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Cuestionamiento de la anexión de Texas como estado de EEUU

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Texas es conocido como el «estado de la estrella solitaria» y es el lugar donde quizá se dé el impulso secesionista más fuerte de los Estados Unidos en la actualidad. Pero, ¿y si la forma en que Texas se anexionó a la Unión en primer lugar fuera desacertada y cuestionable?

En 1840, Martin van Buren se presentó a la reelección como presidente. Se opuso a la expansión hacia el oeste porque creía, y parece que tenía razón, que el movimiento hacia el oeste desviaría la atención de la gente hacia la cuestión de la esclavitud y crearía división. Creía —como jacksoniano y como quien Jeffrey Hummel calificó como el más libertario de los presidentes—, que el modelo de gobierno pequeño era deseable y había demostrado ser una apuesta ganadora.

Sin embargo, perdió las elecciones de 1840, principalmente como consecuencia de la reacción negativa al pánico de 1837. Se negó a utilizar el gobierno central para abordar los problemas, y la recuperación fue relativamente rápida. Además, rechazó la anexión de Texas por motivos constitucionales.

William Henry Harrison ganó las elecciones, pero murió tras solo 32 días en el cargo. John Tyler asumió el cargo. Su historia es increíble. Abandonó el Partido Demócrata en oposición a las exigencias de poder de Jackson sobre la autoridad estatal, demostradas en sus aranceles y en la Ley de Fuerza. Pero el hecho de que se uniera a la oposición whig no significaba que estuviera a favor de sus compromisos políticos y económicos hamiltonianos. En realidad, era bastante jeffersoniano. Se opuso tanto a los whigs que fue expulsado de su partido.

Dicho esto, John Tyler estaba a favor de la expansión hacia el oeste a la luz de conceptos como el Destino Manifiesto. Cuando Texas ganó su independencia y solicitó la condición de estado, Tyler y su secretario de Estado, John C. Calhoun, redactaron un tratado de anexión. Pero un tratado requería dos tercios del Senado y, dado que Texas iba a entrar como estado esclavista, no se aprobó.

En 1844, Tyler había decidido no presentarse a la presidencia, en parte porque no tenía ningún partido que lo respaldara. Sin embargo, James K. Polk —un Demócrata desconocido—, ganó las elecciones con una campaña a favor de la anexión.

Antes de que Polk tomara posesión, John Tyler pidió al Congreso que «invitara» a Texas a convertirse en estado sin necesidad de un tratado. Llegaron a la conclusión de que para ello solo se necesitaba una mayoría simple, que él consiguió. Los opositores argumentaron que la anexión exigía un tratado porque Texas era una nación extranjera.

Dado que los tejanos y —como demostró la elección de Polk—, los americanos apoyaban la anexión de Texas, la resolución conjunta fue aprobada. Muchos de los partidarios habían concedido préstamos a Texas y querían que se le admitiera en la Unión para que el gobierno de los EEUU les pagara. Otros eran especuladores inmobiliarios, como Nicholas Biddle. Otros estaban preocupados por la competencia del algodón texano independiente. Como muestra Patrick Newman, el amiguismo campaba a sus anchas. Entonces, en su último acto como presidente, John Tyler firmó la resolución que admitía a Texas en la Unión como estado esclavista.

Aunque aprecio muchas de las cosas que hizo John Tyler y muchas de las ideas que expresó John Calhoun, el hecho de que Tyler tuviera que encontrar un umbral de acuerdo más bajo para incorporar a Texas a la Unión ponía de manifiesto importantes divisiones y, tal vez, debería haber dado que pensar. Si bien la anexión de Texas no provocó inmediatamente un conflicto en la Unión, anticipó los problemas que produciría la expansión hacia el oeste. No solo anticipó la intensificación de las crisis seccionales, sino que creó disputas fronterizas con México que se utilizarían y se interpretarían como una justificación para la guerra.

De hecho, en mi opinión, es correcto considerar que los primeros Estados Unidos eran mucho más moderados y controlados en su política exterior. Dicho esto, podría decirse que esto fue un anticipo del imperialismo temprano, a veces descrito con la frase «destino manifiesto». Esta expansión hacia el oeste llevaría, en pocos años, a los EEUU hasta el Pacífico, y en las décadas siguientes irían más allá —vinculándose con el continente asiático—.

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