La supuesta farsa de la publicidad

Por Jeremiah Dyke. (Publicado el 2 de abril de 2010).

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/4207.

                         

Una perniciosa idea que irradia los círculos políticos es que la publicidad es un desperdicio de recursos. Las mentes estrechas creen que entre las profundas deficiencias de la competencia y el capitalismo se encuentra el gasto innecesario en marketing de los consumidores.

¿Por qué personas por lo demás inteligentes creen en influencias tan crueles como para pervertir sus juicios políticos? ¿Podría ser simplemente que estas minas antipersona las pongan mentes dormidas? ¿O las ideas del libre mercado son simplemente demasiado trabajosas?

¿Por qué habría que aumentar los costes de producción creando cancioncillas tontas para anuncios en radio y televisión? ¿Por qué no podemos simplemente dejar que la competencia se base en el mejor producto en lugar de en el mejor marketing? Superficial e intuitivamente estos argumentos parecen tener valor, pero un observador más prudente distinguiría su falsedad. De hecho, decir que aumentar el marketing aumenta los precios es, como mínimo, ingenuo.

Por ejemplo, ¿qué otros factores afectan al coste de producción y por qué métodos puede hacerse que bajen los precios de producción? Aparte de aumentos en la eficiencia de la producción, una de las formas más simples de rebajar los costes de producción es simplemente producir más. Así, mediante la especialización las empresas pueden rebajar los costes por unidad aumentando la cantidad de unidades producidas. Aún así, ¿cómo va a aumentarse el volumen de producción sin el uso de marketing? Más importante, ¿cómo se puede querer producir en grandes cantidades sin publicitar las grandes cantidades producidas?

Por tanto, es probable que los costes de publicidad puedan disminuir los precios por unidad, pues realmente esa publicidad puede permitir a la empresa producir más cantidad.

Quizá aquí nuestros compañeros activistas podrían argumentar que si los individuos buscan un producto en el mercado, no hay necesidad de emitir cancioncillas tontas, ¡simplemente véndales el mejor producto! Además, al invertir en publicidad, una compañía, por definición, no está invirtiendo en su producto.

No ocuparemos de estos argumentos uno a uno.

Sustitutivos y conciencia de producto

Decir que las personas que acuden al mercado a por un producto no necesitan una publicidad tonta, sino el mejor producto, es pasar por alto las consecuencias económicas de los sustitutivos. Por ejemplo, un individuo puede acudir al mercado por un ordenador portátil, pero esta demanda puede cubrirse con la compra de un laptop, una PDA, un teléfono móvil, un móvil/PDA o muchos otros productos, dependiendo del uso para el que sirva el producto.

Además, como escribió Ludwig von Mises en La acción humana,

“El consumidor no es omnisciente. No sabe dónde puede obtener lo que está buscando al precio más bajo. Muy a menudo ni siquiera sabe qué tipo de material o servicio es apropiado para eliminar más eficazmente la incomodidad que quiere eliminar”.

Por tanto, en este aspecto, la publicidad ofrece conciencia de producto, además de promoción del mismo.

Promoción del producto

Aún así, ¿qué tiene de malo el arte de la promoción del producto? De hecho, como individuos nos autopublicitamos todos los días.

¿Aplicaríamos la lógica antipublicidad a las interacciones románticas humanas? ¿Deberíamos quedarnos al margen y dedicar todos nuestros esfuerzos a la autopreservación y al atractivo personal y luego dejar que el sexo opuesto elija el mejor producto? Éste sería el razonamiento de los antipublicidad. ¡Sólo miremos los recursos que estamos desperdiciando anunciando el hecho de que estamos solteros y buscando pareja, en lugar de centrar nuestras energías en simplemente aumentar nuestro aspecto!

Pero esperen, ¿qué pasa si tomamos una pequeña parte de nuestro trabajo, a costa de nuestro atractivo y promocionamos nuestra disposición a ser adquiridos por el sexo opuesto? ¿No beneficiaría a ambas partes esta autopublicidad?

Para la mayoría de la gente, este tipo de autopromoción parece de sentido común. ¡Pero para la lógica de los antipublicidad, es una idea ridícula!

Confianza

Adicionalmente, la publicidad desempeña el papel de un mecanismo de confianza. Pensemos en cómo la publicidad existía antes de las bien conocidas tiendas de hoy. Los carteles pueden remontarse  hasta la antigua Roma, aunque en la ausencia de áreas rurales y grandes expositores (dada la gran visibilidad de los carteles) la forma más común de publicidad era el boca a boca. Debemos “poner pomada en la herida” o “sorber el veneno de esa picadura de serpiente” si queremos curarnos. Hay muchas ineficiencias en la publicidad boca a boca, pues el coste de ofrecer ese consejo es mínimo.

Los esquemas piramidales actuales ofrecen ideas para las ventas en ausencia de publicidad. Aquí los individuos pueden explotar la confianza de los consumidores porque la inversión inicial para adquirir esta confianza es mínima.

Ahora comparemos esta publicidad boca a boca con una compañía que hace una gran inversión inicial para promover un producto inferior. Esa empresa debe estar dispuesta a operar bajo un timo caro y precario. Debe estar dispuesta a jugársela en un gran y constante timo con la posibilidad de perder grandes sumas de su propio dinero. En la mayoría de los casos, simplemente es un juego al que no merece dedicar tiempo. E incluso esos parásitos que pugnan por el papel del siguiente Bernie Madoff deben por tanto prever un consumidor nuevamente receloso, previamente escamado por esas estafas. Así que debe prever una inversión mucho mayor de tiempo y dinero.

Por esto la promoción de productos está copada habitualmente con productos de calidad.

Escasez de tiempo

Por fin, como decía el gran gigante de la libertad Murray Rothbard, los consumidores están limitados por su tiempo. Para muchos consumidores, su tiempo es demasiado escaso como para encontrar el mejor producto. Cuando compro unos auriculares, no tengo ni el tiempo ni la disposición a mirar los 210 tipos de auriculares Sony, y mucho menos los de los otros más de 170 fabricantes de auriculares.

Por tanto, igual que la señal de estación de servicio en la autopista, la publicidad no sólo habla acerca del producto, también nos dice cómo es el producto de una forma eficiente, de tal forma que podemos continuar con nuestras ambiciones.

Conclusión

La publicidad no es en absoluto una estafa. Sin individuos sacrificando el nivel de perfección de un producto a cambio de un nivel de confianza en éste y una eficacia en tiempo que no puede conseguirse con la publicidad boca a boca.

Por tanto, ¡dejen de hacernos perder el tiempo publicitando su antipublicidad!

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Jeremiah Dyke es profesor de matemáticas y defiende los libres mercados y la libertad de elegir. Invita a quien quiera a contactarle si quiere realizar una tormenta de ideas.

Published Mon, Apr 12 2010 12:45 PM by euribe