Banca libre frente a expansión del crédito a gran escala

 

Por Ludwig von Mises. (Publicado el 12 de enero de 2010)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/4013.

[Extraído del capítulo 17 de La acción humana]

 

Observaciones sobre las discusiones relativas a la banca libre

La Escuela de Banca enseña que es imposible una emisión excesiva de billetes de banco si el banco limita su negocio a otorgar préstamos a corto plazo. Cuando el préstamo se devuelve a su vencimiento, los billetes vuelven al banco y así desaparecen del mercado. Sin embargo, esto sólo ocurre si el banco restringe la cantidad de créditos otorgados. (Pero aún así no eliminaría los efectos de su expansión crediticia previa. Simplemente le añadiría los efectos de una posterior contracción del crédito). El discurrir normal de las cosas es que el banco reemplaza las letras vencidas y lo devuelve descontando nuevas letras de cambio. Luego la cantidad de billetes eliminados del mercado por la devolución del préstamo previo corresponden a una cantidad de billetes nuevamente emitidos.

La concatenación que fija un límite a la expansión del crédito bajo un sistema de banca libre funciona de otra manera. No hay relación alguna con el proceso que tiene en mente el llamado Principio de Fullarton. Proviene del hecho de que la expansión en sí misma no expande la clientela del banco, es decir, el número de personas que asigna a los títulos contra este banco el carácter de sustitutivos del dinero. Como la sobreemisión de medios fiduciarios por parte de un banco, como se ha visto antes, aumenta la cantidad a pagar al aumentar los clientes bancarios en más gente, aumenta concomitantemente la demanda de amortización de sus sustitutivos del dinero. Así se fuerza al banco en expansión a contenerse.

Este hecho nunca se ha cuestionado en relación con depósitos a la vista sujetos a cheques. Es obvio que un banco en expansión se vería pronto en una posición difícil para liquidar con otros bancos. Sin embargo, la gente ha veces ha mantenido que las cosas son distintas en lo que se refiere a los billetes de banco.

Al ocuparse de los problemas de los sustitutivos del dinero, la cataláctica mantiene que los títulos en cuestión los utiliza un grupo de gente como dinero, luego, como el dinero, se dan y reciben en transacciones y se mantienen como existencias. Todo lo que afirma la cataláctica con relación a los sustitutivos del dinero presupone este estado de cosas. Pero sería absurdo creer que todo billete emitido por cualquier banco se convierta realmente en un sustitutivo del dinero. Lo que hace a un billete sustitutivo del dinero es el tipo especial de buena voluntad del banco emisor. La más pequeña duda referida a la capacidad o voluntad del banco de redimir todos los billetes sin retraso en cualquier momento y sin costes para el presentante afecta a esta especial buena voluntad y elimina el carácter del billete como sustitutivo del dinero. Podemos suponer que todo el mundo está, no sólo dispuesto a aceptar esos billetes cuestionables, sino que también los prefieren como pago en lugar de esperar más tiempo. Pero si existe cualquier duda respecto de su carácter principal, la gente se apresurará a librarse de ellos tan pronto como le sea posible. Mantendrá en sus existencias dinero y aquellos sustitutivos del dinero que considere completamente seguros y se deshará de los billetes sospechosos. Esos billetes se negociarán al descuento y este hecho los devolverá al banco emisor que es el único obligado a redimirlos a su valor facial completo.

Este asunto puede verse aún más claro revisando las condiciones bancarias en Europa continental. Aquí los bancos comerciales estaban libres de cualquier limitación referida a la cantidad de depósitos sujetos a cheques. Habrían estado en una situación de otorgar crédito circulante y así expandir el crédito adoptando los métodos aplicados por los bancos en los países anglosajones. Sin embargo el público no estaba dispuesto a tratar esos depósitos bancarios como sustitutivos del dinero. Como norma, un hombre que recibía un cheque lo cobraba inmediatamente, así que sacaba esa cantidad del banco. Era imposible para un banco comercial prestar, salvo sumas ínfimas, dando crédito a la cuenta del deudor. Tan pronto como el deudor firmaba un cheque, se producía una retirada de esa cantidad del banco. Sólo un pequeño grupo de grandes empresas empleaba los depósitos en el banco central emisor del país (no los de los bancos comerciales) como sustitutivos del dinero. Aunque los bancos centrales en la mayoría de estos países no estuvieran sometidos a ninguna restricción en relación con su negocio de depósitos, evitaron utilizarlos como un medio para la expansión del crédito a gran escala, porque la clientela de moneda en depósito era demasiado pequeña. Los billetes eran en la práctica el único instrumento de expansión del crédito y del crédito circulante. Condiciones similares prevalecieron y en su mayor parte siguen prevaleciendo por lo general en todos los países del mundo que están fuera de la pala de métodos bancarios anglosajones.

En los años 80 del siglo XIX, el gobierno austriaco inició un proyecto de popularización del pago en cheques, estableciendo un departamento de cuentas en cheques en el Servicio de Ahorro Postal. Tuvo un cierto éxito. Los balances de este departamento de correos se trataron como sustitutivos del dinero por una clientela que era más amplia que la del departamento de cuentas en cheques en el banco central del país. El sistema se preservó por los nuevos estados que en 1918 se independizaron del Imperio de los Habsburgo. También lo adoptaron muchas otras naciones europeas, por ejemplo Alemania. Es importante darse cuenta de que este tipo de moneda en depósito fue una empresa puramente gubernamental y que le crédito circulante que otorgó el sistema se dio exclusivamente a los gobiernos. Es significativo que el nombre de Institución de Ahorro Postal de Austria, e igualmente de la mayoría de sus réplicas extranjeras, no era Banco de Ahorro, sino Oficina de Ahorro. Aparte de estos depósitos a la vista en el sistema postal del gobierno en la mayoría de los países no anglosajones, los billetes (y, en pequeña medida, también los depósitos con el banco emisor central controlado por el gobierno) son los únicos medios de crédito circulante. Al hablar de la expansión del crédito en relación con estos países, no referimos casi completamente a billetes de banco.

En los Estados Unidos muchos empresarios pagan salarios firmando cheques. Mientras los asalariados cobren inmediatamente los cheques recibidos y saquen toda la cantidad del banco, el método significa únicamente que la onerosa carga de manipular monedas y billetes cambia del cajero de la empresa al cajero del banco. No tiene implicaciones catalácticas. Si todos los ciudadanos hicieran lo mismo con los cheques recibidos, los depósitos no serían sustitutivos del dinero y no podrían usarse como instrumentos de crédito circulante. Es únicamente el hecho de que una parte considerable del público considere los depósitos como sustitutivos del dinero lo que hace de ellos lo que es popularmente conocido como dinero de cheques o dinero de depósito.

Es un error asociar con la noción de banca libre la imagen de un estado de cosas bajo el cual todos son libres de emitir billetes y engañar al público a voluntad. La gente se refiere a menudo al dicho del americano anónimo que citaba Tooke: “Libre comercio en banca es libre comercio en estafa”. Sin embargo, la libertad de emisión de billetes habría limitado considerablemente su uso, si es que no lo hubiera suprimido. Fue una idea que avanzó Cernuschi en las audiencias de Investigación de la Banca Francesa el 24 de octubre de 1865:

“Creo que lo que se llama libertad de banca llevaría a una total supresión de los billetes en Francia. Quiero dar a todos el derecho a emitir billetes para que nadie acepte billetes en lo sucesivo”.

La gente puede mantener la opinión de que los billetes son más cómodos que las monedas y que estas condiciones de comodidad aconsejan su uso. Si este fuera el caso, la gente estaría dispuesta a pagar una prima por evitar los inconvenientes de llevar pesadas monedas en los bolsillos. Así, en otro tiempo, los billetes emitidos por bancos de solvencia incuestionable mantenían una pequeña prima contra la moneda metálica. Así, los cheques de viaje eran bastante populares, aunque el banco que los emitía cargaba una comisión por ello. Pero esto no tiene nada que ver con el problema en cuestión. No nos da una justificación para políticas que obligan al público a recurrir al uso de billetes. Los gobiernos no promovieron el uso de billetes con el fin de evitar incomodidades a las señoras en las compras. Su idea era rebajar el tipo de interés y abrir una fuente de crédito barato para sus arcas. A sus ojos, el aumento en la cantidad de medios fiduciarios era un método de promover el bienestar.

Los billetes no son indispensables. Todos los logros económicos del capitalismo se hubieran alcanzado si no hubieran existido. Además, el dinero de depósitos puede hacer todo lo que hacen los billetes. Y la interferencia gubernamental en los depósitos de los bancos comerciales no puede justificarse con el pretexto hipócrita de que los pobres e ignorantes asalariados y granjeros deben ser protegidos frente a los malvados banqueros.

Alguien podría preguntan ¿pero qué pasa si hay un cártel de bancos comerciales? ¿No podrían los bancos acordar en secreto una expansión ilimitada de su emisión de medios fiduciarios?  La objeción es absurda. Mientras el público no se vea privado, por interferencia del gobierno, del derecho a recuperar sus depósitos, ningún banco puede poner en riesgo su buena voluntad aliándose con banco con peor buena voluntad. No debe olvidarse que cada emisión bancaria de medios fiduciarios esta en una situación bastante precaria. Su activo más valioso es su reputación. Debe ir a la quiebra tan pronto como aparezcan dudas referentes a su completa formalidad y solvencia. Sería suicida para un banco en buena situación ligar su nombre al de otros bancos con peor buena voluntad. Bajo una banca libre, un cártel de bancos destruiría todo el sistema bancario del país. No serviría a los intereses de ningún banco.

Es muy habitual que a la mayoría de los bancos de buena reputación se les reproche su conservadurismo y su reticencia a expandir el crédito. A los ojos de la gente que no merece un crédito, esa restricción parece un pecado. Pero es la primera y suprema regla para realizar operaciones bancarias bajo una banca libre.

Es extremadamente difícil para nuestros contemporáneos concebir las condiciones de la banca libre, pues dan por sentada y necesaria la interferencia del gobierno en la banca. Sin embargo debemos recordar que esta interferencia del gobierno se basaba en la errónea suposición de que la expansión del crédito es un medio apropiado de rebajar los tipos de interés permanentemente y sin daño a nadie salvo a los crueles capitalistas. Los gobiernos interfirieron precisamente porque sabían que la banca libre mantiene la expansión crediticia dentro de límites estrechos.

Los economistas pueden tener razón en afirmar que el presente estado de la banca hace recomendable la interferencia del gobierno en los problemas bancarios. Pero este estado presente de la banca no es el resultado de la operación de una economía de mercado sin intromisiones. Es producto de los distintos intentos del gobierno de poner las bases necesarias para una expansión del crédito a gran escala.

Si los gobiernos no hubieran intervenido nunca, el uso de billetes y dinero en depósitos estaría limitado a esos estratos de la población que saben muy bien cómo distinguir entre bancos solventes e insolventes. No habría sido posible una expansión del crédito a gran escala. Sólo los gobiernos son responsables de la extensión de la terrible superstición que el hombre común pone en cada pedazo de papel en el que el tesoro o las agencias que éste controla han impreso las mágicas palabras que hacen de él dinero de curso legal.

La interferencia del gobierno con el presente estado de los asuntos bancarios podría justificarse si el objetivo fuera liquidar las condiciones insatisfactorias, evitando o al menos restringiendo seriamente cualquier expansión adicional del crédito. En realidad, el objetivo primario de la interferencia actual del gobierno es intensificar la expansión adicional del crédito. Esta política está condenada al fracaso. Más pronto o más tarde debe acabar en catástrofe.

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Ludwig von Mises es reconocido como el líder de la Escuela Austriaca de pensamiento económico, prodigioso autor de teorías económicas y un escritor prolífico. Los escritos y lecciones de Mises abarcan teoría económica, historia, epistemología, gobierno y filosofía política. Sus contribuciones a la teoría económica incluyen importantes aclaraciones a la teoría cuantitativa del dinero, la teoría del ciclo económico, la integración de la teoría monetaria con la teoría económica general y la demostración de que el socialismo debe fracasar porque no puede resolver el problema del cálculo económico. Mises fue el primer estudioso en reconocer que la economía es parte de una ciencia superior sobre la acción humana, ciencia a la que llamó “praxeología”.

Este artículo está extraído del capítulo 17 de La acción humana.

 

Published Wed, Jan 13 2010 6:54 PM by euribe

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