros lo que sería ilegal si los ciudadanos lo hicieran, la ley se pervierte.

Bastiat, como uno de los protoaustriacos, o predecesores de la escuela, compartió innumerables ideas que siempre han seguido siendo relevantes. Hayek se basó en esta idea, explicando uno de los problemas de la planificación central:

La planificación económica que debía ser el medio socialista para la justicia económica sería imposible a menos que el Estado pudiera dirigir a las personas y sus posesiones a cualquier tarea que las exigencias del momento parecieran requerir. Esto, por supuesto, es lo más opuesto al imperio de la ley.

Lo que la Fed ha hecho con éxito durante el último siglo es normalizar uno de los mayores delitos del siglo: La falsificación.

No pasa un día en el que no se mencione a la Fed en todos los canales de negocios. Ya sea en la CNBC, en Bloomberg, en la televisión o en la prensa escrita, se dedica un gran esfuerzo a hablar de la Fed, de lo que hará a continuación y de cómo puede ayudar o perjudicar a la economía. Los economistas de la corriente principal parecen venerar a la Fed, y la institución está ampliamente incorporada a sus creencias dogmáticas.

Pero no lo olvidemos nunca: la Fed es una falsificadora.

Si un individuo intenta hacer pasar incluso 100 dólares en billetes falsos como moneda de curso legal, puede enfrentarse a un grave castigo. Y dependiendo de la magnitud de la trama, el individuo podría enfrentarse a consecuencias más duras que los cargos de asesinato. Sin embargo, cuando la Reserva Federal imprime entre miles y trillones de dólares, ni uno de cada mil economistas piensa en ello. En todo caso, aplauden la política inflacionista.

Al igual que la democracia a través del cañón de una pistola, o el lanzamiento de una bomba por la libertad, las palabras y las acciones de un planificador central suelen ser diametralmente opuestas. Si la Reserva Federal se tomara en serio lo de ayudar a los miembros más pobres de la sociedad, quisiera garantizar una mayor «inclusividad» y realmente quisiera que los americanos conocieran la alegría de ser propietarios de una vivienda y de perseguir el sueño americano, entonces lo mejor que podría hacer es dejar de hacer todo lo que está haciendo hoy. Si realmente les importara, se someterían al imperio de la ley, y no a la ley de la autoridad central de planificación.

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