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A pesar de la amplia oposición en el Congreso, la política de EEUU hacia la guerra en Yemen no cambia

Los miembros del movimiento antiguerra están acostumbrados a las decepciones en este entorno de militarismo de larga data, pero ésta realmente escuece. Hasta mediados de diciembre, muchas organizaciones de base habían ejercido una fuerte presión para instar al Congreso de EEUU a que invocara la Resolución sobre Poderes de Guerra y pusiera fin al apoyo militar a la guerra de Yemen. Había grandes esperanzas de que América pusiera fin a este terrible conflicto.

Ese impulso se desvaneció justo una semana antes de que el Congreso entrara en receso por las vacaciones de invierno, cuando el senador Bernie Sanders retiró su llamamiento sobre el asunto a última hora, poco antes de que fuera a someterse a votación en el Senado, debido a que la Casa Blanca de Biden expresó su oposición. Esto demuestra que las voces de la razón pueden llegar hasta un susurro de los pasillos del poder, pero el atronador bramido del imperio sigue dominando la sala.

Esfuerzos populares ante una crisis acuciante

En los meses previos a la votación prevista en el Senado, más de cien organizaciones, entre ellas The Friends Committee on National Legislation (FCNL), Demand Progress, Just Foreign Policy, Concerned Vets for America, Defense Priorities Initiative, Bring Our Troops Home y el Quincy Institute for Responsible Statecraft se unieron para hacer saber a los legisladores que un número significativo de americanos quieren que los EEUU deje de apoyar la campaña liderada por Arabia Saudí en Yemen, el país más pobre de la región de Oriente Próximo que lleva años sufriendo bajo la guerra y el bloqueo. La Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas (OCHA) calcula que un cuarto de millón de personas han muerto a causa de la violencia, las enfermedades y el hambre.

Ciertamente, la guerra de Yemen es uno de los conflictos más complejos de entender, ya que implica a una miríada de grupos enfrentados y a la intervención extranjera. Esta resolución habría puesto fin a la participación de EEUU en las hostilidades contra los rebeldes hutí, enfrentados al gobierno yemení.

Sin embargo, no afectaría a las operaciones contra Al Qaeda y sus afiliados en el país, un conjunto de problemas totalmente diferentes, ya que los EEUU ayudó anteriormente a los hutíes a atacar a Al Qaeda en Yemen, pero luego cambió de bando y se opuso a los hutíes en apoyo de la política exterior de Arabia Saudí. Esto se produjo tras la firma por parte de los EEUU de un acuerdo nuclear con Irán, incluso cuando funcionarios de la administración Obama reconocieron que el conflicto sería «largo, sangriento e indeciso».

Apoyo bipartidista para acabar con la guerra

Tras muchos años de enfrentamientos entre las múltiples facciones y las penurias de la crisis humanitaria, un alto el fuego mediado por las NU estuvo en vigor durante seis meses hasta que expiró en octubre de 2022. Con el alto el fuego como telón de fondo y las cambiantes realidades geopolíticas, el Congreso de EEUU aunó esfuerzos bipartidistas para activar la Resolución de Poderes de Guerra sobre la implicación de EEUU en la guerra. Este sería su segundo intento después de que el primer proyecto de ley patrocinado por los senadores Sanders, el Demócrata Chris Murphy y el Republicano Mike Lee fuera vetado por el presidente Donald Trump en 2019.

Para los Demócratas, la oposición al papel de los EEUU en Yemen coincide directamente con las opiniones del partido y de los principales funcionarios de Biden, que se opusieron al veto del presidente Trump en el primer uso de la Resolución de Poderes de Guerra en la guerra de Yemen. Para los Republicanos, esta campaña contra los hutíes fue culpa del presidente Demócrata Obama, que lanzó el apoyo de los EEUU al bando de Al Qaeda en el conflicto. Aunque poner fin al papel de América en la guerra goza de popularidad en todos los sectores políticos y entre la población, eso no parece ser suficiente para interponerse en el camino de los motivos imperiales americanos.

Intereses del Imperio

El giro de la administración Biden en contra de poner fin al apoyo a la campaña liderada por Arabia Saudí en Yemen obedece en gran medida a consideraciones geopolíticas. Las relaciones entre los EEUU y Arabia Saudí se han agriado en los últimos tiempos por desacuerdos sobre la producción de petróleo y la política iraní. El reino se ha vuelto hacia China, uno de los principales adversarios de los EEUU, en busca de una futura colaboración.

Aunque no abandona por completo la larga relación con Washington, Arabia Saudí está considerando rápidamente las ventajas de diversificarse hacia China en este nuevo orden mundial multipolar. Riad ha organizado recientemente una cumbre con China y otros Estados del Golfo para estrechar lazos en sus asociaciones estratégicas. En esta era de competencia cada vez más feroz con China, Washington está manteniendo a todos sus aliados lo más cerca posible atendiendo a los dirigentes, aunque la realidad es que Arabia Saudí es aquí el Estado cliente del imperio mundial de los EEUU.

Las lucrativas implicaciones comerciales para los fabricantes de armas de los EEUU se sitúan en el centro de la toma de decisiones del imperio americano sobre la implicación en Yemen. De hecho, los esfuerzos de cabildeo de Lockheed Martin, Boeing y Raytheon condujeron al veto de Trump al primer intento de poner fin a la participación de EEUU en el conflicto. El beneficio financiero mutuo de la industria de defensa con Washington ejemplifica la noción de que la guerra es la salud del Estado.

Todo ello se traduce en un sentimiento de resignación ante la oportunidad de poner fin a una de las intervenciones de América en el extranjero, arrebatada por la mano del imperio en el último momento. Tal vez la votación vuelva a plantearse en Washington en algún momento. Mientras tanto, el pueblo yemení se adentra en otro nuevo año de terror a medida que se desvanece la luz al final del túnel.

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