El «orden internacional basado en reglas» ha muerto. Washington lo mató.
Es sorprendente la falta de autoconciencia de los numerosos funcionarios americanos que adoptan una postura moralista en su oposición a la invasión rusa de Ucrania.
Es sorprendente la falta de autoconciencia de los numerosos funcionarios americanos que adoptan una postura moralista en su oposición a la invasión rusa de Ucrania.
Una de las citas más tristes de la guerra de Vietnam es la del periodista Peter Arnett, que escribió en un despacho en 1968 sobre un ataque americano a un pueblo controlado por el Vietcong: «Fue necesario destruir el pueblo para salvarlo». Como suele ocurrir con este tipo de citas, adquieren una segunda e incluso tercera vida. Hoy, el gobierno de Biden pretende destruir la economía americana, supuestamente para salvar a Estados Unidos del temido cambio climático.
La inflación, específicamente la inflación monetaria, es tan deseada y necesaria para el Estado como la comida es necesaria para la alimentación humana. La inflación, más que los impuestos, es el principal alimento que permite al Estado, de forma lenta pero segura, crecer hasta convertirse en un gran aparato burocrático de gran alcance que interviene en casi todos los aspectos de los asuntos sociales y económicos.
Los precios de los bienes y servicios en la economía parecen estar por las nubes, y tanto los consumidores como los productores sufren la caída del valor de su dinero. Desgraciadamente, el público se dirige a los políticos de Washington y a los economistas de todo el mundo en busca de respuestas.
El pasado mes de julio, cuando un equipo de economistas de la Casa Blanca hizo público su análisis de la situación en la que se encontraba la economía americana, el paralelismo histórico que establecieron fue el de los años inmediatamente posteriores a la Segunda Guerra Mundial. En su opinión, eran la escasez de oferta y la demanda reprimida las que causaban toda la inflación.
El crecimiento económico es la norma principal para medir los resultados de una economía. Sin embargo, lo que se publica como producto interior bruto (PIB) no representa la producción, sino que informa del gasto global. El cálculo del crecimiento económico se basa en el producto interior bruto nominal deflactado por un índice de precios.
Hay un interesante artículo en el NYT sobre la aparición de la monedas papel alternativas. Se han producido apariciones esporádicas de dinero «artesanal» o de «pequeñas tiradas» en la última década. Han sido emitidas por gobiernos municipales en Gran Bretaña, por una entidad privada sin fines de lucro en Amsterdam, y en Baviera por una red regional de empresas, organizaciones no lucrativas, y consumidores.
Muchos comentaristas y expertos económicos son de la opinión de que la Reserva Federal se está quedando sin herramientas para mantener en marcha la economía, dado el muy bajo nivel de los tipos de interés. También se argumenta que, a pesar de una acusada tendencia a la baja de la política de tipos desde 1980, el crecimiento subyacente de la economía de EEUU ha estado siguiendo una tendencia a la baja.
El crecimiento de la oferta monetaria aumentó por tercer mes consecutivo en febrero, continuando el crecimiento desde el mínimo de veintiún meses de octubre. Sin embargo, incluso con el aumento de febrero, el crecimiento de la oferta monetaria sigue estando muy por debajo de los máximos sin precedentes experimentados durante gran parte de los últimos dos años. Durante trece meses entre abril de 2020 y abril de 2021, el crecimiento de la oferta monetaria en Estados Unidos superó a menudo el 35%, muy por encima incluso de los niveles «altos» experimentados de 2009 a 2013.
A los pocos días del comienzo de la invasión rusa de Ucrania, el régimen ucraniano solicitó el ingreso en la Unión Europea. Esto es comprensible desde la perspectiva de Kiev. Si a Ucrania se le va a negar el ingreso en la OTAN —como parece ser cada vez más el caso— el régimen ucraniano podría, no obstante, aumentar sus conexiones geopolíticas con Occidente ingresando en la UE.