Por William L. Anderson. (Publicado
el 2 de febrero de 2007)
Traducido del inglés. El artículo
original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/2464.
En respuesta a las “crisis energéticas” creadas por el
gobierno que hemos experimentado en los últimos años (más sobre su gestación de
la “crisis” más adelante), el Congreso, los tribunales y el poder ejecutivo del
gobierno de EEUU se unen en su creencia de que los futuros de la energía deben
ser futuros administrados. Cualquier
pretensión que haya mostrado la administración republicana respecto de un libre
mercado en la energía, ha desaparecido en medio de una tormenta de subvenciones
y retórica. De hecho, parece que la carrera real es por ver qué partido
político puede ofrecer el tipo de energía más estatalizado.
Como parte de su ataque de 100
horas, el nuevo Congreso controlado por los demócratas ha
anunciado que quiere ver precios de combustible más bajos forzando al alza
los precios del combustible. No es una errata. El Congreso busca cargar al
sector petrolífero con 15.000 millones de dólares en nuevos impuestos, tasas y
otras medidas punitivas; al mismo tiempo, los miembros del Congreso nos dicen
que como consumidores “merecemos” precios más bajos en la gasolina. Así es como
funciona este sinsentido de forzar los precios al alza para conseguir precios
más bajos:
- El Congreso obliga a subir las tasas para petróleo
y gas extraídos de tierras de propiedad pública;
- El Congreso impone una tasa de “conservación de
recursos” de 9$ por barril sobre el petróleo y de 1,25$ por millón de BTU
sobre el gas natural, para la producción en el Golfo de México mientras
los precios permanezcan por encima de los 34,73$ por barril para el
petróleo y los 4,34$ por millón de BTU para el gas;
- El Congreso aumenta los impuestos a las compañías
energéticas.
Como dice Charles Rangel, el nuevo
presidente del Comité de Formas y Medios de la Cámara: “Estamos echando atrás
las subvenciones a la grandes petroleras para invertir en energías alternativas
y encontrar soluciones a los problemas energéticos de nuestra nación”. Y
mientras la nueva Presidenta de la Cámara Nancy Pelosi promete que todos estos
nuevos ingresos irán a un fondo para promover energías alternativas, hasta
ahora las 100 horas no han producido ninguna legislación de ese tipo. Tal vez
deberíamos esperar que el dinero se gaste en otras cosas.
Antes de ocuparnos de lo que el
Congreso ve como nuestra “energía futura”, tal vez sería bueno examinar la
próxima legislación para entender el daño real que infligirá. Hubo un tiempo en
que el Congreso se acostaba con el lobby petrolífero, pero ahora que el
Congreso quiere darnos energías “alternativas”, uno espera que alguien caliente
de nuevo esas sábanas.
El asunto de las tasas debería
gustar a todos los defensores del libre mercado. Primero, y lo más importante,
el gobierno no debería estar en el negocio de arrendar terreno que las compañías petrolíferas deberían
poseer. La propiedad cambia la ecuación para el cálculo económico y uno puede
estar seguro de que las petroleras se comportarían de forma distinta con
terrenos propios, frente al arrendamiento del estado, algo que apunté en un artículo sobre la Reserva
Nacional de Vida Salvaje del Ártico hace cinco años.
Segundo, las petroleras no están
incumpliendo ningún contrato: el gobierno quiere reescribirlos como medida
punitiva:
- Políticos de ambos partidos han expresado su enfado
ante el rechazo de las empresas petroleras y gasísticas en revisar los
arrendamientos de 1998-99 que fueron firmados sin una provisión que
requiriera pagos de tasas si aumentaran los precios del petróleo y el gas,
como se ha hecho en años recientes.
- Los auditores del Congreso han dicho que el
gobierno ha perdido ya unos 2.000 millones de dólares en tasas y podría
perder hasta 10.000 a lo largo de la vida de los arrendamientos a causa
del error.
- La propuesta “se ocupará del defectuoso sistema de
tasas, dijo el representante Nick Rahall, demócrata de Virginia
Occidental, presidente del Comité de Recursos Naturales, añadiendo que
“pondrá de nuevo esos derechos de pago (perdidos en tasas) donde
corresponden: en el Tesoro federal”.
Difícilmente podemos culpar a la
empresas petroleras por lo querer reescribir los contratos que ahora operan a
su favor, especialmente dada la volatilidad de los precios del petróleo, que
pueden bajar tan fácilmente como suben. Además, si tengo que elegir entre
aumentos en los “ingresos” públicos frente a aumentos en la rentabilidad de las
empresas privadas, elegiré siempre la rentabilidad, ya que crea más resultados
positivos.
Sin embargo, la idea de que el
gobierno está “perdiendo” dinero que nunca tuvo y por el que nunca contrató no
es exactamente una pérdida. Es como si yo dijera que como no he renegociado a
la baja mi contrato con mi empresa, estoy haciendo que la Universidad de
Frostburg State esté “perdiendo dinero”. Esa explicación es una tontería.
La “tasa de conservación de
recursos” es otro nombre inapropiado. Por el contrario el propósito es
desincentivar a las empresas a sacar petróleo de la tierra… o a comprarlo
fuera, ya que el gobierno de EEUU nunca ha encontrado una muy buena manera de
gravar a la gente de otros países por el petróleo que producen. (EEUU
simplemente invade algunos de esos países, lo que supongo que puedo suponer que
es una forma de gravamen. Una invasión indudablemente puede verse como una
medida sancionadora y este Congreso parece querer sancionar a cualquiera que se
dedique al negocio del petróleo).
Es seguro que una “tasa” así haría
menos viable a las petroleras invertir en pozos nacionales, suponiendo, en la
práctica, un oneroso impuesto de al menos el 20% a los precios actuales.
Además, la idea de el Congreso deba desalentar el uso de combustibles fósiles
es dar la vuelta a la lógica económica, aunque no puedo recordar ningún momento
en el que el Congreso haya seguido una lógica económica en años recientes, así
que aunque estoy desilusionado, apenas me sorprende este último estallido de
ignorancia económica.
Además, la idea de castigar a las
petroleras porque son rentables es más que dar la vuelta a la lógica económica.
Como he apuntado en otro lugar, los
beneficios no son la causa de los altos precios. Los beneficios se
producen, como ha apuntado Murray Rothbard, a causa de factores de producción
temporalmente a bajo precio.En el caso del petróleo y la gasolina, el precio de
los productos subió rápidamente (más rápidamente de lo que lo hicieron los
precios que las empresas petrolíferas pagaron por distintos factores, lo que
hizo que las empresas obtuvieran grandes beneficios, pero muy temporales).
Si el Congreso trata de hacer las
empresas petrolíferas no sean rentables, eso significará menos gasolina (y
precios más altos) en el futuro. Además, los grandiosos planes energéticos que
siempre parecen venir de Washington no tienen éxito ni pueden tenerlo. El socialismo no puede superar a la empresa
privada sin que importe el tipo de retórica que nos ofrezcan los políticos.
Ahora mismo, el nuevo Congreso no
puede hacer nada mal, al menos hablando políticamente. Aún así, la ventisca de
legislación anti-energía que está llegando de este cuerpo legislador es de mal
agüero y hará un daño económico real si las propuestas se convierten en leyes.
Además, con algunos en el Congreso pidiendo leyes sobre precios excesivos, uno solo puede
esperar que no veamos una repetición de la locura energética de la década de
1970 con escaseces, largas colas y caos en los mercados.
Al desalentar la producción y uso
del petróleo, el Congreso y sus aliados insisten en que nos están haciendo un
favor. Creen que el etanol y otras energías “verdes” futuras son el camino a
seguir, aún así la única forma de pagarlas es pagando más impuestos para
financiar estos grandes subsidios que requieren estas industrias. Así que nos
dejan con la perspectiva de un Congreso obligándonos usar menos combustibles
fósiles (que eficaces en costes y eficientes) y reemplazar esos combustibles
por otros aprobados por el gobierno, que son prohibitivamente caros e
ineficientes. Y el Congreso al final nos dice que esas disposiciones nos
interesan económicamente.
William Anderson es investigador
adjunto del Instituto Mises y enseña economía en la Universidad de Frostburg
State.