Thomas Sowell es una de las voces más influyentes y perspicaces del mundo académico americano. A sus 95 años, ha creado una nueva página web: Facts Against Rhetoric (Hechos contra retórica). Su trabajo es conocido por su disposición a cuestionar incluso las nociones más arraigadas con objetividad y dominio de las pruebas empíricas.
Pero podría decirse que su obra más importante, aunque pasada por alto, es La visión del ungido. El proceso que Sowell describe en ese libro puede aplicarse para analizar casi cualquier política gubernamental en cualquier país del mundo. Como dijo el presentador de los podcasts Uncommon Knowledge, Peter Robinson: «Es un libro que lo explica todo». Pero ¿por qué?
Thomas Sowell explicó que todas las crisis a las que se enfrenta los EEUU en la actualidad surgieron de un patrón notoriamente similar que sigue estos cuatro pasos:
- Los ungidos —las élites intelectuales y las clases políticas— crean (fabrican) una crisis que, según ellos, supone una gran amenaza para el país. Muchas veces, supuestamente actúan de buena fe, pero, como dijo Thomas Sowell, «las políticas económicas deben analizarse en función de los incentivos que generan, y no de las esperanzas que las inspiraron».
- A continuación, abogan por la solución de la crisis, ignorando a los críticos que creen que las políticas podrían conducir a un resultado perjudicial. Los ungidos descartan las críticas por considerarlas deshonestas, interesadas o simplistas.
- Las políticas se implementan y acaban conduciendo al resultado perjudicial previsto por los críticos.
- Desestiman las objeciones a sus políticas como deshonestas, deshonrosas, o defienden sus políticas argumentando que el resultado fue una correlación y no una causalidad.
Comprobemos empíricamente la teoría de Sowell y veamos si se sostiene en el mundo real. Hay tres problemas relevantes que creo que podemos examinar a través del prisma de la visión de cuatro pasos: la pobreza afroamericana y la epidemia de ausencia de padres; la inflación causada por los estímulos contra la COVID; y los aranceles.
Problema 1: La pobreza afroamericana y el Estado benefactor
Paso 1: En la década de 1960, los liberales blancos querían resolver la tasa de pobreza de los negros, que se situaba en el 47 %, y la tasa de nacimientos fuera del matrimonio, que era del 20 %.
Paso 2: No se dieron cuenta de que los 20 años anteriores —de 1940 a 1960—, fueron el período de mayor crecimiento económico en la historia de la comunidad negra, con una caída de la tasa de pobreza del 87 % al 47 %, mientras que las tasas de alfabetización de los negros se disparaban y, antes de que se reintrodujera el salario mínimo en 1948 tras la inflación galopante durante la Segunda Guerra Mundial, el desempleo juvenil entre los negros era inferior al de los blancos.
Paso 3: Después de que LBJ creara el Estado benefactor moderno, la tasa de pobreza de la población negra disminuyó, pero no gracias al Estado benefactor. Solo fue la continuación de la tendencia anterior, a un ritmo mucho más lento (un 18 % en lugar de un 40 %), mientras que el número absoluto de personas por debajo del umbral de la pobreza aumentó. Sin embargo, la mayor emergencia se encuentra en el ámbito familiar. La tasa de nacimientos fuera del matrimonio entre los negros ha pasado del 20 % al 69,4 % en menos de medio siglo.
Paso 4: Los críticos del estado del bienestar son acusados de racismo y fanatismo. El propio Sowell ha sido acusado de mala voluntad similar. Los intelectuales que antes promovían todos los programas de bienestar social ahora evitan cualquier escrutinio de sus ideas por una sencilla razón: tienen miedo y/o están seguros de sí mismos.
Problema 2: Inflación
Paso 1: Durante las últimas etapas de la crisis del COVID, las élites políticas crearon una narrativa de economía deprimida, a pesar de que el desempleo llevaba meses descendiendo.
Paso 2: El candidato demócrata Joe Biden prometió la Ley de Recuperación americana, un ambicioso proyecto de estímulo que prometía combatir el desempleo con un gasto de billones de dólares. Los críticos advirtieron que un aumento del gasto tendría un efecto inflacionista y no reduciría el desempleo. Señalaron que el New Deal, que podría decirse que es el modelo en el que se basan tanto la ARPA como la ARRA, fracasó estrepitosamente. Entre 1930 y 1940, no hubo ningún año en el que la tasa de desempleo cayera por debajo del 14 %. Para contextualizar, la tasa más alta de la historia posterior a la Segunda Guerra Mundial fue solo del 10,1 % en 1981. Economistas como John Cochrane argumentaron que tal derroche de gasto conlleva el riesgo de un efecto inflacionista. La administración Biden desestimó esas afirmaciones por considerarlas de mala fe y egoístas.
Paso 3: La inflación alcanzó su nivel más alto en 40 años. El desempleo disminuyó, pero eso no fue más que la continuación de la tendencia anterior. La mediana de los ingresos reales ha disminuido un 2,6 %, a pesar de haber aumentado un 4 % anual de media entre 2014 y 2020.
Paso 4: La administración Biden afirmó que la inflación de los precios no tenía nada que ver con sus políticas fiscales. Argumentaron que se debía a los altos precios de la energía y a la interrupción de la cadena de suministro. Un estudio reciente del MIT demostró que el gasto desenfrenado era responsable de casi la mitad de la inflación. Una vez más, los ungidos intentaron echar la culpa a las empresas. La verdad es que sus malas ideas son las responsables, pero, en lugar de admitirlo, huyen de las consecuencias.
Problema 3: Los aranceles
Paso 1: Los demócratas no son los únicos que imponen sus ideas radicales para resolver crisis fabricadas. Los recientes episodios de los aranceles de Trump son otro ejemplo de una política con supuestas buenas intenciones, pero con resultados desastrosos. Trump argumenta que la disminución del número de trabajadores americanos dedicados a la industria manufacturera constituye una crisis. Tiene razón en que el empleo industrial ha disminuido de 32 millones en 1950 a 8 millones en la actualidad.
Paso 2: Ignora el hecho de que la principal razón es la automatización, no la deslocalización. De hecho, tras ajustar la inflación, el valor añadido total de la industria manufacturera pasó de 1,4 billones en 1997 a 2,4 billones de dólares en 2024. Los economistas advirtieron que la incertidumbre creada por los aranceles y el aumento de los costes de los insumos podría provocar una mayor deslocalización.
En general, los aranceles nunca han tenido un gran historial. Véase, por ejemplo, la Ley Smoot-Hawley. En marzo de 1930, el desempleo era del 8,9 %, ni siquiera alcanzaba los dos dígitos, casi medio año después del crack bursátil de 1929. A continuación, siguió una tendencia a la baja hasta alcanzar un mínimo del 6,3 % en junio, cuando el presidente Hoover firmó los aranceles Smoot-Hawley. El desempleo subió al 25 % y, a pesar de los intentos del New Deal, nunca bajó del 14 %. En el pasado reciente, Trump desestimó las críticas calificándolas de globalismo.
Paso 3: Los resultados que se están obteniendo ahora muestran que se están produciendo consecuencias perjudiciales. El desempleo ha subido al 4,3 %, con una ralentización significativa de la creación de empleo, que incluso fue negativa en junio.
Paso 4: Este es un poco diferente. El presidente Trump afirmó que la economía está en auge y que las cifras mencionadas anteriormente no se ajustan a la realidad.
El mensaje de Sowell es tan relevante como siempre. El ciclo que describió Sowell sigue repitiéndose una y otra vez. Lo que Sowell ofrece no es una gran teoría que lo explique todo, sino un marco para analizar cualquier plan envuelto en superioridad moral, pero con escasa evidencia empírica. Si Sowell tiene razón, la virtud política más importante es la paciencia: la capacidad de no convertir cada problema en una cruzada y cada voz disidente en un enemigo. Así, aunque en cada crisis nos enfrentamos a cambios sustanciales, el guion no cambia. Reconocer ese guion es el primer paso hacia la solución.