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Occidente no se hizo rico por la esclavitud sino a pesar de ella

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Etiquetas Trabajadores y salariosPobrezaHistoria de EEUU

10/08/2022

El éxito de taquilla de la película El rey mujer ha resucitado el mito de que la esclavitud proporciona riqueza. Aunque los críticos furibundos argumentan que la película resta importancia al hecho de que el Imperio de Dahomey obtenía su riqueza de la esclavitud, esta observación confunde erróneamente el éxito político con el florecimiento humano. El Estado y el individuo son dos entidades distintas, y como tales los objetivos de los individuos son a menudo incompatibles con los del Estado.

En África, la trata de esclavos enriqueció a los mercaderes y a las élites políticas a costa de las personas esclavizadas, y los africanos de a pie tampoco salieron ganando con la trata transatlántica de esclavos. El hecho de que Estados como Asante y Dahomey se hayan enriquecido gracias a la trata de esclavos es más bien un comentario sobre el creciente alcance de las élites africanas que una indicación de la mejora del nivel de vida de la gente corriente.

Durante el apogeo de la trata de esclavos, el comercio de éstos era monopolizado por el rey dahomeano. Tras ser adquiridos para el comercio, los esclavos eran vendidos en la costa por los comerciantes reales. Las oportunidades liberadas por el comercio de esclavos condujeron al establecimiento de una próspera clase mercantil que consistía principalmente en personas relacionadas con la burocracia estatal. Inevitablemente, el comercio de esclavos era otro vehículo para que las élites acumularan riqueza, más que un agente de florecimiento de masas.

A lo largo de la historia, muchas sociedades han practicado la esclavitud, pero ésta nunca ha provocado una revolución económica en ninguna sociedad preindustrial. Pero, por desgracia, la gente sigue confundiendo el enriquecimiento del tesoro nacional con el progreso individual. Como herramienta mercantilista, la esclavitud impulsó el tesoro nacional, aunque no logró engendrar una prosperidad generalizada.

La retórica de los medios de comunicación puede promover la narrativa de que la esclavitud conduce a la prosperidad económica, pero esta afirmación es meramente folclórica y fácilmente refutada por el pésimo historial económico de Dahomey. En la actualidad, Dahomey, ahora llamada Benín, tiene una mísera renta per cápita de 1.428 dólares, según el Banco Mundial. Dahomey fue uno de los actores africanos más destacados en el comercio de esclavos, así que si el comercio de esclavos es una vía potencial de riqueza, ¿por qué es tan pobre hoy?

A pesar de la potencia de la retórica dominante de que la esclavitud está vinculada a la prosperidad económica, los estudios muestran sistemáticamente una relación negativa entre la esclavitud y el desarrollo. Tampoco hay que creer en la patraña de que la riqueza de Europa dependía de la esclavitud. Los países europeos ya se estaban modernizando antes de participar en la trata de esclavos y en la esclavitud atlántica.

Además, el éxito de la economía atlántica debe atribuirse a la ventaja institucional y de capital humano de las economías europeas. Los europeos crearon empresas comerciales, seguros y otras innovaciones para supervisar el negocio de la explotación. De ahí que quienes sostienen que la esclavitud construyó Europa estén identificando erróneamente los canales que condujeron al crecimiento.

La esclavitud es un ejemplo clásico de lo que el economista Douglas North llama un orden social cerrado. En estos sistemas, las oportunidades son limitadas y los privilegios se distribuyen entre unos pocos. Las sociedades esclavistas privan naturalmente de derechos a los esclavos y a las personas que son demasiado pobres para adquirir bienes muebles. Los esclavos rara vez están expuestos a la educación o se les da las herramientas para tener éxito y, como la mayoría de las políticas favorecen a la aristocracia esclavista, los no esclavistas están en desventaja.

Además, es poco probable que las sociedades esclavistas inviertan en la alfabetización de las masas, las instituciones cívicas y el sector industrial. Dado que las élites económicas obtienen la mayor parte de su riqueza de la esclavitud, no están motivadas para financiar innovaciones en otros sectores de la economía y, debido a su influencia política, los esclavistas pueden bloquear las reformas que les privan de beneficios. El vínculo negativo entre la esclavitud y los resultados sociales ha sido un hecho persistente en la investigación económica, en contra de la propaganda dominante.

Un estudio realizado en Brasil revela que, incluso treinta años después de la abolición, los municipios con una historia de esclavitud a gran escala seguían teniendo peores resultados sociales, medidos por las tasas de alfabetización, los salarios y la disponibilidad de recursos públicos. La investigación a largo plazo también revela que en Brasil la intensidad de la esclavitud histórica predice niveles más altos de igualdad de ingresos y educación y peores instituciones públicas. En Colombia, la investigación pinta un cuadro igualmente horrendo de los efectos de la esclavitud. Un estudio de 2012 realizado por Daron Acemoglu y sus coautores afirma que «la presencia histórica de la esclavitud está asociada a un aumento de la pobreza y a una reducción de la matriculación escolar, la cobertura de vacunación y la provisión de bienes públicos».

Por otra parte, en la América del siglo XIX, el Norte de EEUU era más productivo e innovador que el Sur productor de esclavos. Sin embargo, a pesar de la importancia de la esclavitud para la economía del Sur, tras la abolición, el Sur siguió prosperando, lo que sugiere que la esclavitud no es una condición necesaria para el progreso económico. De hecho, la afirmación de que la esclavitud inauguró un periodo de dinamismo económico en Occidente o en cualquier otro lugar es inexacta. Además, hay que señalar que las economías no occidentales dependían más de la esclavitud

La abolición de la esclavitud en lugares como Ibadan y entre el pueblo Igbo alteró gravemente la sociedad. A diferencia de los países occidentales que practicaban la esclavitud, estas sociedades tenían menos posibilidades de diversificación económica. Sus economías estaban íntimamente relacionadas con la esclavitud y existían pocas industrias que pudieran sustituir la institución de la esclavitud. Por ello, aunque la esclavitud no les hizo ricos, obtuvieron una mayor proporción de riqueza de la institución que sus pares occidentales.

En el actual clima de histeria, los guardianes intelectuales repiten con frecuencia la afirmación de que la esclavitud es un motor de prosperidad, pero esta noción no está respaldada por pruebas empíricas rigurosas y repetirla nunca la convertirá en verdad.

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Lipton Matthews is a researcher, business analyst, and contributor to Merion West, The Federalist, American Thinker, Intellectual Takeout, mises.org, and Imaginative Conservative. Visit his YouTube channel, with numerous interviews with a variety of scholars, here. He may be contacted at lo_matthews@yahoo.com or on Twitter (@matthewslipton).

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