Por Robert Higgs (Publicado el 15 de septiembre
de 2011)
Traducido del inglés. El artículo original
se encuentra aquí: http://mises.org/daily/5641.
Comentaristas y expertos, algunos de los cuales
tendrían que saber más, continúan con la cantinela de la idea de que la
recesión persiste porque los consumidores no gastan. Todo keynesiano parece
creer que como los consumidores tienen un terrible desánimo, solo el estímulo
del gobierno puede rescatar a la moribunda economía, dado que (al menos, para
ellos) los inversores no gastarán más porque la Fed, habiendo ya llevado los
tipos de interés a niveles extraordinariamente bajos, no pueden usar políticas
convencionales para rebajarlos aún más y así provocar más gasto en inversiones.
Por favor, miren los datos. Están
fácilmente disponibles para todos y cada uno en el sitio web
mantenido por la Oficina de Análisis Económico del Departamento de Comercio, la
organización que genera las cuentas de renta y producto nacional de Estados
Unidos.
De acuerdo con estos datos, el gasto real
en consumo personal se recuperó de su caída tras la recesión en el cuarto
trimestre de 2010. Continuando con su crecimiento, está ahora (con los datos
más recientes, del segundo trimestre de 2011) incluso por encima de su máximo
previo a la recesión.
El gasto público real en consumo e
inversión (este concepto no incluye las transferencias del gobierno, como
prestaciones del seguro de desempleo y de la seguridad social) también está más
alto que su nivel previo a la recesión. En el segundo trimestre de 2011 se
encontraba más de un 2% más alto (recordemos que es gasto “real” o ajustado a
la inflación; el gasto nominal ha crecido sustancialmente más).
La economía sigue moribunda no porque el
gasto en consumo no se haya recuperado y tampoco porque el gasto público haya
dejado de aumentar, sino porque el verdadero motor del crecimiento económico
(la inversión privada) continúa profundamente deprimido. La inversión fija
doméstica privada bruta cayó constantemente tras el segundo trimestre de 2007 y
en el segundo trimestre de 2011 permanecía un 19% por debajo de su máximo
anterior. Sin embargo, esta cifra no muestra lo mala que es realmente la
situación, porque la mayoría del gasto inversor que tiene lugar ahora mismo es
lo que los contables llaman la “asignación para el consumo de capital”, la
cantidad estimada como necesaria para compensar el desgaste natural y la
obsolescencia de las existencias de capital.
La variable clave es la inversión fija
doméstica privada neta: la inversión que crea las existencias de capital
privado productivo. Los datos trimestrales a lo largo de este año no están aún
disponibles en el sitio web de la BEA, pero los datos anuales muestran que un
índice de su cantidad real hizo máximo en 2006, cayó sustancialmente en cada
uno de los siguientes tres años y se recuperó solo ligeramente en 2010, cuando
el índice mostraba que la inversión fija doméstica privada neta se encontraba
alrededor de un 78% por debajo de su nivel en 2005 y 2006. He aquí la verdadera
razón de la persistencia de la recesión.
Los inversores privados, a pesar de la
completa recuperación del gasto real del consumo y el aumento de gasto público
real en bienes y servicios finales, siguen aprensivos acerca del futuro de las
nuevas inversiones, especialmente nuevas inversiones a largo plazo. He
argumentado repetidamente durante los pasados tres años que una razón importante
para esta aprensión y la consiguiente
reticencia a comprometer más capital es la incertidumbre del régimen (en este
caso, un miedo extendido y serio a que las grandes políticas del gobierno en
áreas como impuestos, Obamacare, reforma financiera, regulación medioambiental
y otras áreas tengan el efecto de privar a los inversores de control sobre su
capital o disminuyan su capacidad de apropiarse las rentas que genere el
capital). La cantinela del Presidente Obama sobre lo deseable que sería hacer
que “los ricos” pagaran su “justa porción” (es decir, más) de los siempre
crecientes costes del gobierno solo exacerba la incertidumbre de régimen. Los
líderes empresariales han hablado una y otra vez de cómo el entorno político
actual no anima a la toma de riesgos y el emprendimiento.
En todo caso, debería estar clarísimo que
el problema para la recuperación no es la falta de gasto de los consumidores.
Por favor, tengamos más respeto por los hechos que continuar cantando esa vieja
tonada completamente gastada.
Robert Higgs es socio distinguido en
economía política en el Independent Institute y editor de The
Independent Review. En 2007 recibió el premio Gary G. Schlarbaum por una
vida dedicada a la causa de la libertad.
Este artículo se publicó originalmente en
Independent.org el 9 de septiembre de 2011.