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Los banqueros centrales son malos arqueros: los problemas y fracasos de los objetivos de inflación y la estabilidad de precios

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Etiquetas Bancos centralesPolítica económicaLa FedInflación

01/03/2023

La famosa frase «Locura es hacer lo mismo una y otra vez y esperar resultados diferentes» suele atribuirse a Albert Einstein. Aunque pretendía ser una parábola de la locura cuántica, dicha cita podría ser igualmente una parábola de la política de inflación. Con el Banco de Inglaterra y la Reserva Federal tratando de mantener los tipos objetivo en el 2%, la tasa de inflación del Reino Unido sólo ha bajado del 11,1% al 10,7%. Teniendo en cuenta que la inflación sigue siendo excepcionalmente alta, puede que haya llegado el momento de reconocer los problemas de las políticas de objetivos de inflación.

El Reino Unido empezó a fijar objetivos de inflación como política monetaria en 1992 con el fin de mantener un nivel previsto de inflación para la futura planificación económica, el reconocimiento persistente de la tasa de inflación y el mantenimiento de la estabilidad de precios. Sin embargo, los objetivos de inflación plantean muchos problemas. Es importante comprender plenamente los problemas de los objetivos de inflación y definir la inflación de forma más exhaustiva. La definición común de inflación es un aumento general del nivel de precios; sin embargo, esta definición no aborda la causa de la inflación y sólo se ocupa del efecto.

La inflación siempre ha sido un aumento excesivo de la oferta monetaria que provoca una depreciación del poder adquisitivo (valor real) del dinero. Esta definición explica mejor la causa de la inflación, ya que el efecto de una política inflacionista es un aumento general de los precios. Los precios no subirán de manera uniforme, ya que las personas demandan bienes diferentes en cantidades y plazos distintos, y algunos bienes son más inelásticos a la demanda que otros.

Utilizar la definición común de inflación es ignorar que el nivel general de precios puede cambiar debido a la escasez de algún bien utilizado en múltiples períodos y procesos de producción. Como afirma Nicolás Cachanosky, profesor asistente de economía de la Metropolitan State University, «definir la inflación describiendo un movimiento de una variable que puede tener múltiples razones invita a la confusión. Esta confusión puede llevar eventualmente a errores en la política monetaria. Más acertado sería definir la inflación por su causa y no por su efecto». Una política de objetivos de inflación simplemente proporciona una tasa de inflación positiva durante un periodo de tiempo prolongado y constante; esto se conoce también como inflación secular. Teniendo en cuenta una definición de la inflación centrada en la causa más que en el efecto, así como la depreciación del poder adquisitivo, vemos que una política de objetivos de inflación (inflación secular) conduce a un plazo más corto para la utilidad del dinero (fecha de caducidad del dinero).

Para explicar la fecha de caducidad del dinero, supongamos que un individuo tiene dos libras esterlinas. Supongamos que este individuo, llamado A, ahorra el 50 por ciento de cada libra que gana; A gastará una libra y ahorrará una libra. Con una política de objetivos de inflación del 2 por ciento, la libra que A ahorra verá depreciado su valor a noventa y ocho peniques al cabo de un año. Para mantener el mismo nivel de poder adquisitivo y el mismo valor real de sus ahorros, A deberá ganar dos peniques más por libra el año que viene. Debido a este objetivo de inflación anual del 2%, dentro de dos años, A tendrá que ganar cuatro peniques más por libra para mantener el mismo valor real o correrá el riesgo de que su dinero valga noventa y seis peniques por libra.

Debido a la naturaleza de la preferencia temporal individual, por la que las personas tienden a preferir el consumo actual al consumo futuro, es probable que A altere sus preferencias de consumo hacia el consumo actual. Esto es especialmente cierto si A considera que el coste de oportunidad de no consumir hoy es no poder consumir tanto el año que viene porque el valor real de su dinero ha bajado. Esto llevaría a A a reducir su tasa de ahorro a treinta peniques por cada libra y a aumentar su tasa de consumo a setenta peniques por cada libra.

En última instancia, esto hace que la velocidad del dinero aumente y que la demanda de mantener dinero disminuya a medida que circula el exceso de dinero. En consecuencia, esto conduce a un nivel artificialmente alto de consumo, a una falta de ahorro y a la finalización del efecto de la inflación (una subida general de los precios). Aunque muchos economistas austriacos no consideran que la velocidad sea un concepto útil, la velocidad del dinero es simplemente una medida del ritmo al que se gasta el dinero en toda la economía. Es difícil negar que, si la velocidad fuera cero (nadie gasta nada), el efecto general de subida de precios de la inflación cesaría.

¿Y el objetivo de la estabilidad de precios? ¿No es deseable tener precios estables? La respuesta tiene que ver con el hecho de que los objetivos de inflación fracasan cuando se producen grandes perturbaciones de la oferta, como un aumento de la productividad. De hecho, estas medidas de estabilidad de precios, a través de los objetivos de inflación, proporcionan señales erróneas sobre el valor de los esfuerzos empresariales y enmascaran las ganancias reales de productividad.

Los bancos centrales tratan de combatir la deflación, ya que la mayoría de los economistas creen que la deflación es negativa para la economía. Un bien de consumo que baja de precio aquí o allá no es un problema, pero cuando todos (o la mayoría) de los bienes bajan de precio, es un signo de depresión económica.

En el Reino Unido, de marzo de 2014 a diciembre de 2015, los precios al consumo y al productor cayeron de forma constante, lo que seguramente habría sido considerado por el Banco de Inglaterra como una depresión de veintidós meses. A continuación se muestra el índice de precios al consumidor (IPC), de marzo de 2014 a diciembre de 2015. En un periodo de veintidós meses, el IPC cayó aproximadamente un 67%.

Fuente: Datos de la OCDE (Inflación [IPC], consultado el 22 de diciembre de 2022).

En el mismo periodo de veintidós meses, el índice de precios al productor (IPP) cayó un 5%.

Fuente: Datos de la OCDE (Índices de Precios al Productor [IPP], consultados el 21 de diciembre de 2022).

Sin embargo, si se observan las variaciones mensuales del producto interior bruto (PIB) durante el mismo periodo de veintidós meses, la economía no estaba deprimida. De hecho, el PIB aumentó gradualmente.

Fuente: D. Clark, «Índice Mensual del Producto Interior Bruto del Reino Unido de enero de 1997 a octubre de 2022» (conjunto de datos), 12 de diciembre de 2022, Statista.

Las líneas de puntos representan la progresión del IPC, el IPP y el PIB. El IPC y el IPP muestran un descenso gradual, pero, en lugar de caer el PIB, la economía en realidad creció. Los objetivos de inflación y las políticas de estabilidad de precios ocultan los cambios reales en la productividad. Al tratar de mantener los precios nominales en un nivel estable, los cambios reales en la productividad, tanto negativos como positivos, quedan amortiguados o totalmente ocultos.

La estabilidad de precios y las tasas de inflación positivas no deberían ser los objetivos de las autoridades monetarias, ya que tales políticas crean inestabilidad financiera. Los precios deberían fluctuar para reflejar la productividad de las distintas industrias, la economía y la asignación eficiente (o ineficiente) de los recursos. En su lugar, las autoridades monetarias deberían tratar de mantener una oferta monetaria estable. Esta norma, que aspira a lograr el equilibrio monetario y la estabilidad financiera, ha existido en el pasado. Por desgracia para el Reino Unido, la Ley Peels de 1844 puso fin a esa situación. El futuro es (y siempre será) la inflación.

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