Power & Market

El liberalismo según Mises: una receta de libertad para hoy y para mañana

En 1927, el economista austriaco Ludwig von Mises publicó un breve libro titulado Liberalismo: la tradición clásica. Era una época en la que el capitalismo de libre mercado se veía atacado por todos lados. El socialismo se había implantado en la Unión Soviética. Los líderes bolcheviques Lenin, Trotsky y Stalin estaban ganando admiradores incluso entre los intelectuales occidentales.

La variante marxista del socialismo no era la única amenaza. El liberalismo se vio desafiado en Europa por el PNF de Mussolini y el NSDAP de Hitler, cuyas políticas identitarias sustituyeron el antagonismo basado en la «clase» por el de la «nación» y la «raza». Muy pronto, una crisis empujaría incluso a los Estados Unidos a pasar de la libre empresa al intervencionismo económico bajo los mandatos de Hoover y FDR.

En esa época, cuando los principios de Adam Smith estaban siendo descartados por considerarse anticuados tanto en la política como en el ámbito académico, Mises se propuso responder a una pregunta sencilla: ¿Qué permite a las personas vivir en paz y alcanzar la prosperidad? Su respuesta fue el «liberalismo» en su sentido clásico: una filosofía centrada en la propiedad privada, la igualdad de derechos, un gobierno limitado y el libre comercio.

Mises argumentó que estas ideas no son un conjunto de preferencias personales inconexas. Partiendo del derecho humano fundamental a la propiedad adquirida de manera justa, forman un sistema que genera tanto armonía como opulencia. La propiedad privada de los medios de producción es el fundamento del orden liberal, ya que permite a los individuos tomar decisiones económicas de manera independiente.

Si tengo derechos de propiedad seguros sobre mí mismo, mi trabajo, mi hogar, mi tierra, mi dinero y mi negocio, soy libre de elegir qué producir, cómo hacerlo y para quién. Puedo tomar decisiones autónomas sobre cómo disponer de las cosas que me pertenecen: consumirlas, venderlas, alquilarlas, ahorrarlas, invertirlas, donarlas a una causa que apoyo o legarlas a mi cónyuge e hijos.

El orden económico liberal, también conocido como capitalismo, se basa en esas decisiones voluntarias para crear un sistema descentralizado de cooperación. Miles de millones de personas coordinan sus actividades a través de las señales de los precios de mercado sin saber nada unas de otras. Al panadero no le tiene que caer bien el agricultor. Cooperan porque cada productor tiene algo que ofrecer al otro.

Solo el capitalismo puede canalizar nuestro interés propio para generar una división racional del trabajo a una escala mayor que la de una pequeña aldea. Nuestra prosperidad sin precedentes proviene de la capacidad de producir millones de productos para personas a las que nunca conoceremos. El capitalismo es un sistema en el que las personas compiten por el derecho a cooperar a través del intercambio al servicio de sus clientes.

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